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Si entendemos por Mercado el intercambio de mercancías, entonces no hay “Mercado Socialista”, no puede haberlo. Expliquemos.

Primero, no todo producto es mercancía. La mercancía es el producto que se fabrica para venderlo, esa es la esencia del capitalismo. La producción capitalista no se guía por las necesidades sociales, la rige la voracidad de capturar, de robar trabajo obrero.
Segundo, el mercado es el sitio donde el capitalista lleva las mercancías, que son portadoras del trabajo arrebatado a los obreros para intercambiarlas por dinero, que es también una mercancía. Ese dinero lo utilizará principalmente como capital para seguir explotando.

Diferente es la Producción Socialista: esta no busca apropiarse del trabajo obrero y convertirlo en mercancía, al contrario, se entrelaza, es guiada por las necesidades sociales que satisface. Para esto es imprescindible la Propiedad Social de los Medios de Producción.

Allí, la distribución, el intercambio de productos, no está sometido a las leyes del mercado, de la ganancia, sino regido por las necesidades sociales.

De todo lo anterior se desprende que la forma de producción condiciona la forma de distribución: “la distribución de los productos está precedida por la distribución de los medios de producción”. Es decir, como sea la propiedad de los medios de producción, así será la distribución.

Si la producción es capitalista, la distribución será capitalista, será en el mercado donde lo que cuenta es la ganancia máxima, o si queremos podemos llamarla plusvalía, y aún, especulación.

De todo esto se deduce que la producción capitalista necesariamente condiciona un mercado capitalista. De aquí que no se puede hacer Socialismo sólo en la distribución, y dejar las relaciones capitalistas intactas en la producción.

Nosotros en la Revolución Bolivariana debemos construir toda la cadena, desde la materia prima hasta la distribución, sólo de esa manera podremos dirigir la economía hacia la satisfacción de necesidades, y no hacia la acumulación de riquezas, de capital. Podremos establecer una relación socialista entre las unidades productivas, y de estas con los obreros, creando la Zona Socialista, base material y espiritual para el Socialismo.

Si nos quedamos sólo en el área comercial tendremos graves dificultades. Podremos controlar por un tiempo los precios en el mercado, quizá vendiendo a pérdida, pero así estaremos transfiriendo la renta petrolera a los capitalistas, subsidiándolos, formando egoísmo y estimulando a los sepultureros del Socialismo.

La Revolución debe estar atenta: la renta petrolera, cuantiosa, enmascara la economía. Las relaciones de propiedad y sus consecuencias son amortiguadas por la renta. Esto es posible sólo durante un tiempo. Sin embargo, la conciencia derrochadora, egoísta, antisocial, que se opone al Socialismo, no se podrá evitar, al contrario, será estimulada. En resumen, ese camino nos lleva a yugular el Socialismo.

La Revolución Bolivariana tiene  características muy especiales: se realiza en un país rentista petrolero, y es pacífica, dos componentes que nos obligan a una adaptación audaz de la teoría revolucionaria universal. Podemos adelantar que el ejemplo será muy importante entre nosotros.

Las medidas económicas deben tener como guía el combate a la esencia del capitalismo, esto es el combate al egoísmo, al individualismo, a la conducta antisocial capitalista.

Cuando tomamos una medida que favorece al capitalismo, esta medida no se queda sólo en el campo económico, al mismo tiempo, y lo que es más grave, le estamos dando una puñalada por la espalda a la espiritualidad socialista. Estamos usando las herramientas melladas, siendo agentes de futuras derrotas.

Por ese camino, quizá obtendremos algunos logros en los índices económicos capitalista, pero estaremos minando el pilar fundamental del Socialismo: la fraternidad. Y estaremos apuntalando la esencia del capitalismo: el egoísmo, la guerra de todos contra todos.

Estaremos enseñando al pueblo a tomar decisiones en el espíritu capitalista, construyendo terreno propicio para la manipulación con  promesas materiales inmediatas, para la mezquindad, el cambio del futuro por los oropeles de hoy.

Estás consecuencias ya la padecimos cuando la consulta de la Reforma. Los oligarcas  explotan estas debilidades del pueblo que nosotros contribuimos a profundizar, en ella se basan las predicas de julio borges cuando apela al egoísmo de pueblo para enjuiciar la acción solidaria y fraterna del gobierno.

Al estimular el espíritu capitalista, creamos terreno propicio que se instale el miedo irracional al despojo, de esa manera la oligarquía a través de sus medios puede manipular a la población incauta, en eso se basó la famosa cuña de la carnicería, y tiene un alto porcentaje de motivación de las movilizaciones enemigas.

Puede ser que por necesidades tácticas la Revolución tenga que hacer concesiones al capitalismo. Esas concesiones deben presentarse como necesidades del momento, justificarlas muy bien, explicarlas. 

Pero nunca presentarlas como una vía estratégica al Socialismo.

La Revolución siempre necesita demostrar, presentarse como un proyecto diferente del capitalismo en lo político, económico, en lo social. Esto es verdad en todas las circunstancias, pero mucho más, ahora que nos preparamos para enfrentar una difícil prueba electoral.

Sí el capitalismo y el Socialismo pueden convivir, si decimos que los banqueros que son la esencia de la perversidad capitalistas pueden convivir y además colaborar con el proyecto socialista. Entonces, cualquiera deduce que en lo político también podría darse esa colaboración, no hay razón para que no se dé.

La diferencia entre uno y otro campo sería de matices. No habría separaciones profundas. Así no habrían razones sagradas por las cuales luchar, el pueblo, la masa quedaría desarmado, no sentiría el compromiso de defender, de ser revolucionario, de ser chavista siempre. Y de esta manera entregaría la Revolución en una elección, o en una lucha cualquiera. Sería terreno propicio para la manipulación.

Está claro que el camino de la falta de radicalismo, de definiciones precisas, es el camino del debilitamiento de la Revolución, de su derrota.

Nosotros debemos presentar el proyecto socialista y las diferencias profundas que tiene con el proyecto capitalista. Demostrar que sólo el Socialismo puede rescatar al hombre, construir un mundo con la mayor suma de felicidad posible, y un mundo viable. Que el capitalismo es un camino suicida.

Y sobre todo decir con valentía que somos dos proyectos profundamente enemigos, que no hay posibilidades de convivencia. Que ellos son criminales que no perdonan a los pueblos que luchan por dirigir su destino, que se rebelan a la yunta imperial. Allí está el ejemplo de Chile, o más dramático el de Haití, doscientos años de desprecio cruel del mundo capitalista.

Dejar claro que si regresan, vendrán a borrar de la faz de la tierra el ejemplo de este pueblo, para que nadie recuerde que una vez hubo la intención de construir el cielo aquí en la tierra, esa pretensión nos la harán pagar caro. Por eso es necesario avanzar, construir el Socialismo, esa es la única manera de hacernos fuertes, de conquistar nuestro futuro y defenderlo.

Dejar claro, que para este pueblo humilde no hay otra salida, otra forma de resolver sus problemas, que transitar el rumbo al Socialismo, lo demás son ficciones, seguir atrás de espejismos, engaños que se pagan caro.