
Hemos avanzado. La Revolución ha cumplido varias etapas, no es momento de explicarlas en este trabajo, ya vendrán historiadores a estudiar lo vivido, limitémonos a señalar que llegamos a una encrucijada definitiva.
La vida nos impuso el gran examen de la realidad que ya habló, o mejor: está hablando. Esa es la principal prueba para las teorías. No escucharla es candidez, no saber interpretarla es fatal, no ajustar el camino de acuerdo a esas voces, es testarudez.
Todo indica un desgaste en la afinidad pueblo-revolución, aunque se mantiene la conexión del Comandante con el Pueblo humilde. Muchas son las interpretaciones de esta realidad, muchas las causas posibles, intentaremos ir al fondo del asunto.
Creemos que la falla principal está en un agotamiento de la ideología que conduce a prácticas y teorías fragmentadoras, aquellas que en lo económico proponen unidades aisladas, verdaderos focos de egoísmos colectivos, unidades que disocian la fuerza subjetiva y material de los obreros. En lo social proponen unidades organizativas aisladas que profundizan el egoísmo. En lo político impiden la formación de un instrumento organizado nacionalmente, nos dejan entrampados en la maquinaria electoral, que puede ganar elecciones pero no forma el tejido que es el que otorga profundidad estratégica, el que acompaña los momentos de euforia popular, y estimula a la masa a la hora del desencanto. Esta ideología riega, arraiga en toda la Revolución la conciencia egoísta, fragmentadora.
Toda Revolución es una lucha infinita contra la restauración, contra el pasado que la habita. Sólo entendiéndola así podemos dar cuenta de las dificultades del camino y no descorazonarnos con las desventuras de la construcción socialista.
Por eso es fundamental que la Revolución haga evaluaciones periódicas de su desarrollo, comprendiendo así el lugar donde se encuentra, el trecho recorrido y los ajustes que pide la larga marcha de romper con el pasado.
La evaluación de la batalla revolucionaria requiere el conocimiento de los bandos en pugna. Una mala apreciación de los campos enfrentados distorsionará el rumbo, confundirá los resultados, se percibirán como triunfos, lo que en realidad son derrotas estratégicas, y no entenderemos los grandes pasos que en el momento parecen sin importancia.
¿Cuáles son los bandos en pugna?
En toda Revolución la pugna es entre el Campo Fragmentador de la Sociedad, enfrentado al Campo Integrador de la Sociedad. Ese es el fondo del enfrentamiento, esos son los polos en conflicto.
El capitalismo fragmenta a la sociedad, a la economía y también a la espiritualidad, esa es la esencia de su mal, ese es el origen de todos los morbos de la humanidad, desde el calentamiento acelerado del planeta, los movimientos migratorios, el hambre, hasta la basura que la alcaldía no recoge, pasando por las penurias de los individuos sin trabajo y sin posibilidades de estudio. Todo tiene su origen en una sociedad fragmentada, una mera suma de egoísmos.
Los intentos por integrar a la sociedad han acompañado al hombre desde siempre, el “amaos los unos a los otros” es un llamado a la integración. El “Patria es Humanidad” de Martí, es la comprensión del mal que asesina a la especie despedazada. El ¡Proletarios Uníos! compendia la teoría revolucionaria, y señala el camino. El decreto de Guerra a Muerte: “A pesar de nuestros justos resentimientos contra los inicuos españoles, nuestro magnánimo corazón se digna, aun, abrirles por la última vez una vía a la conciliación y a la amistad; todavía se les invita a vivir pacíficamente entre nosotros, si detestando sus crímenes, y convirtiéndose de buena fe, cooperan con nosotros a la destrucción del gobierno intruso de España, y al restablecimiento de la República de Venezuela.
Todo español que no conspire contra la tiranía en favor de la justa causa, por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo, y castigado como traidor a la patria y, por consecuencia, será irremisiblemente pasado por las armas. Por el contrario, se concede un indulto general y absoluto a los que pasen a nuestro ejército con sus armas o sin ellas; a los que presten sus auxilios a los buenos ciudadanos que se están esforzando por sacudir el yugo de la tiranía. Se conservarán en sus empleos y destinos a los oficiales de guerra, y magistrados civiles que proclamen el Gobierno de Venezuela, y se unan a nosotros; en una palabra, los españoles que hagan señalados servicios al Estado, serán reputados y tratados como americanos.
Y vosotros, americanos, que el error o la perfidia os ha extraviado de las sendas de la justicia, sabed que vuestros hermanos os perdonan y lamentan sinceramente vuestros descarríos, en la íntima persuasión de que vosotros no podéis ser culpables, y que sólo la ceguedad e ignorancia en que os han tenido hasta el presente los autores de vuestros crímenes, han podido induciros a ellos. No temáis la espada que viene a vengaros y a cortar los lazos ignominiosos con que os ligan a su suerte vuestros verdugos. Contad con una inmunidad absoluta en vuestro honor, vida y propiedades; el solo título de americanos será vuestra garantía y salvaguardia. Nuestras armas han venido a protegeros, y no se emplearán jamás contra uno solo de nuestros hermanos.”
Es un llamado desesperado para la integración de los patriotas, y la definición clarísima de los campos en pugna, de la línea que definía.
La evolución de la teoría y la práctica revolucionaria no ha sido lineal, al contrario, está llena de marchas y contramarchas, fracasos y triunfos. Todos esos sucesos son acervo, historia, sustancia de la brújula que guía los movimientos revolucionarios: “la restitución de la integridad económica y espiritual de la sociedad, son el objetivo de toda Revolución, son base de la nueva sociedad y los pilares del Hombre Nuevo.”
La lucha de los revolucionarios tiene esta esencia: luchar contra los oligarburgueses que han dividido a la sociedad en clases, superar al capitalismo que es la máxima expresión de esa fragmentación, e instaurar el Socialismo que es la única manera de restituir el todo.
Esa es la línea que define. Desde allí debemos medir las acciones revolucionarias. Lo que tenga como objetivo la integración de la Sociedad será Revolucionario, lo que la fragmente será contrarrevolucionario.
Sólo una sociedad restituida, con una economía centralizada, con Hegemonía de la Propiedad Social de los Medios de Producción, con altos niveles de Conciencia del Deber Social, será ejemplo de una nueva relación entre los hombres y de éstos con la naturaleza, y dará esperanza de salvación de la catástrofe capitalista que ya sufre el planeta.
Hemos avanzado. La Revolución ha cumplido varias etapas, no es momento de explicarlas en este trabajo, ya vendrán historiadores a estudiar lo vivido, limitémonos a señalar que llegamos a una encrucijada definitiva.
La vida nos impuso el gran examen de la realidad que ya habló, o mejor: está hablando. Esa es la principal prueba para las teorías. No escucharla es candidez, no saber interpretarla es fatal, no ajustar el camino de acuerdo a esas voces, es testarudez.
Todo indica un desgaste en la afinidad pueblo-revolución, aunque se mantiene la conexión del Comandante con el Pueblo humilde. Muchas son las interpretaciones de esta realidad, muchas las causas posibles, intentaremos ir al fondo del asunto.
Creemos que la falla principal está en un agotamiento de la ideología que conduce a prácticas y teorías fragmentadoras, aquellas que en lo económico proponen unidades aisladas, verdaderos focos de egoísmos colectivos, unidades que disocian la fuerza subjetiva y material de los obreros. En lo social proponen unidades organizativas aisladas que profundizan el egoísmo. En lo político impiden la formación de un instrumento organizado nacionalmente, nos dejan entrampados en la maquinaria electoral, que puede ganar elecciones pero no forma el tejido que es el que otorga profundidad estratégica, el que acompaña los momentos de euforia popular, y estimula a la masa a la hora del desencanto. Esta ideología riega, arraiga en toda la Revolución la conciencia egoísta, fragmentadora.
Es necesario ir al fondo, a la raíz de esta ideología, y desde allí corregir el rumbo. Esta ideología fragmentadora se sustenta en una economía también fragmentadora, con ella se entrelaza.
Venezuela es una sociedad que tiene la particularidad de ser rentista desde hace un siglo. Esta realidad nos construyó una relación laxa con el trabajo, con la relación logro-esfuerzo. Somos más despojados que explotados, la renta cubre con su “generoso manto” las tensiones propias de la explotación.
La oligarburguesía de variadas formas se nutrió de la renta, más que productores son importadores, su moneda es el dólar, sus cuentas son extranjeras. Los obreros son pocos y poco organizados, y sus organizaciones están signadas por el economicismo. También somos una sociedad con profunda fragmentación y altísimos grados de exclusión social.
En un país así, se entiende que la Revolución estuviera impregnada de la ideología fragmentadora, de teorías que se retuercen frente a la posibilidad de organizar la economía y la sociedad de forma centralizada.
La pregunta que surge es ¿Cómo revertir la situación?
La historia señala que la Revolución en países como el nuestro, sólo es posible con un poderoso núcleo subjetivo, espiritual, de masas, anclado en la práctica, que indique al resto de la población el sendero de la conciencia y la economía social.
Este núcleo que sirva de vitrina al Socialismo, que asombre al resto de la sociedad, es posible construirlo, o mejor: es urgente construirlo, es, junto a la socialización de la ideología socialista, paso fundamental para cosechar victorias.