Editoriales

Neftalí Reyes

Manuel Cabieses

Rosa Tristán

Reflexiones de Fidel

Discursos

Entrevistas

Libros por Entrega

Poemas

Caricaturas

Artículos Especiales

Contáctanos

Ir a Página Principal

Por: Neftalí Reyes

La conexión de la Revolución con las masas es vital, definitiva, de ella depende el éxito del proceso, sin ella la Revolución irremediablemente se pierde.

Es imprescindible el estudio de esa conexión, los líderes, las organizaciones, deben sentirla, medirla, tener el arte y la ciencia de su correcta evaluación.


La conexión Revolución-masas fluctúa: a veces está en flujo, en auge, las masas hacen suyas las tareas de la Revolución, se funden con los líderes, en otras ocasiones está en reflujo, entonces las masas se apartan de sus dirigentes, escépticas. Son momentos de autocríticas, correcciones, rectificaciones, y también de grave peligro. La Revolución entra en períodos de debilitamiento, presenta grietas que son aprovechadas por el enemigo para yugularla.

Estas fluctuaciones se producen, estos períodos de flujo y reflujo se suceden porque la masa al principio de la Revolución no tiene una comprensión de la estrategia, sólo la intuye, y por eso se pierde en los requiebros tácticos.

¿Cómo evaluar correctamente las fluctuaciones, cómo saber en qué fase nos encontramos, cómo corregir? Son preguntas para reflexionar.

Las fluctuaciones se pueden medir por las movilizaciones, éstas son para el revolucionario una escuela y una encuesta. Por ellas, por el entusiasmo en ellas, se puede medir la masa actuante.

Las movilizaciones alrededor de objetivos políticos altruistas nos dan una visión del nivel de la conexión. Aquí cabe diferenciar la movilización en la que la masa asiste con entusiasmo, con alto grado de espontaneidad, inventando maneras de participación: se disfraza, lleva carteles ingeniosos de denuncias, fotos. En ella se siente la fraternidad entre los participantes, la alegría de ser uno, de participar de un mismo sueño. Casi siempre son en campo abierto, en alta mar.

Otra cosa es la procesión fría, automática, siempre en espacios cerrados, con participantes ordenaditos, sin meterse para lo hondo, en la orillita.

La movilización nos da una buena medida de la conexión, además educa en la relación fraterna. La procesión engaña, cumple el requisito burocrático, pero sin conexión con la masa, al contrario, la simula, la suplanta, es una peligrosa ficción.

Atenerse a las encuestas es un error, ellas son frías, miden la superficie, nunca el alma. El espíritu combativo de las masas, ese que defiende y construye revoluciones, sólo se mide en la calle, con movilización. Además las movilizaciones educan, aceran el ánimo para el combate, estimulan la discusión política, sugieren la organización.

¿Pero, en qué fase nos encontramos hoy? No queremos entrar en esa discusión, cada uno tendrá su propia apreciación, no importa cuál sea la respuesta, siempre la solución será la misma:

Si hay reflujo, igual que si hay flujo, auge o escepticismo, siempre debemos evaluar el camino, rectificar y movilizar, hacer que la masa haga suya la causa revolucionaria, explicarle la estrategia y su conexión con la táctica.

Nunca una Revolución debe dar por sentado el apoyo de la masa, este debe ser evaluado en la mañana y otra vez en la tarde.

El imperio capitalista mundial, que a la hora de las definiciones, de defender sus intereses es uno solo, que en el momento de las definiciones se une en una misma gavilla contra la amenaza común. Ahora, detecta con su sensible olfato una amenaza en la Revolución Bolivariana.

Como bien lo dice el Comandante [Ver páginas 8-9], está aquí, en Venezuela, el epicentro de la oleada socialista, quizá la última. Eso es un orgullo para los revolucionarios, pero también es una alerta, el imperio, los capitalistas de afuera y de adentro ya dictaron la orden: ¡asesinen la amenaza!

Una Revolución, siempre se resume en un líder, todas las tensiones, todos los avances y también los retrocesos.

Las revoluciones, siempre, se resumen en una persona, en un individuo, muchas veces esa potencialidad revolucionaria, por variadas razones, es abortada, entonces, la historia no registra el hecho en toda su magnitud, a lo sumo habla de una esperanza difusa, sólo recordada con pasión por quienes estuvieron cerca, trayectoria que amenazaba con partir las aguas. Tal es el caso de Fabricio, del catire Rincón. Así nacen los mártires.

Otras veces, pocas, la Revolución cuaja en la personalidad, en el líder, y el proceso toma cuerpo, se expande, se mueve, comienza a producir su propia dinámica, crea su fisiología particular, siempre manteniendo como centro al líder, que es, como diría Martí, el decoro de un pueblo condensado en un hombre, o el decoro de un hombre condensado en un pueblo.

En esas circunstancias el paisaje humano cambia, surgen nuevos fuegos, se extinguen esclavitudes, se conmueven continentes, la humanidad convulsionada salta a los abismos y vuela, los remonta. Ese torbellino es la Revolución.

Uno de esos hombres fue Simón Bolívar, él que ha podido ser un feliz alcalde de San Mateo, fue poseído, tocado por la historia, y resume la Independencia.

Otro de estos hombres fue Lenin, frenético de justicia, derrumbó zares y sembró esperanza, recordó a la humanidad la fuerza constructora de las masas, hizo Revolución.

Otro es Fidel, el rompedor de dogmas.

Si es difícil, escaso el líder que resume a una Revolución, más difícil aún es la permanencia de la obra revolucionaria inicial. Contra ella se confabula la condición humana tallada en el pasado, que habita a enemigos y a revolucionarios.

Las revoluciones comenten muchísimos errores, pero hay unos que la historia no perdona: atentar contra su líder, no defenderlo, cuando esto sucede la Revolución queda sin centro, pierde su fuerza, su capacidad de rectificación, de encontrar el rumbo, es una hoja que cae de un árbol girando sobre sí misma, bamboleándose sin control, inexorable en su desplome. Muere el sueño.

En San Pedro Alejandrino, cuando asesinaron a Bolívar murió la Independencia y murió la Gran Colombia. El sueño del Monte Sacro quedó por hacer.

Con Lenin murió también la Unión Soviética, Gorbachov y Yeltsin, son hijos directos de aquella desaparición.

Cuando desaparece Allende, solo quedó la oscuridad.

A medida que avanza la Revolución Bolivariana, que se definen los campos y los derroteros, que se perfila con fuerza la resolución de ir al Socialismo, entonces, las tentaciones para el disparate, para el error, son muchas. Se despiertan iniciativas, apetencias, vocaciones para el desaguisado, inventos, atajos que solo conducen a la restauración capitalista.

Hay un error imperdonable, que esta Revolución no puede cometer, no puede tolerar: es el error de lesionar al líder, de en nombre de la Revolución, de unas consignas bonitas, “productivas”, sentar tienda aparte, caminar aislados.

Son tiempos de jugar cuadro cerrado con Chávez, defender la Revolución, la esperanza, ninguna cabriola teórica o política, por bonita que suene, justifica lesionar al centro de esta Revolución.

Es por eso que debemos afinar nuestras defensas, activar los sensores del sentimiento popular, y sobre todo fortalecer la conexión masa-dirección, Comandante-pueblo, cuidarla.

 Es contra ella que el enemigo enfila sus más terribles armas, saben que al debilitarnos allí podrán ensayar algún zarpazo.

Es necesario estudiar las fluctuaciones de la participación de la masa, cuáles acciones de la Revolución debilitan la conexión, cuáles la fortalecen, descubrir las manipulaciones del enemigo, los usos del miedo, entender que la guerra es en el alma del pueblo, el objetivo su psiquis.

El imperio es perverso en sus ataques, usa todos sus recursos y no tiene escrúpulos, inventan mentiras poderosas capaces de derrocar gobiernos, crean necesidades, ficciones que ponen en dificultades a las revoluciones.

Construyen un cerco contra la Revolución Bolivariana, que va desde las bases en Colombia, la activación de los paramilitares, hasta en intento de engañar al pueblo en las elecciones parlamentarias.

Manejan con destreza el miedo a la guerra, y al mismo tiempo desprestigian a la Revolución y a sus dirigentes, el objetivo es uno solo: bajar el nivel de movilización, debilitar la conexión Revolución-masa.

En ocasiones sus ataques les dan resultados, siempre que eso sucede encontramos en el fondo, descuido de parte de la Revolución, triunfalismo, falta de creación de los pilares materiales de la Conciencia del Deber Social, ambigüedad organizativa, acciones de gobierno paradójicas que desconciertan, acciones de gobierno acertadas, pero mal explicadas, etc.

 Pero también encontramos un hábil manejo oligarca de las debilidades de la masa, una manipulación experta de las necesidades y expectativas creadas durante siglos de dominación.

Es allí, en estos frentes que debemos centrar nuestra acción política.

Siendo así, es imprescindible que nuestros medios de difusión se asuman piezas claves de la confrontación, que se presenten sin grietas, sin concesiones, desmontando las mentiras oligarcas, pero también formando a la masa, dotándola de teoría que permita ubicarse en el momento, ayudando a la comprensión de los extravíos teóricos que tanto daño hacen.

La Revolución debe explicar todas sus acciones, el pueblo debe estar informado, involucrarlo en los problemas y en sus soluciones, esa es la única garantía de éxito.

La gran escuela de formación de revolucionarios es la movilización, allí se vive el ambiente de la fraternidad, se comparte, esa es la fiesta de los revolucionarios, la preparación para acciones de otro contenido.