Editoriales

Neftalí Reyes

Manuel Cabieses

Rosa Tristán

Reflexiones de Fidel

Discursos

Entrevistas

Libros por Entrega

Poemas

Caricaturas

Artículos Especiales

Contáctanos

Ir a Página Principal

LA PESTE EGOÍSTA

La peste egoísta ha derrumbado los mayores esfuerzos revolucionarios. Hoy podemos decir con propiedad que no es posible una Revolución si el individuo no entiende que sólo en sociedad se puede realizar, que se beneficia sólo si la sociedad se beneficia.

Dos pilares tiene esta batalla:

Uno, un partido que agrupe a los más sanos, a los más liberados de la plaga, a los capaces de actuar y pensar en sociedad, de desprendimiento en beneficio de la restauración social.

Estas agrupaciones de vanguardia, que en su relación deben prefigurar a la sociedad sana, tienen como principal tarea concientizar a la masa de las vías de integración, dirigir la batalla contra el egoísmo, en resumen, dirigir la Revolución…

El otro pilar, es la Zona Económica Socialista, de Propiedad Social administrada por el Estado, donde las ganancias vayan a un pote social, y de allí regresen a la sociedad cumpliendo el precepto bíblico y socialista de “a cada uno, de los miembros de toda la sociedad, según su necesidad” ese pote social es el pilar material de la sanación socialista.

La batalla contra el egoísmo es al mismo tiempo la batalla por el amor, por la fraternidad, por la unidad.

 

POR: NEFTALÍ REYES

La contradicción egoísmo y sociedad acompaña al hombre desde el inicio de la sociedad dividida en clases, o lo que es lo mismo, desde la pérdida de la relación fraterna y el aparecimiento de la antisociedad, de la lucha de todos contra todos.

La formación de las clases puede parangonarse con la pérdida del paraíso, a partir de allí el hombre se transforma en individuo enfrentado a la sociedad, al resto de los humanos, deja de estar integrado con sus semejantes, es condenado a la soledad.

Esta disociación de individuo y sociedad, es el inicio del camino hacia la extinción de la humanidad. Produce cambios tan profundos en la psiquis, la moral, la ética, en la relación de los hombres entre sí y con la naturaleza, que algunos grandes pensadores han llegado a postular que “el hombre es una pasión inútil”.

En el capitalismo esa disociación ha alcanzado niveles de patología severa. El hombre del capitalismo es un ser que padece una enfermedad drástica que tiene varios nombres: egoísmo, individualismo, aislamiento, la melancolía de la soledad.

El hombre del capitalismo no sabe pensar en sociedad, ve su existencia como un tránsito en solitario, he allí la base psíquica y filosófica de la dominación. El humano disociado, enfrentado a la sociedad, convertido en un ser antisocial es incapaz de tomar decisiones con criterio social, en cada decisión prevalecerá la enfermedad del egoísmo.

Esta característica del hombre del capitalismo es la más formidable defensa de ese sistema. Veamos.

Impide la unidad, que prosperen doctrinas sociales, fragmenta las luchas revolucionarias, las atrapa, crucifica a los apóstoles, sacrifica a los Santos, olvida a los fraternos y prestigia a portadores de egoísmo.

La desunión de los revolucionarios, de los obreros, de los campesinos, tiene su base en la enfermedad del egoísmo, es capitalismo traducido en conducta.

La peste egoísta ha derrumbado los mayores esfuerzos revolucionarios. Hoy podemos decir con propiedad que no es posible una Revolución si el individuo no entiende que sólo en sociedad se puede realizar, que se beneficia sólo si la sociedad se beneficia.

Dos pilares tiene esta batalla:

Uno, un partido que agrupe a los más sanos, a los más liberados de la plaga, a los capaces de actuar y pensar en sociedad, de desprendimiento en beneficio de la restauración social.

Estas agrupaciones de vanguardia, que en su relación deben prefigurar a la sociedad sana, tienen como principal tarea concientizar a la masa de las vías de integración, dirigir la batalla contra el egoísmo, en resumen, dirigir la Revolución.

Son los que pueden, con el ejemplo de su actuación austera, abrir surcos para el cambio de las relaciones sociales.

El otro pilar, es la Zona Económica Socialista, de Propiedad Social administrada por el Estado, donde las ganancias vayan a un pote social, y de allí regresen a la sociedad cumpliendo el precepto bíblico y socialista de “a cada uno, de los miembros de toda la sociedad, según su necesidad” ese pote social es el pilar material de la sanación socialista.

La batalla contra el egoísmo es al mismo tiempo la batalla por el amor, por la fraternidad, por la unidad.

Un pueblo guiado por profundos sentimientos de amor, es un pueblo invencible, muchísimo más poderoso que un pueblo jalonado por el odio. Por eso la batalla revolucionaria, ya lo predicaba Martí, es una guerra necesaria y amorosa, de defensa del amor y contra el odio.

Las acciones amorosas de los revolucionarios se potencian entre sí, crean condiciones para más acciones unitarias, arrinconan al egoísmo, ensanchan el campo socialista.

Cada acción amorosa del gobierno: el ALBA, Petrocaribe, las Misiones, el valiente repudio a los bombardeos a Gaza, a Guantánamo, la solidaridad con los Cinco Héroes Cubanos, la decisión de preservar, en medio de la crisis, la calidad de vida de los más humildes, todo eso va creando zonas de amor que extinguen al egoísmo.

Cuando los obreros dan pasos concretos hacia la unidad, están acercándose a la ideología revolucionaria, se están convirtiendo en clase conciente, están preparándose para ser vanguardia de la marcha hacia el Socialismo, en resumen, comienzan a ocupar su lugar en la historia. Y el Socialismo es el rescate de las relaciones humanas amorosas.

La Clase Obrera unida es imprescindible para concretar la vía socialista, es por eso que la unidad de los obreros es tan deseada por los revolucionarios y tan temida por los contrarrevolucionarios de todos los pelajes.

La Clase Obrera desunida, colonizada por ideologías burguesas y pequeñas burguesas, por el egoísmo del economicismo, no es una clase revolucionaria, pero cuando supera su etapa capitalista, su etapa economicista y se ubica en el momento histórico, entonces la Revolución deja de ser una utopía y se convierte en una posibilidad cierta, se vigoriza.

La derrota de la peste egoísta es una tarea difícil, es la derrota de la raíz del capitalismo, es un hecho que necesita una base material sin ambigüedades que soporte la Conciencia del Deber Social, de la fraternidad, pero también es sobre todo un hecho conciente, por eso necesita una vanguardia, unos apóstoles que hayan derrotado en su interior y en sus relaciones al egoísmo, que sirvan de paradigma y guía al resto de la masa.

Así fue en la Revolución Cubana, el núcleo que se aceró en la Sierra Maestra, que se fusionó en la selva y en la acción de liberación, irradió hacia el resto de la sociedad la fraternidad, derrotó al egoísmo en sus relaciones: las relaciones fraternas, de Fidel, el Che, Raúl, Camilo, Almeida, Pombo, son ejemplo de relaciones socialistas, de relaciones amorosas.

Cuando la Revolución Bolivariana socializa fábricas que estaban en manos de la burguesía está dando pasos, creando zonas de fraternidad socialista, irradiando amor al resto de la sociedad, arrinconando el egoísmo.

La socialización no es sólo un asunto económico, es ante todo una acción formadora de conciencia, por eso aterra a los oligarcas.

La ofensiva que la oligarquía desata con desespero se debe a que siente que la Revolución ha dado pasos importantísimos hacia el Socialismo, que la Clase Obrera está tomando conciencia de su papel, por eso la oligarquía nacional e internacional tiene que lanzar una ofensiva final, sabe que si la Revolución se consolida llegará al punto de no retorno.

La ofensiva oligarca está en su etapa de consolidación ideológica, para eso usan sus tanques pensantes y sus nexos internacionales, es así que se explica el foro empresarial llamado: Encuentro Internacional Libertad y Democracia “El desafío Latino Américano”.

En Venezuela la confrontación de los capitalistas oligarcas y los Socialistas alcanzó niveles máximo, ya los bloques están conformados con claridad: por un lado los empresarios y sus aliados internacionales, y por el otro lado la poderosa Unidad Obrera, la Vanguardia Obrera Socialista.

Es aquí en Venezuela que está la Esperanza de derrotar la plaga egoísta, y así dictar al mundo la forma del extinguirla: El Socialismo. Venezuela está destinada a convertirse en una gran potencia mundial, o lo que es lo mismo, en Santuario del Amor de la Humanidad.