
Lo local cuando es confinado sólo a lo local es contrarrevolucionario. Lo local cuando es unido a lo universal en un tejido social y político es una fuerza revolucionaria formidable. Veamos.
El Socialismo es devolver al hombre y a la sociedad su condición social, hacer del hombre un verdadero ser social, y por tanto, hacer de sus organizaciones, organizaciones sociales.
El capitalismo es en esencia la fragmentación de la sociedad, el convertir al hombre en náufrago, en un asilado, un solitario. Por supuesto, que sus organizaciones serán organizaciones fragmentadoras, aisladoras, barreras para la comunicación.
El capitalismo para funcionar, para justificarse necesita el ambiente egoísta, la guerra de todos contra todos, la competencia, esa es su razón de ser, su visión del mundo.
La Revolución debe so pena de perecer, de ser capturada, modificar radicalmente la visión del mundo propia del capitalismo, debe emprender acciones que reconstruyan el tejido social, y la principal de esas acciones es elevar lo local al nivel universal.
Y esto sólo se consigue tejiendo relaciones políticas, sociales, económicas, organizativas, y espirituales desde la base hasta el nivel nacional.
Las organizaciones de capilares deben conocer las causas profundas de sus males y las soluciones radicales, convencerse que su enemigo es el sistema capitalista causante de sus males, y que la solución es el Socialismo.
Siendo así deben ser unidades muy eficientes en la solución de los problemas locales, pero también eficiente en la lucha por la construcción del Socialismo y su defensa. Capaces de movilizarse por objetivos políticos que vayan más allá de los mezquinos contornos de su aldea existencial, capaces de ver y sentir el mundo y de actuar para modificarlo.
Entre las unidades de base y lo nacional debe existir un tejido, una comunicación, debe fluir la información en los dos sentidos.
Así es una organización socialista, que le da poder al pueblo, el poder de decidir en lo local pero también en lo nacional, de tener visión social. Es diferente a la organización local que propone la burguesía, que no engarza las organizaciones de base con lo nacional, no les da sentido universal.
Entonces, las organizaciones de base, sean Consejos Comunales, Comunas, Mesas, sin formar parte de un tejido más amplio que forme una extensa red territorial que supere los límites de entorno pequeño del Consejo Comunal, son elementos disociadores, desintegradores, fomentadores de una especie de egoísmo colectivo y, por lo tanto, contrarrevolucionarios.
Las revoluciones pacíficas tienen en la ideología pequeño burguesa un principal enemigo, deben estar alertas de las proposiciones que de ella emane.
Siempre evaluar si son fragmentadoras o son integradoras, si son socialistas, o son capitalistas.
La función principal de la pequeña burguesía en las Revoluciones Pacíficas como la nuestra es desviarlas, extraviarlas, evitar que integren a la sociedad, estimular la fragmentación que debilita a las revoluciones, y prepara el zarpazo final.
La acción de la pequeña burguesía, basta revisar la historia reciente para confirmarlo, tiene dos objetivos: impedir la integración social y la movilización popular, dos pilares fundamentales de la Revolución.
El estudio de la relación de lo local con lo universal, puede parecer una distracción académica, ejercicio de teóricos sin oficio, sin práctica, pero no es así, en esta relación va la vida de la Revolución, y por tanto, su estudio es de vital importancia.
Si no se establece una relación socialista, esto es, se eleva la visión de lo local hasta lo universal, entonces, en estas condiciones, lo que hagamos en lo local, sea barrio, comuna, consejo comunal, o fábrica estará signado por la fragmentación de individuos y organizaciones, será fuente de egoísmo y favorecerá a la causa capitalista.
Se produce de esta manera la situación paradójica de que mientras más éxito podamos tener en la gestión local más agua llevamos a la cultura, la psiquis que apuntala al capitalismo. De esta manera, el éxito de lo local produce islas de egoísmos, que en última instancia apoyan al capitalismo, toman decisiones que lo favorecen, en otras palabras, la Revolución está creando a sus propios sepultureros.
Esta paradoja puede explicar derrotas y victorias electorales que de otra manera serían inexplicables. Es interesante pensar que cuando la Revolución ha enfrentado problemas nacionales, universales, ha necesitado de formas organizativas distintas de las formas locales normales, estas no son operantes en la solución de problemas que escapen a la mezquindad de su entorno.
Esta paradoja nos afirma la importancia de la Conciencia del Deber Social, y el valor de crear las condiciones materiales, económicas, organizativas, políticas que la soporten.
Y nos afirma la idea de que el espontaneísmo reproduce las relaciones dominantes, la ruptura, la superación de la dominación es un acto conciente, nunca espontáneo.
Sin la relación fuerte entre lo universal y lo local, sin la comprensión por parte de lo local de los asuntos universales, la movilización ante los problemas que se escapen al mezquino ámbito local es floja, la movilización sólo se dará por lo local, por el agua que faltó, por el asfaltado, por la reivindicación en la fábrica, pero no por una elección donde la Revolución puede ceder espacio a la reacción, ni por las amenazas de magnicidio, o las agresiones de los gringos.
Si la descomunal fuerza de miles de organizaciones locales se enlazan en una gran fuerza social, con visión nacional y universal, capaz de movilizarse por objetivos políticos altruistas universales, entonces la Revolución contará con una defensa que disuadirá cualquier intento de torcerla.
Si además esta fuerza social, participa de la solución de los problemas locales, pero además tiene conexión con el estudio y solución de los asuntos nacionales, entenderá la dinámica social, estará integrada a la sociedad, y allí reside el empoderamiento del pueblo, el verdadero Socialismo.
Debemos tener en cuenta, siempre estar atentos a las condiciones, las características de una Revolución Pacífica como la nuestra, en ella la potencia de la ideología pequeño burguesa es muy elevada, la tendencia a diagnosticar muy bien los males del capitalismo, pero a evitar su solución radical, a evitar la integración de la sociedad está presente en todas las soluciones que propone y en todas sus acciones.
La ideología pequeño burguesa se manifiesta siempre, intenta influir en las decisiones que toma la Revolución, las grandes y las pequeñas, y muchas veces tiene éxito. Intenta sabotear desde la formación del partido, hasta la economía centralizada, intenta sabotear cualquier intento de integración social.
La Revolución necesita derrotar dentro de ella, dentro de cada uno de nosotros, las veleidades pequeño burguesas, y consolidar la ideología revolucionaria. Esta necesidad aumenta la importancia de construir una hegemonía de la Propiedad Social de los medios de producción como soporte de la Conciencia del Deber Social, y un tejido organizativo social y político que integre a la sociedad, que vaya desde la célula más pequeña, desde el capilar más alejado hasta el centro nacional.
Sólo así integraremos a la sociedad, y consolidaremos al Socialismo.
Podemos decir que la batalla por el Socialismo es la batalla por la integración de la sociedad, y esa batalla tiene como fundamento el elevar lo local hasta lo universal.