Editoriales

Neftalí Reyes

Manuel Cabieses

Rosa Tristán

Reflexiones de Fidel

Discursos

Entrevistas

Libros por Entrega

Poemas

Caricaturas

Artículos Especiales

Contáctanos

Ir a Página Principal

La respuesta a la pregunta de quién depende el carácter pacífico de la Revolución está clara en la historia. El carácter violento de la Revolución surge de la oligarquía, no de los Revolucionarios.

Ya lo dicen los clásicos: “ninguna clase social dominante, se suicida, entrega el poder de manera voluntaria”.

Las oligarquías no toleran la mínima discrepancia, el Presidente Zelaya es un ejemplo, la oligarquía no le perdonó que se diera la mano con Chávez y sonriera a Cuba, buscaron una excusa y lo pusieron en pijama en país vecino.

Mucho menos tolera a Chávez, o a Evo, que caminan hacia cambios profundos en el alma y la economía de estos pueblos.

   

No sabemos si es posible, de lo que sí estamos seguros es que la Revolución es imprescindible para la sobrevivencia de la vida planetaria, y que si se consiguiera hacer pacíficamente muchos dolores se ahorrarían al género humano.

La crisis ecológica que atraviesa el planeta hace urgente la sustitución de la cultura, de la civilización capitalista, culpable del cambio suicida en las condiciones naturales del planeta que nos conduce inexorablemente a la extinción de la especie y de la vida.

Ya la batalla no es sólo por mejores condiciones de vida, es por la vida misma.

Esta urgencia la han comprendido las fuerzas más conscientes del planeta, que pugnan por los cambios. De esta necesidad ha surgido la posibilidad de la Revolución Pacífica , es una propuesta amorosa, novedosa, se trata de hacer los cambios urgentes dentro de la mayor convivencia humana, con el menor trauma posible.

De todo esto surge una pregunta:

¿De quién depende el carácter pacífico de la Revolución ?

La Revolución es un enfrentamiento entre dos grandes bloques sociales, el dirigido por la ideología burguesa, oligarca, y el dirigido por la ideología del Socialismo, del proletariado. El terreno de la confrontación, el carácter de la contienda depende de la intención de los dos bloques. Veamos.

Los revolucionarios han dado muestras de querer hacer los cambios por la senda de la paz, Allende y Chávez son ejemplo.

La reacción de las oligarquías ha sido cruenta, de Allende salió Pinochet. Y la propuesta pacífica del Comandante Chávez produjo en el campo oligarca golpes, intentos de magnicidio, sabotajes, sin tregua.

La respuesta a la pregunta de quién depende el carácter pacífico de la Revolución está clara en la historia. El carácter violento de la Revolución surge de la oligarquía, no de los Revolucionarios.

Ya lo dicen los clásicos: “ninguna clase social dominante, se suicida, entrega el poder de manera voluntaria”.

Las oligarquías no toleran la mínima discrepancia, el Presidente Zelaya es un ejemplo, la oligarquía no le perdonó que se diera la mano con Chávez y sonriera a Cuba, buscaron una excusa y lo pusieron en pijama en país vecino.

Mucho menos tolera a Chávez, o a Evo, que caminan hacia cambios profundos en el alma y la economía de estos pueblos.

¿Qué hacer?

Lo primero es precisar el terreno donde sucede la batalla.

La cultura de las clases dominantes tiene como objetivo formar un hombre incapaz de insurgir en contra de la dominación. Con tal profundidad instalan en el alma del dominado la cultura de la dominación que éste es incapaz de pensar, de actuar, fuera de los límites de la sumisión a esa cultura.

Es así que en momento de tomar decisiones de ruptura, de aceptarlas, se impone el espíritu oligarca que habita a pueblos y a individuos. Los insurgentes tienden a resolver los dilemas con las reglas, dentro de los límites de la dominación oligarca.

De allí que la Revolución es un proceso de ruptura del paisaje oligarca, el que acecha afuera, y el agazapado dentro de nosotros mismos muchas veces disimulado, pero siempre evitando dar el salto revolucionario, siempre manteniéndonos dentro de sus límites.

Este peligro es mayor en las Revoluciones Pacíficas, donde los límites se confunden. Cuando los revolucionarios se pueden ilusionar por las derrotas que han infringido al enemigo oligarca, y en esta alegría olvidan que todavía están en terreno donde la dominación cultural está intacta, atrapados en el mismo paisaje, los mismos límites, el mismo escenario, con las cadenas y los dardos instalados en el inconsciente de los dominados listos para entrar en acción.

Cuando la Revolución obtiene triunfos dentro de la cultura oligarca, en realidad lo que obtiene es la oportunidad, el tiempo para romper las cadenas culturales y psíquicas de la dominación, que son las que preparan el escenario, las que manipuladas inhiben a la base social de la Revolución , no la dejan actuar en los momentos decisivos.

La experiencia histórica nos dice que en las Revoluciones Pacíficas la oligarquía tiene la ventaja de la iniciativa para saltar la legalidad a su conveniencia. Y la Revolución tiene la desventaja de tener que permanecer dentro de una legalidad burguesa, heredada.

De esta manera, las oligarquías amparadas en su legalidad pueden construir agresiones y derrocar a la Revolución Pacífica que se mantiene armada pero maniatada frente a la agresión.

Esta es una de las debilidades más importantes de las Revoluciones Pacíficas, de allí parten las agresiones, y los condicionamientos mentales que fabrican los medios.

Siendo así, la Revolución Pacífica , presenta dos períodos: uno de calma en los cuales la oligarquía ensaya triunfos dentro de la legalidad, electorales y, simultáneamente, construye eventos cruentos. Y, otro período de desarrollo de estos eventos cruentos.

Entonces, los triunfos reales, importantes de la Revolución son los cambios de conciencia, de cultura, de psiquis de su masa de apoyo, los demás son importantes, pero transitorios.

Esta es la dinámica del enfrentamiento pacífico, períodos de calma, y períodos de desarrollo cruento.

La Revolución debe avanzar en los períodos en que la oligarquía se mantiene en la legalidad, tomar acciones económicas, políticas, sociales que conduzcan hacia el fortalecimiento del Socialismo, que transformen el espíritu de la masa y la dote de razones sagradas por las que luchar.

Esta es la clave y el reto para el triunfo de la Revolución : cómo sustituir, con el espíritu de la Revolución Pacífica , el paisaje de la sumisión.

Uno de componentes para esa sustitución es la presencia del líder, cuya imagen y ejemplo conectado con lo profundo del alma de la masa sirve de vehículo a los nuevos valores, al nuevo espíritu, a la construcción del nuevo paisaje.

El otro componente es la Movilización.

El pueblo tiene en la movilización uno de los más importantes instrumentos de aprendizaje de actuación fraterna, de caldeamiento del espíritu socialista, de acumulación para la construcción de un nuevo cuadro. La Movilización debe ser organizada y permanente.

Dejar la movilización popular a la espontaneidad es desarmar de antemano al pueblo frente a la agresión oligarca, es una concesión imperdonable a las ideologías fantasiosas, y una vía segura para la derrota. La respuesta espontánea es en el mejor de los casos táctica, carece de profundidad estratégica.

El golpe contra el Presidente Zelaya, muestra claramente los dos períodos, a la calma cuando los oligarcas acumulan fuerza, activan sus trincheras culturales, sucede la agresión abierta, militar, fascista. Si esta agresión encuentra un pueblo desorganizado, el triunfo popular es imposible.

Está claro que el golpe de Honduras tendrá su continuidad en una agresión contra la Revolución Bolivariana , ya los oligarcas internos la proclaman abiertamente, festejan el golpe, y se preparan para los eventos cruentos que presagian.

Ya las fuerzas toman su lugar en las trincheras. A los contrarrevolucionarios de todos los pelajes los une el odio a Chávez, aparecen las coincidencias más absurdas. El sentimiento antisocialista, antirrevolucionario emerge sorpresivo desde el fondo de voluntades resquebrajadas.

A la agresión que ya se desarrolla los revolucionarios debemos oponer un pueblo organizado, movilizado, unido alrededor del Comandante y del Socialismo.

Si se atreven, avanzaremos.