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El más importante paso que esta sociedad puede dar desde los tiempos de la independencia, es sin duda, la consolidación de la Zona Socialista.

Eso significaría la consolidación del cambio social más importante desde la liberación de la colonia española, sería el paso más importante en la concreción de la obra inconclusa de los Libertadores, del Libertador.

Consolidando la Zona Socialista, estamos haciendo definitivo el camino al Socialismo, le damos realidad. Sería una demostración, un Santuario Socialista desde donde expandir la idea y la práctica, un faro que muestre la viabilidad del proyecto social, un paso gigante en el camino del cambio.

Los capitalistas, fuera y dentro del gobierno avanzan en la práctica, cada día hacen reuniones, foros, actos, firman acuerdos, reciben delegaciones, inventan manera de transferirse la renta, etc. Ellos consolidan su Zona capitalista, tienen su territorio material y desde allí construyen su territorio y dominio espiritual.

Están preparados para la guerra que saben de vida o muerte.

La convivencia de Socialismo con el capitalismo no es una convivencia pacífica, se trata de enemigos irreconciliables que están en un mismo campo de batalla, el escenario es el alma del pueblo.

La Revolución en su andar penetra en territorios de definición, los cambios en los últimos años, el aprendizaje de errores  y aciertos, las socializaciones, la comprensión de la importancia de la Propiedad Social de los Medios de Producción y la Conciencia del Deber Social, la clara intención del Comandante de avanzar, hacen necesario un salto, ya no es posible permanecer, detenernos es el fin.

El Socialismo necesita una nueva referencia, el continente, la ALBA, la humanidad la necesitan, la idea socialista necesita demostración de ser viable, mejor que el capitalismo.

Como en los días de la independencia, estamos en condiciones de ser ese ejemplo, reforzar el faro que Cuba solitaria es.

Es un honor vivir en esta época y tener la oportunidad de participar en la construcción de ese nuevo mundo, primero en pequeño, pero que luego se regará por toda el planeta.

Es un honor vivir en esta época donde el río de la Revolución consiguió nuevos caudales de bríos, de esperanzas.

El Comandante Chávez, y así debe ser considerado sin mezquindades, es el revolucionario más importante de los últimos cien años, nadie, ningún otro elevó a esta sociedad a niveles de cambio tan profundo, y por eso se mide un revolucionario, por su capacidad de hacer Revolución.

Nosotros debemos, más allá de las consejas, de las dudas, de miedos e incertidumbres, interiorizar que vivimos momentos históricos como nunca una sociedad vivió, tenemos la responsabilidad de cambiar el rumbo del mundo, o presenciar su destrucción, los mayores científicos y políticos del mundo presagian la extinción de la especie si seguimos por el rumbo que nos marca el capitalismo.

Toda la energía de la Revolución debe emplearse en la construcción de la Zona Socialista, hoy es posible, ese es el principal triunfo de esta Revolución.

A medida que la Revolución avanza, las aguas toman su cauce, el espacio para la maniobra oportunista se reduce, las posiciones se definen, las caretas caen, muchos se estacionan en el hombrillo, otros, simplemente saltan la talanquera.

Las revoluciones tienen un punto que las define, las caracteriza, y podemos decir las sostiene, las hace posible.

Se trata de un punto sin el cual la Revolución pierde el alma, se desnaturaliza, se desvanece, en ese punto, o por medio de ese punto los pueblos en rebeldía se expresan, ese punto las resume.

Si ese punto desaparece, las sociedades  se dispersan en muchas manifestaciones sin sentido, sin propósito, se comportan como una gallina despescuezada, hasta que al fin es atrapada por la quietud del sepulcro.

Este punto, que llamaremos núcleo generador es rápidamente detectado por el imperio, y hacia el enfilan sus más crueles esfuerzos, necesitan extirparlo con crueldad, dejar sentado un precedente que disuada: así lo hace desde los días de Espartaco, de Cristo, en la independencia lo hicieron con los patriotas, y al Libertador lo asesinaron, sino físicamente, algo que está por dilucidarse todavía, con seguridad lo hicieron espiritualmente.

La lista de esos puntos es larga, tan larga como la historia de los intentos libertarios: Malcon X, Luther King, Mahatma Ghandi, Ho Chi Minh, Torrijos, Allende, Fabricio, Jorge Rodríguez.

Hoy que vivimos una Revolución que camina firme hacia el Socialismo,  transitando su propio camino, que nunca es en línea recta, con contradicciones, con una feroz lucha de clases en su interior, pero siempre marchando hacia adelante. El núcleo generador, el punto de que hablamos, es el Comandante Chávez, esto hay que reconocerlo sin mezquindad. Él resume el aliento vital de la Revolución, sin él la Revolución se desinfla.

Eso lo sabe el imperio y contra él enfilan sus armas. Esa es una buena medida del valor del Comandante.

En la práctica Chávez define. Eso significa que hoy en Venezuela no es posible ser Revolucionario y no estar con Chávez. O dicho de otra forma, si contra Chávez es, entonces es contrarrevolucionario.

Esa Revolución si se queda sin Chávez pierde su punto principal, su núcleo generador, se desvanece en mil contradicciones.

A Chávez hay que apoyarlo sin reservas. Las Revoluciones tienen como ley, el agruparse alrededor del líder, del núcleo generador.

Ese fue el éxito de la Revolución Cubana, que se congrega alrededor de Fidel, fue la clave de la Revolución Soviética, concentrada alrededor de Lenin.

Fue el error principal de lo más avanzado de la Revolución Chilena, del MIR. Tenía un excelente nivel de acierto en sus propuestas políticas, pero no supo entender que era Allende el aliento de aquella Revolución, sin Allende todo se derrumbaría.

Aquí en Venezuela la principal estrategia de la ofensiva imperial es asesinar a Chávez, ya sea físicamente o moralmente. La defensa de Chávez es el más importante objetivo para los revolucionarios. Debemos estar con el Comandante, eso significa estar con lo que Chávez decida, discutir todo con irreverencia, pero lealtad en la acción, secundarlo con disciplina.

Nosotros odiamos a las oligarquías, con el odio que pregonaba Martí: la odiamos porque se opone a que instauremos la sociedad del amor, la odiamos porque luchamos contra el odio.

Razón tenía el Ministro que clamó su odio a las oligarquías, ese odio es el que sale de lo más puro del alma de los guerreros del amor, de los que ponen su vida por la causa de la redención de los humildes, los que emprenden el camino de la construcción del Socialismo, no importando la reacción cruel de las oligarquías, el odio de la clase dominante, que llega hasta el atentado físico, o la destrucción moral.

Nosotros compartimos el odio del Ministro, porque es el odio de los revolucionarios un odio guiado por profundos sentimientos de amor, por devolver al mundo el amor perdido en las miasmas del capitalismo.

Las oligarquías no cesan en su afán de destruir cualquier manifestación amorosa, de vida, su odio es un odio guiado por la necesidad de defender un sistema basado en el egoísmo, en el odio, en la muerte.

Contra la Revolución Bolivariana se confabulan las oligarquías mundiales, desde la gringa, hasta la colombiana, pasando por la europea, es que todas son una sola red de explotación e infamia.

El cerco que tienden a la Revolución Bolivariana se cierra cada hora: lo de Honduras es preludio de nuevos y más virulentos ataques.

A la oligarquía colombiana la cofradía tenebrosa de la rapiña internacional asignó el papel de agredirnos, la instalación de las bases gringas y los últimos ataques de sus voceros evidencian la intención ofensiva. Es necesario estar alerta y prevenir los peligros.

Debemos, además de la preparación militar que corre por cuenta del Estado, preparar a la población ideológicamente. Veamos.

No se trata de una confrontación contra Colombia. Nosotros somos colombianos, como somos ciudadanos de cualquier país que padezca bajo la bota de una oligarquía explotadora. Es una confrontación contra la oligarquía internacional que se materializa en una confrontación contra su instrumento de agresión que en este caso es la oligarquía colombiana.

Por lo tanto, llamamos al pueblo colombiano a participar con nosotros en esta lucha. Si la oligarquía colombiana, instrumento vil de las oligarquías mundiales, se atreve contra la esperanza, si intenta truncar una vez más el sueño de Bolívar, si osa atacarnos, entonces la respuesta no debe ser sólo del pueblo y del gobierno venezolano, debe ser del pueblo colombiano y de sus organizaciones, unidos en la lucha contra los oligarcas.

Las fronteras no serán las geográficas, esas se borrarán, las fronteras serán las de clases, nos guiará el odio a las oligarquías y el amor a los humildes.

La confrontación se extenderá a todo el planeta, donde exista un corazón que vibre de indignación ante la injusticia, una alma rebelde frente al sistema capitalista que acaba con la vida, allí habrá un frente de esta batalla de la humanidad en contra de sus depredadores.