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Hacer concesiones estratégicas a la propiedad nosocial le hace un daño, quizá irreparable a la causa socialista, porque multiplica por millón la conciencia egoísta, entonces esa debilidad en la economía se convierte en un claro riesgo de derrumbe de la posibilidad socialista, de la pérdida de la guerra que hoy libra la humanidad.
Hoy en Venezuela está el centro de esta guerra, es aquí que ocurre la batalla más importante, y es aquí que tenemos la responsabilidad más grande que un pueblo haya jamás tenido, hoy somos responsables del destino de la humanidad, si nosotros no señalamos el rumbo cierto, si nos conformamos con adelantos, pero no con cambios de estructuras, de espíritu, entonces habremos arado en el mar, todo el esfuerzo y las buenas intenciones habrán sido vanos.
Nuestra responsabilidad, nuestro reto es demostrar al mundo que el Socialismo es posible, que es la única vía para salvar a la humanidad, y la vida planetaria, que es la única manera de rescatar la armonía perdida.

 POR: NEFTALÍ REYES

Estamos sumergidos en una profunda guerra, el enfrentamiento cruento entre el capitalismo y el Socialismo, se trata de la mayor colisión que haya conocido la humanidad.

El capitalismo es una fiera insaciable, independiente de la voluntad humana, sus requerimientos de acumulación, crecimiento sin límites hacen que su destino sea la destrucción de la vida planetaria.

Si el capitalismo no es superado pronto, la extinción es inevitable.

Esa es la causa profunda de la necesidad de enfrentarlo.

Pero además, ya lo sabemos, el capitalismo condena al hombre a la pérdida de la condición humana, lo transforma en mercancía, lo obliga a relacionarse como mercancía y no como humano, lo confina al mundo del mercado, de la competencia, donde sólo una minoría tiene posibilidades de vida, el resto, la gran mayoría de la humanidad es condenada a sobrevivir en condiciones de infraanimalidad.

Entonces, con el capitalismo el futuro es la extinción, y el presente es de la angustia de una existencia incierta, en la que la lucha por la vida es la lucha contra nuestros semejantes, que dejaron de ser hermanos para ser mercancías en competencia.

El signo del capitalismo es la inseguridad: de no saber si mañana saldremos con éxito de esta lucha individual por la vida, si mantendremos el trabajo de hoy, si una enfermedad nos arruina, si mañana saldremos del mercado de las mercancías humanas, si no tendremos nada que vender, ni siquiera la fuerza bruta de trabajo, si algún antisocial individual, producto de esta organización capitalista que es antisocial, encarna en nosotros a todos los privilegiados del planeta y toma justicia por su propia mano.

Contra este monstruo luchamos, este es el enemigo en esta guerra definitiva.

El Sistema capitalista se defiende, se mantiene porque deformó el alma del humano, lo hizo egoísta, anuló su sentido fraterno y altruista, aplastó su instinto de conservación, lo embriagó de consumismo, lo sumerge en un mundo ficticio donde el hombre se vende para poder comprar, y lo que compra son cosas que se desvanecen en el intento de dar contenido a la existencia que siempre es vacía.

Ese es el objetivo final de la guerra feroz entre el capitalismo y el Socialismo: el espíritu del dominado, allí se decide el futuro de la humanidad.

El sistema capitalista en esa batalla usa todos sus recursos dominadores, desde la bomba nuclear, golpes de estado, torturas, invasiones, genocidios, magnicidios, de todo usan contra los brotes de insurgencia, pero su mejor arma son las intelectuales, las que van dirigidas a deformar el espíritu.

Ellos desde siempre entendieron que son las cadenas del espíritu las únicas que pueden mantener su dominación, y por eso construyeron un sistema de manipulación del alma que es poderosísimo, la escuela que ideologiza en la deformación, el cine, la televisión, la iglesia, los cedice, y demás tanques pensantes, todo conforma una tela monstruosa que talla al hombre a imagen y semejanza de una mercancía útil para el capitalismo.  

Esta es la guerra, la mejor manera de perderla es no reconocerla y extraviarnos en ficciones de convivencia.

Hoy en Venezuela está el centro de esta guerra, es aquí que ocurre la batalla más importante, y es aquí que tenemos la responsabilidad más grande que un pueblo haya jamás tenido, hoy somos responsables del destino de la humanidad, si nosotros no señalamos el rumbo cierto, si nos conformamos con adelantos, pero no con cambios de estructuras, de espíritu, entonces habremos arado en el mar, todo el esfuerzo y las buenas intenciones habrán sido vanos.

Nuestra responsabilidad, nuestro reto es demostrar al mundo que el Socialismo es posible, que es la única vía para salvar a la humanidad, y la vida planetaria, que es la única manera de rescatar la armonía perdida.

La Revolución Bolivariana ha avanzado mucho, llegar a la encrucijada definitiva, donde el Socialismo es una opción real, es una hazaña, o mejor, un auténtico milagro. Mientras el resto del mundo se bate en atar sus vidas a los índices de una economía donde el humano no cuenta, aquí en Venezuela se tuvo la valentía de hablar de Socialismo, de levantarlo y echarlo a andar, de explorar formas de construirlo, romper con lo que estorbaba al camino, hacer alianzas con los que facilitaban el rumbo.

Ahora que estamos en etapa definitoria es responsabilidad de los líderes de la Revolución transmitir al pueblo la idea de que sólo el Socialismo podrá resolver los problemas de hoy creados por el capitalismo y garantizar la vida a la humanidad.

Ya no hay tiempo para extravíos, algunas cosas que señalan el camino hemos aprendido de nuestra experiencia. Veamos.

Primero, es la Propiedad Social de los Medios de Producción la que determina la distribución y el consumo socialista, aquí no debemos hacer concesiones a ficciones que proponen comercio socialista y medios de producción en manos de nosociales.

Segundo, sólo hegemonía de la Propiedad Social de los Medios de Producción hace posible la hegemonía de la Conciencia del Deber Social, pilar fundamental del Socialismo, su objetivo central.  Entonces las propuestas de propiedad nosocial nunca nos acercaran al Socialismo, sólo pueden aceptarse como requerimientos tácticos, nunca estratégicos.

Tercero, la convivencia con el capitalismo es la cohabitación de enemigos irreconciliables sólo explicable como una etapa táctica, nunca se pueden plantear como metas socialistas. El capitalismo siempre intentará yugular al Socialismo.

Cuarto, la meta de los revolucionarios es construir el Socialismo y este se construye a partir de la Zona Socialista, es decir haciendo Socialismo.

Por tanto, fortalecer al capitalismo, fortalecer a la propiedad nosocial, con la excusa que sea, es fortalecer al enemigo en esta guerra sin cuartel que nunca ganaremos fortaleciendo al capitalismo.

Hacer concesiones estratégicas a la propiedad nosocial le hace un daño, quizá irreparable a la causa socialista, porque multiplica por millón la conciencia egoísta, entonces esa debilidad en la economía se convierte en un claro riesgo de derrumbe de la posibilidad socialista, de la pérdida de la guerra que hoy libra la humanidad.

Los revolucionarios debemos tener claro que estimular trampas tipo emprealba, o el comercio socialista impulsando la industria de propiedad nosocial es fortalecer el campo enemigo.