
POR: NEFTALÍ REYES
Para la Revolución Bolivariana es importantísimo investigar la naturaleza de las revoluciones pacíficas, sólo así podremos construir los criterios y conceptos que nos guíen hacia la superación de la primera etapa de la Revolución : en la que se cohabita con las instituciones, leyes, valores del pasado en el camino hacia el Socialismo. El dilema de toda Revolución es la confrontación vital entre restauración y Revolución, la hegemonía de una u otra tendencia establece el rumbo definitivo de un proceso de cambios sociales. La restauración mas dañina es la que suele mimetizarse como reformismo conciliador y que casi siempre, cual Caballo de Troya, termina destruyendo la Revolución desde adentro. Es así que casi todas han sido truncadas o atrapadas sin superar esta primera etapa que podríamos llamar de la "maldición restauradora".
Las revoluciones pacíficas son singulares y casi siempre experiencias fallidas. El experimento más cercano a nosotros es el Chile de Allende, que sucumbió bajo las garras del fascismo y el imperialismo. Es una muy valiosa enseñanza para los que también intentamos transitar la senda pacífica.
Para la Revolución Bolivariana es importantísimo investigar la naturaleza de las revoluciones pacíficas, sólo así podremos construir los criterios y conceptos que nos guíen hacia la superación de la primera etapa de la Revolución : en la que se cohabita con las instituciones, leyes, valores del pasado en el camino hacia el Socialismo. El dilema de toda Revolución es la confrontación vital entre restauración y Revolución, la hegemonía de una u otra tendencia establece el rumbo definitivo de un proceso de cambios sociales. La restauración mas dañina es la que suele mimetizarse como reformismo conciliador y que casi siempre, cual Caballo de Troya, termina destruyendo la Revolución desde adentro. Es así que casi todas han sido truncadas o atrapadas sin superar esta primera etapa que podríamos llamar de la "maldición restauradora".
Para construir una respuesta debemos investigar el comportamiento político de la masa, y la dinámica de la dominación.
La masa tiene varios estratos: si consideramos sus relaciones económicas encontraremos las clases sociales: obreros, clase media, pequeños burgueses, burgueses.
Si consideramos su conciencia, encontraremos dos tipos fundamentales de conciencia: la conciencia dominante, la hegemónica, que anida transversalmente en toda la sociedad, en todas las clases sociales donde colide con las particularidades de la existencia de clase. De esta forma las clases portan dos conciencias, la hegemónica dominante, y la que surge de su existencia, esta última aplastada, dominada por la hegemónica.
En estas circunstancias la masa, se mantiene políticamente pasiva, sólo participa, cuando lo hace, en un acto electoral que más es un ejercicio de marketing, que es individual, ocasional y no establece ningún nexo organizativo, ni político. La masa se distrae en objetivos subalternos: las novelas, la vida de los artistas, el deporte comercial, que es equivalente al circo romano, la vida de los deportistas, la lotería, la "búsqueda de la vida".
La actividad política es ejercida por unas elites que funcionan más como directivas de compañías mercantiles.
En situación de tranquilidad, el control que las clases dirigentes ejercen sobre las masas es casi absoluto, evitan que se dispute el poder. El dominio se fundamente en la familia autoritaria, los medios de deformación, la escuela, la iglesia, la cultura hegemónica. Este control se sintetiza, se resume, se expresa en las elecciones burguesas, que son la "manifestación suprema" de la participación política.
En esas elecciones se construye una ficción de mayoría pasiva, que en realidad no actúa en política y que en realidad no es mayoría, ni de la sociedad toda ni de los posibles votantes.
El oligarca establece el límite de edad para votar, allí ya excluye de la participación política a un grueso de la sociedad, a los de catorce, quince, dieciséis, hasta dieciocho años, que la combatividad de los liceos demuestra que son activos en política.
Por otra parte, la participación en las elecciones es en términos redondos, cerca de un 60% de los electores inscritos. Y de ese 60% de electores que participan la supuesta mayoría es muchas veces de solo un 30%, en definitiva lo que ellos llaman mayoría no alcanza ni a un 15% de los electores totales, ni a 10% de la población activa políticamente.
La dominación burguesa se basa en la pasividad y no en la actividad de la masa.
En situación de tranquilidad social, la conciencia hegemónica y su expresión política mantienen a la sociedad estabilizada. Sin embargo, en determinados momentos, la dominación se resquebraja, presenta grietas profundas, y entra en turbulencia, se dice que hay un período pre o revolucionario.
Si la Revolución es violenta, si la toma del poder es consecuencia de una confrontación militar, entonces la institucionalidad, las leyes burguesas, oligarcas estallan y sobre ese terreno se instaura la legitimidad revolucionaria.
La vanguardia, que fue exitosa en captar sectores de masa actuante, que participaron o apoyaron activamente a la Revolución durante la confrontación, y esa masa actuante que posibilitó la toma del poder, continúa su labor de difundir los valores revolucionarios, es así que se construye una sólida mayoría revolucionaria actuante en esa sociedad.
Ahora bien, si la Revolución es pacífica, las dos primeras etapas de la Revolución se cumplen, es decir, se forma una vanguardia, esta capta sectores de masa actuante, triunfa, pero tiene grandes dificultades para pasar a la última etapa, la de consolidar una mayoría revolucionaria actuante.
Entre la masa actuante, que se ha concientizado, y el resto de la sociedad que se ha mantenido pasiva, se interpone todo el mecanismo de dominación oligarca que se mantiene intacto.
Si la decisión de la confrontación se hace en el terreno, y con las reglas de la burguesía, esto es con la expresión de la voluntad de la mayoría pasiva, en unas elecciones especialmente diseñadas para eso, entonces estratégicamente, la Revolución esta en desventaja, se irá desgastando poco a poco, la distorsión oligarca irá tomando cada vez más fuerza en la zona pasiva de la sociedad y finalmente derrotará a la Revolución.
La propuesta oligarca es más atractiva para la gran masa pasiva: es cómoda, menos riesgo, menos miedo, está anclada en milenios de costumbres, no tiene el desasosiego de lo desconocido, tiene medios más poderosos para difundirse.
De lo anterior se desprenden varias conclusiones:
Primero , las elecciones oligarcas no son inocuas, inocentes, son un instrumento de dominación, miden la voluntad de la pasividad. La mayoría como la proponen los oligarcas, es un fraude.
Segundo , la Revolución tiene otra manera de expresión de la voluntad, la voluntad que vale es la actuante.
Tercero , la Revolución tiene la urgencia de defenderse de la ofensiva de los mecanismos de dominación oligarcas: la televisión, la escuela, la iglesia, la familia autoritaria etc. Debe considerar como principal campo de batalla la conciencia de la población.
Cuarto , la Revolución debe, lo más rápido posible, instaurar un nuevo sistema de expresión de la voluntad popular revolucionaria, es decir, debe construir otro tipo de elecciones:
Un sistema que sea permanente, rápido de consultar, que cree organización, que conecte a elegidos y electores, que los responsabilice. Este sistema tiene como base la elección indirecta. La directa es parte de la trampa de las elecciones burguesas.