
El episodio de los bancos intervenidos por el Gobierno Revolucionario es excusa para que los escépticos, descreídos del humano, hagan fiesta y lancen a los cuatro vientos su pesimismo y mediocridad. Dicen: “el hombre es malo”, “ambicioso por naturaleza”, “no hay salida”, “el hombre es una pasión inútil.” Invocan como prueba la ambición y la actitud antisocial de los banqueros.
La posición de los antihumanos merece ser repelida. Veamos.
La condición humana está dada por las relaciones sociales, siendo así, este humano que hoy conocemos es hijo de las relaciones sociales propias de un sistema basado en la apropiación del trabajo ajeno, de la vida ajena. Es producto del capitalismo. Es un sistema signado por la competencia, que transforma todo en mercancía, donde el dinero acumulado es garantía de poder de compra, es una fuerza perversa que otorga la capacidad de obtener lo que no se necesita ni se puede usar. Es la avaricia.
Este sistema se basa en la compra y venta de todo, hasta de la vida humana, en él, el que más puede comprar es más poderoso.
Es un sistema que valoriza ese poder aún a costa de producir infelicidad para la sociedad, donde la ostentación es signo de fuerza, cuando debía ser señal de estupidez.
En un sistema así, surgen los banqueros, los que acumulan con la legalidad que ellos mismos construyen, y los que rompen esa legalidad, todos regidos por la misma ambición, cumpliendo la misma lógica.
Llegará el día en que la humanidad se asombre de la existencia de banqueros, de comerciantes, de la misma manera que hoy nos asombramos de la existencia de vendedores de esclavos, de la trata de negros.
El episodio de los banqueros descubiertos como ambiciosos, antisociales, “ilegales”, de la legalidad que protege a los otros, es un episodio propio de la ética capitalista, nace de las entrañas del sistema capitalista, he allí la base de la condición humana de estos “acumuladores” de la riqueza que pertenece a la sociedad.
Estamos en presencia de un evento de la lucha feroz que se establece en toda Revolución entre el Hombre Nuevo y el hombre nacido del capitalismo.
Nosotros creemos en el Hombre Nuevo, en su posibilidad, en su consolidación en un mundo donde el acumular capacidad de compra de mercancías no tenga sentido, ni sea posible, donde la ostentación sea una conducta antisocial, y el apropiarse del trabajo ajeno un delito.
Este es, debe, tiene que ser, el objetivo central de la Revolución, crear condiciones para que aparezca el Hombre Nuevo: un humano realizado en el ser y no en el tener, que rescate su condición social, deje de ser un náufrago, un egoísta, indigente espiritual y material.
La estafa que hoy presenciamos es una característica principal del capitalismo, sólo suplantando su cultura, valores, sus relaciones económicas, conseguiremos la formación del Hombre Nuevo, salvar a la Humanidad.
Está claro que lo de los Bancos no es simplemente un problema económico, o policial, estamos también frente a una manifestación ideológica y política. Veamos.
Es sabido que el capitalismo, su cultura, sus valores, crean las condiciones para la perversidad que hoy se manifiesta clara en los bancos.
Frente a esta aparición debemos hacernos varias preguntas, la principal es: ¿Cómo y por qué después de tantos años de Revolución surgió este fenómeno, cómo remediarlo?
La Revolución Bolivariana transcurre en medio de una profunda lucha de clases, en un claroscuro diría Gramsci, donde el capitalismo se niega a morir y el Socialismo no termina de nacer. En estas condiciones, la pugna, como siempre que se enfrentan sistemas sociales, es por el alma de las masas. Siendo así, el capitalismo intenta mantener sus valores en la sociedad, y el Socialismo sustituir esos valores, esa cultura capitalista por los valores socialistas.
En una Revolución Pacífica, quizá podamos decir con más propiedad, en la primera fase de una Revolución, la lucha entre reformismo y Revolución es muy intensa, los intereses restauradores tratan de imponerse, esta pugna se refleja en todos el cuerpo revolucionario.
El planteamiento de un híbrido capitalismo-Socialismo, la teoría de que es suficiente que la petrolera esté en manos del Estado, de hacer con la renta un absurdo que llaman “Sistema Productivo”, de organizar a la sociedad en unidades aisladas egoístas, etc., seguir ese planteamiento, inspirarnos en esa ideología, nos llevó a debilitarnos en la formación de conciencia socialista.
Entonces, lo de los banqueros es un síntoma al que se suman otros que evidencian la debilidad de la conciencia revolucionaria. Lo que estamos presenciando con el episodio de los Bancos es la derrota de la ideología reformista en lo económico: el hibrido capital-socialismo, la convivencia con los capitalistas es el generador de el comportamiento delincuencial de los banquitos.
En otras palabras, la reforma se agotó, de aquí en adelante el dilema es, como nunca antes: Socialismo o Barbarie, en este proceso concluyeron las posibilidades reformistas, en todos los campos:
En lo social, es necesario superar los Consejos Comunales aislados, construir un tejido social que restituya la visión de sociedad, superar la mezquina visión localista.
En lo político, es necesario construir un partido que no se avergüence de ser vanguardia, de dirigir, que supere el chantaje de que todo aparato es totalitario, que entendamos que sin vanguardia firme, fuerte, no es posible Revolución.
En lo teórico, es necesario superar las veleidades académicas de filosofastros que construyen idealismos en sus escritorios, que nos desarman frente a la agresión de los oligarcas.
En lo económico, ya vimos, comprobamos en la práctica que capitalista siempre se porta como capitalista, que capitalista bueno se muere chiquito, que Empresario Socialista termina en la directiva de un Banco, haciendo lo que mejor saben hacer los capitalistas: ¡Estafando a los trabajadores!
Ahora está claro que las acciones de la Revolución se deben medir por la formación de conciencia: “si forma Conciencia del Deber Social es bueno, si no la forma es inaceptable”. No es posible construir el Socialismo sin construir una gran masa impregnada de los valores socialistas, capaz de rechazar los símbolos de poder capitalistas, y prestigiar los valores, la cultura socialista. Donde, por ejemplo, una camionetota sea despreciada por antisocial y, por el contrario, el trabajo voluntario, el desprendimiento internacionalista, la superación intelectual, sean condiciones que valoricen al humano.
Esta es la enseñanza principal del fraude bancario. Hay que atacar las causas, las raíces del mal.
Por otro lado, esa fracción de “vivos”, ambiciosos, no es inerte, ellos son personificaciones del capital, están poseídos por él, responden a las necesidades del capital, son sus instrumentos.
El capital emergente que ellos representan tiene requerimientos económicos, y también requerimientos políticos, éticos, sociales, etc.
Ellos, necesariamente, son conservadores, no les interesa avanzar, por tanto, son enemigos del Socialismo, de la Revolución, de Chávez. Inevitablemente construirán alianzas políticas con intereses similares, con los otros capitalistas, con reformistas, con dubitativos, intentarán construir un frente político.
Los banqueros son muestra de que el frente económico enemigo está maduro, ahora se intentará formar el frente político que represente la nueva situación. Es allí que la Revolución debe actuar.
Es necesario fortalecer el frente y la ideología socialista, definirlo con fuerza, precisarlo, derrotar los extravíos, avanzar con decisión en la formación de conciencia, allí donde se construyen las nuevas sociedades.