
Existen eventos que hacen historia pero que en su momento no es percibida su importancia, su magnitud. Uno de esos sucesos acaba de ocurrir entre nosotros.
La noticia es escueta, dice así:
“El día 6 de agosto, se inscribió la plancha 7 a las elecciones de la Federación Petrolera.”
Hasta aquí parece una noticia común, nada de extraño tiene. Sin embargo, al explorar la historia de la Plancha 7, encontramos su extraordinario significado para la Revolución y la Clase Obrera. Veamos.
Vivimos una Revolución Pacífica, inédita, que se desarrolla en medio de una feroz lucha de clases, el avance revolucionario se realiza en contra de dogmas y oligarquías, la resistencia a los cambios está dentro de la Revolución y dentro de los Revolucionarios.
El capitalismo no cesa en su lucha constante contra la posibilidad socialista, a ésta se enfrenta de manera directa, golpes y saboteos, también de manera solapada, sutil, y esta es la más peligrosa. Inventan toda clase de teorías para desviar, desde adentro a la Revolución, para evitar el camino hacia el Socialismo. El enfrentamiento a estas teorías es difícil porque ellas se cubren con una retórica revolucionaria.
La Revolución avanzó en estas condiciones, siempre salió airosa del enfrentamiento ideológico, siempre la posibilidad socialista se mantuvo. No obstante, la Revolución, que se enfrenta a retos cada vez mayores, necesita cada vez más fortalecer la ideología revolucionaria, y requiere que la Clase Obrera se encuentre con esa ideología.
Sabemos que sin Clase Obrera conciente de su papel histórico, madura ideológicamente, organizada, no es posible consolidar un proceso revolucionario.
Ahora bien, para que la Clase Obrera se encuentre consigo misma, haga conciente su fuerza para el cambio, su papel rector del proceso, es indispensable que supere su condición de clase dominada por la ideología capitalista, deje de ser un factor más en el funcionamiento del sistema capitalista, supere las conductas economicistas egoístas.
Una de las características principales de la clase obrera dominada por la ideología capitalista es la desunión, entonces, para liberarse debe unirse, es impensable consolidar un proceso revolucionario sin una Clase Obrera unida alrededor de ese proceso y del líder que lo resume.
En estas circunstancias y guiados por este pensamiento, hace meses se reúnen diferentes corrientes obreras buscando la unidad revolucionaria, en esas discusiones se consiguió vencer el espíritu capitalista, y surgió un movimiento unitario: Vanguardia Obrera Socialista, al principio fue sólo una esperanza.
Luego esa esperanza enfrentó su primer gran reto: ¡las elecciones! En ambiente electoral construir una plancha unitaria revolucionaria, hermanada con el Socialismo y con el Comandante Chávez.
Son las elecciones tradicionales terreno propicio para que emerjan los egoísmos que sustentan el capitalismo, y en esta ocasión surgieron como siempre, pero ahora fueron vencidos, y esos obreros que allí se sentaron a discutir alcanzaron altas dimensiones revolucionarias, consiguieron La Unidad y abrieron caminos reales a la esperanza socialista.
Los saludamos, reconocemos su esfuerzo, y los apoyamos.
Con la construcción de la Plancha 7 la Clase Obrera dio muestras de madurez revolucionaria, ese hecho marca el inicio de la superación de la etapa economicista y la entrada en la etapa de la conquista de la máxima reivindicación social y obrera: El Socialismo.
La Clase Obrera se coloca así decididamente al lado del único proyecto que le ofrece al pueblo humilde la posibilidad de redención.
El proyecto revolucionario que con las socializaciones avanza en lo económico, necesita con urgencia acompañar ese desarrollo con adelantos organizativos, sociales y políticos, pero sobre todo, y esto es imprescindible, necesita consolidar la ideología revolucionaria. Hoy es más cierta que nunca la clásica afirmación de que no es posible práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria.
La Clase Obrera, es el soporte natural de la ideología obrera, y sólo esta unión hace posible el Socialismo.
Un proceso revolucionario puede avanzar durante un período sin que se produzca el encuentro de la Clase Obrera con su ideología, de esa manera se pueden transitar las primeras etapas de una Revolución, pero es imposible avanzar hacia la consolidación del Socialismo sin una Clase Obrera conciente de su papel histórico.
Sólo la Clase Obrera conciente, puede ser partera de los grandes cambios que supone una Revolución, sólo ella puede impulsar los cambios profundos en la relación de propiedad de los medios de producción, y sólo ella puede llevar al resto de la sociedad las bondades de ese cambio.
La Clase Obrera no tiene compromiso con la propiedad nosocial de los medios de producción, al contrario, su explotación es consecuencia directa de esa forma contranatural de propiedad. Por eso la Clase Obrera es la clase revolucionaria, llamada a impregnar el proceso con su ideología revolucionaria.
En Venezuela la Clase Obrera ha sido víctima de los oligarcas y de sus cómplices sindicalistas, que traicionando su papel histórico la confinaron a las meras luchas reivindicativas, alejándola de toda lucha por sustituir al sistema de explotación.
Así pasaron muchos años, así acostumbraron a la Clase Obrera al inmediatismo de unas reivindicaciones siempre insuficientes, engañosas, y a no cuestionar al sistema, percibir las dificultades de forma aislada, cada fábrica, cada taller, y hasta cada obrero librando su propia batalla.
Ahora, con la Revolución Bolivariana la Clase Obrera es retada a pensar en grande, a superar la lucha reivindicativa, que tenía razón de ser como una forma de resistencia frente al oligarca, pero que al transformarse en costumbre devino en una adaptación, en una comodidad, que sólo favorecía a los sindicalistas, y llenaba de espejismos a los trabajadores.
La costumbre ejerce su influencia, cambiar es un proceso doloroso, nos ha costado abandonar los remansos, las caletas que daban seguridad.
Ha sido difícil cambiar los objetivos conocidos, y los métodos mil veces transitados para alcanzar esos objetivos, responder a la hermosa aventura de transformar al mundo, de cambiar las relaciones humanas.
Algunos trabajadores no han comprendido, no han tenido sentido del momento histórico, han extraviado el camino.
Unos prefirieron quedarse en las luchas reivindicativas, lo hacen con honestidad, pero así con buenas intenciones perjudican a la Revolución.
Otros son oligarcas y saben que la demagogia reivindicativa distrae al trabajador de su verdadero papel emancipador y la utilizan como arma contrarrevolucionaria. Y aquí se produce una paradoja, la reivindicación que en el capitalismo era justificada resistencia, hoy en plena Revolución se puede transformar en instrumento de los enemigos del proceso.
Los trabajadores agrupados en la Plancha 7 luchan por las reivindicaciones obreras tradicionales, pero incorporando esas luchas, enmarcándolas dentro de la gran lucha por el Socialismo, dentro de las grandes reivindicaciones de la sociedad toda.
Saben que el Socialismo es la única forma de romper con el círculo vicioso de luchas por reivindicaciones, conquista de esas reivindicaciones, alegría temporal, para descubrir mañana que las condiciones de existencia de los trabajadores no han cambiado, al contrario, el proceso de depauperación aumenta para la mayoría, y las amenazas de la exclusión son cada vez más fuertes.
Es correcto el camino que han emprendido los trabajadores agrupados en la Plancha 7, ese es el camino de la esperanza, todos debemos apoyarlos, dejar de lado mezquindades, cálculos egoístas.