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“…hemos llegado hasta aquí guiados por el Comandante Chávez, conductor de este hermoso e inesperado camino, el pueblo desposeído estableció con él la conexión amorosa, el sentimiento que precede a cualquier movimiento revolucionario.

Chávez es el camino recorrido y presagia el camino por recorrer, nuestros aciertos están en él, nuestros errores lo habitan, la suerte del pueblo desposeído será su historia. Esta conexión amorosa aparece, ya lo dijo el poeta, cada cien años cuando los pueblos despiertan.

El enemigo oligarca, el capitalista, el imperialista teme a esta conexión, le da terror su poder, sabe que un pueblo que pare a un líder está camino de su liberación, por eso enfila contra el Comandante toda su infamia, su crueldad".

  Por: Neftalí Reyes

 Todo hecho político debe estudiarse en sus múltiples relaciones, con el pasado, con el presente y con el futuro, sólo así podremos llegar a una aproximación de su comprensión, será la práctica la que confirme lo acertado del análisis.

Estamos en época de Enmienda, el Comandante, después de las elecciones regionales del 23 de noviembre de 2008, propone al país una Enmienda que haga posible su postulación para ser reelecto a la Presidencia de la República.

La propuesta estremeció el paisaje político: el plazo para la consulta es corto, treinta días prácticamente nos separan del hecho, los oligarcas fueron pillados fuera cuando todavía celebraran la captura de algunas posiciones, los bolivarianos se disponían ir al reposo ganado después del combate electoral, todos fueron llamados a un nuevo combate.

¿Cómo entender la propuesta?

La historia se mueve, entonces lo importante de un proceso es captar su movimiento, siendo así debemos analizar el movimiento de la Revolución Bolivariana.

La Revolución Bolivariana nace con metas democráticas, fue un movimiento honesto que procuraba adecentar el país, luchar contra la corrupción, repartir con justicia la renta, no reprimir, ampliar la democracia burguesa hasta sus límites.

Consigue romper y sustituir el cerco de dominación que durante medio siglo el pacto de punto fijo mantuvo sobre la nación y lo sustituye. Al principio fue un aluvión con ideología imprecisa, más guiada por el entusiasmo que por el rigor, la amistad privaba más que la afinidad ideológica.

Esta Revolución sucede en situación difícil, los revolucionarios estaban diezmados, unos se habían deslizado hacia el campo enemigo, otros deambulaban por territorios de deformaciones ideológicas, los más se retiraron a sus vidas a recordar las anécdotas que justificaban su existencia. En estas condiciones no había cuadros políticos, no se tenía clara la teoría, no existía organización.

Allí, en este desierto surge la Revolución Bolivariana , en medio de aquellas dificultades la guiaba la honestidad, el altruismo, el amor. Y aquí hay una gran enseñanza de la Revolución : “En una Revolución antes que la teoría están los sentimientos. Es verdad que sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria, pero también es verdad que sin sentimiento revolucionario la teoría es infecunda”.

El sentimiento, las ganas de hacer, el impulso de cumplir la movió en sus primeros tiempos, y comenzó en avance desordenado, o mejor, con el orden revolucionario que no comprenden los timoratos y, en ese avanzar comenzó el choque con los defensores del pasado.

Se empezaron a cumplir las promesas, el gobierno no era sumiso a la oligarquía, se equivocaba solo, entregaba cuentas a los humildes, sus ministros no eran consultados con la élite, construía leyes sin anuencia de los poseedores, la embajada gringa no era consultada, se hablaba con el pueblo en asamblea, la Avenida Bolívar devino en ágora.

Eso fue suficiente, la oligarquía enfilo sus garras contra la insubordinación, y vino el combate, y en la batalla la Revolución empezó a caminar y a aprender. Entendió que Bolívar tenía razón, el imperio está destinado por la providencia para llenarnos de oprobio, que la Revolución no podía cumplir sus promesas bajo la tutela del imperio, y fue honesta, se hizo antiimperialista y profundizó su bolivarianismo.

En su búsqueda se topó con el Socialismo y lo sintió Esperanza de los pueblos, y lo proclama, igual que gritan los niños los descubrimientos del asombro, y con la candidez de los honestos comenzamos el rumbo al Socialismo, y topamos de nuevo con los capitalistas, los oligarcas nos hicieron la guerra, pero ahora no fue frontal, los dardos y los cañones se dirigían al corazón, al alma del pueblo para confundirlo.

Las líneas del Socialismo se comenzaron a marcar con nitidez en el horizonte, cada día sabemos con más precisión qué es lo que queremos, quiénes son nuestros aliados, y quiénes nuestros enemigos.

Ahora sabemos que el sentimiento debe soportar la teoría necesaria, que sentimiento sin teoría es también inútil.

De allí venimos, esta es nuestra historia, esto somos, hemos llegado hasta aquí guiados por el Comandante Chávez, conductor de este hermoso e inesperado camino, el pueblo desposeído estableció con él la conexión amorosa, el sentimiento que precede a cualquier movimiento revolucionario.

Chávez es el camino recorrido y presagia el camino por recorrer, nuestros aciertos están en él, nuestros errores lo habitan, la suerte del pueblo desposeído será su historia.

Esta conexión amorosa aparece, ya lo dijo el poeta, cada cien años cuando los pueblos despiertan.

El enemigo oligarca, el capitalista, el imperialista teme a esta conexión, le da terror su poder, sabe que un pueblo que pare a un líder está camino de su liberación, por eso enfila contra el Comandante toda su infamia, su crueldad.

La oligarquía ha obtenido éxitos en el combate contra la Revolución , encontró flancos débiles y por allí se cuela. Nuestra debilidad ideológica es uno de ellos, nuestra estructura cultural de país rentista es otro.

En estas condiciones llegamos a la propuesta de Enmienda. Se trata de despejar el camino, consolidar la unidad de los revolucionarios, consolidar la conexión amorosa, ratificar al Comandante, preservar al líder, prepararnos para avanzar, para continuar en el camino de redención, para concretar la Esperanza , hacer las rectificaciones que todos sabemos tenemos que hacer.

En esta encrucijada el pueblo desposeído puede tomar dos caminos , cada uno de nosotros puede tomar una de dos decisiones: o apoya a la Enmienda y va a votar por ella, o no la apoya.

En el primer caso, si la apoyamos, fortalecemos al Comandante y a la Revolución , nos colocamos en situación de profundizar el Socialismo.

Fortalecemos las opciones, las propuestas revolucionarias, la ideología revolucionarias, y la preparamos para entrar con fuerza en la profunda lucha ideológica que dentro de la Revolución tendrá lugar.

Fortalecemos a la Revolución , nos preparamos para el enfrentamiento contra las oligarquías globalizadas que se oponen a los pueblos que intentan construir su futuro independiente de los grandes centros capitalistas. No olvidemos que el imperio del norte está allí cerca padeciendo una descomunal crisis estructural, el monstruo está herido de muerte pero aún tiene fuerza para llevarnos con él al abismo, el imperio agoniza y necesita de nuestras riquezas para prolongar sus tiempos finales.

El imperio intentará trasladar su crisis a los pueblos periféricos, apropiarse de sus riquezas, nada le es más inconveniente en estos momentos que gobiernos independientes, que muestren otra visión de ver el mundo, que pregonen el Socialismo, contra ellos, contra nosotros enfilarán sus más terribles armas. Serán vencidos, pero a condición de estar unidos, marchar con fuerza por el camino del cambio socialista y preservar al líder.

Aprobar la Enmienda , es tomar este camino de redención, decirle al mundo que somos un pueblo digno herederos de nuestros Libertadores, un pueblo hecho para lo grande, ejemplo para la humanidad, dispuesto a defender el derecho a decidir su futuro y a construir el Socialismo.

La otra opción, negarle el apoyo a la Enmienda por la causa que sea y de la forma que sea, nos colocará en el túnel oscuro que conduce al pasado, y regresar al pasado es convertirnos en un pueblo débil a merced del imperio y de las oligarquías internacionales y nacionales.

Privatizarán todo: desde PDVSA hasta el agua, la Faja del Orinoco, la telefónica, la electricidad. La riqueza nacional será expoliada por el imperio, de nuevo el petróleo irá al norte a precios viles, y de allá vendrán productos a precios de rapiña.

El pueblo regresará a la miseria material y espiritual, aumentarán los excluidos, la clase media desaparecerá, aumentará la delincuencia, volverá el hambre masiva, la educación volverá a ser elitezca, prohibitiva para las grandes mayorías, la salud será un privilegio de pocos, la desnutrición volverá.

La represión será la manera de mantener un precario control social, volverán las cárceles para los luchadores sociales.

Los medios tendrán libertad para narcotizar a la sociedad, para embrutecerla, la ficción suplantará a la realidad.

Pero sobre todo, más allá de todas estas calamidades se acabará la Esperanza , nos transformaremos en un pueblo triste, gris, sin Esperanza de redención, volverá la guerra de todos contra todos, el sálvese el que pueda. Comenzará la disolución de la sociedad.

Está claro que ahora, dentro de treinta días, en febrero tendremos que escoger uno de estos caminos.