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LA ABSTENCIÓN

  La ambigüedad pequeño burguesa que habita a la Revolución , que coquetea con el capitalismo y persigue a los revolucionarios, es causa de confusión, y a la confusión sucede el desencanto y la abstención.

 No saber diferenciarnos del proyecto oligarca, dar sólo la batalla en su mismo campo, en el perfeccionamiento de la democracia burguesa, no haber presentado el Socialismo como una superación de la hipocresía oligarca y como la construcción de la verdadera democracia, conformarnos con los triunfos dentro de la reglas oligarcas, conformarnos con los simples números, y abandonar la formación de conciencia, ha sido un error que contribuye a la abstención.

  Por: Neftalí Reyes

El Comandante ha señalado a la abstención como un peligroso enemigo, la alerta es indiscutible, los números son claros, la abstención alcanza a millones. Debemos combatirla.

Lo primero que tenemos que preguntarnos en este empeño, es:

¿Cuáles son las causas de la abstención?

La abstención no es producto de una mera deficiencia de movilización, si así fuera la solución sería técnica y relativamente fácil.

Las causas de la abstención son muchas y complejas, adelantemos unas que consideramos principales:

Es una disminución drástica de la emoción en las bases nuestras, producida por una incomprensión de las características de una Revolución que sucede en medio de una profunda lucha de clases, con diversas corrientes ideológicas conviviendo en su seno, corrientes reaccionarias junto a la revolucionaria.

Siendo así, el comportamiento de la Revolución y de los revolucionarios no es homogéneo, la Revolución ocurre con vaivenes, errores la mayoría de las veces injustificados y evitables, comportamientos errados de los funcionarios, derroche, corrupción, todos los vicios del pasado se muestran en la Revolución. No entender esta característica de la Revolución trae desencanto en las masas, no haber sabido incorporarlas a su corrección ha sido una falla de la Revolución y es causa de desencanto y abstención.

La ambigüedad pequeño burguesa que habita a la Revolución , que coquetea con el capitalismo y persigue a los revolucionarios, es causa de confusión, y a la confusión sucede el desencanto y la abstención.

 No saber diferenciarnos del proyecto oligarca, dar sólo la batalla en su mismo campo, en el perfeccionamiento de la democracia burguesa, no haber presentado el Socialismo como una superación de la hipocresía oligarca y como la construcción de la verdadera democracia, conformarnos con los triunfos dentro de la reglas oligarcas, conformarnos con los simples números, y abandonar la formación de conciencia, ha sido un error que contribuye a la abstención.

Para combatir la abstención, debemos a la par de organizar la movilización, corregir los errores cometidos. Esta es una parte importante de la batalla que nos permitirá estar en condiciones de atacar la embestida enemiga.

Los oligarcas se apoyan en los miedos ancestrales para minar la confianza en la Revolución. Se valen de sus poderosos medios de deformación, siembran falsos valores, mienten y confunden, inducen a nuestra abstención.

La Revolución tiene la ventaja, sus ideas son justas, el camino propuesto nos conduce a la redención, la causa es la causa de los humildes, tenemos todo para triunfar, debemos exponer nuestra ideología sin ambages, sin medias tintas.

El campo revolucionario debe ser firme en sus creencias, definido. Instalar los nuevos valores socialistas en el pueblo y por sobre todo convocarlo a batallas que lo emocionen, proponerles metas por las que valga la pena luchar, hacerlo entender que el destino está en las manos del pueblo organizado, disciplinado, conciente. Luchar contra la ambigüedad y las manifestaciones anarcoides.

Actuando así, emocionaremos al pueblo y derrotaremos la abstención y a los oligarcas lacayos del imperio.

La Revolución tiene en su base más intima a la emoción, no es pensable una Revolución fría, sesuda, que controle todos los números, que se decida en las curvas de crecimiento, que no emocione, esa sería una pretensión de salón, de academia.

La Revolución es un acto sentimental de un pueblo que establece una sólida conexión amorosa con su dirigente, sin esta condición no hay Revolución.

Sería un error de gran monta descuidar el sentimiento. Hoy que disputamos una Enmienda inédita, cuando decidimos la suerte del Comandante, no podemos cometer el error de reducir la campaña a los fríos números de nuestros logros, nadie cambia de parecer porque vio un gráfico donde en lugar de un millón, ahora hay tres millones quinientos doce mil beneficiados. Tampoco podemos reducir la campaña al frío debate jurídico. Eso sería un error

Debemos basar la campaña por la Enmienda en el sentimiento, en la conexión amorosa entre el pueblo y su líder. Es allí donde esta la fuerza de la Revolución y es eso lo que en definitiva está en disputa.

Nosotros debemos situar la batalla en su justo escenario. Los primero que hay que hacer, sin complejos, es resaltar las virtudes del líder, más que del líder las virtudes de la conexión amorosa.

La conexión amorosa es condición previa para cualquier Revolución, no es posible emprender el camino de redención sin ella.

Y la primera condición para que se establezca, es la confianza. El pueblo debe tener confianza en el líder. La segunda condición es la consecuencia del líder, y no se puede ser consecuente sin ser guiado por "profundos sentimientos de amor" , y por una teoría que apuntale este sentimiento.

El establecimiento de la conexión es difícil ocurre pocas veces en la historia, necesita la existencia de condiciones excepcionales: un líder que se gane el corazón del pueblo y que no lo traicione, y un pueblo que se enamore de su líder y no caiga en las manipulaciones de los oligarcas para que lo abandone.  

Al cumplir estas condiciones, la revolución ha dado un gran paso, se ha consolidado el núcleo. Aquí comienza el camino, lleno de peligros, de errores, aprendizajes, de ensayos, pero siempre avanzando guiados por el sentimiento amoroso, por la confianza mutua pueblo-líder.

Así todos los obstáculos se pueden superar, y sólo así, con la fuerza descomunal de esa la conexión,  se puede pensar en fundar nuevos mundos.

 El oligarca lo entiende y enfila sus armas contra esa conexión, tratan de desprestigiar al Comandante, de romper la conexión, de sembrar desconfianza. Se disfrazan de amigos del pueblo, ellos que desprecian a los humildes y los miran con vértigo desde sus atalayas. Se disfrazan de bolivarianos, ellos que son herederos de sus asesinos. De todo intentan para romper la conexión, el nexo.

Si lo logran dejarán al pueblo inerte, desarmado en manos de la manipulación de sus verdugos.

En esta lucha por la Enmienda , que es la lucha por la reconstrucción social, debe ser incorporado el pueblo humilde, ninguna acción será exitosa sin el acompañamiento de la masa, esa debe ser la medida.

Debemos combatir las soluciones burocráticas, las movilizaciones de escritorio, que cubren los requerimientos mediáticos pero no llegan al corazón del pueblo, debemos desechar el  planilleo que sustituye a la gente de carne y hueso.

Es necesario combatir las soluciones de aparato, que se cumplen sin pueblo, la organización es un vehículo para llegar al corazón del pueblo, de la masa, no se justifica a sí misma, sola no tienen razón de ser, ese es una desviación que debemos siempre tener en cuenta.

También debemos rechazar las acciones de aparatos anacrónicos que realizan acciones pseudos militares, propias del desespero, que sólo contribuyen a aislarnos y a darle al enemigo justificaciones para sembrar sus miedos.

La Enmienda pone al descubierto nuestra esencia, en esta batalla aflora lo que tenemos de bueno, y las fallas, de los dirigentes y también del pueblo.  Es necesario ganar, desbrozar el camino de la Revolución , crear condiciones inmejorables para deshacer entuertos, corregir rumbos, entonces, haremos, exigiremos las rectificaciones necesarias.

Llegó la hora de la lealtad, la orden del día para el pueblo de Bolívar es: " no dejar solo al Comandante, el pueblo debe ser leal consigo mismo, proteger a la conexión amorosa, al líder, no entregar al Comandante.

A la Enmienda vamos con la misma pasión  con la que el pueblo acompañó al Libertador en Carabobo, en El Paso de Los Andes.