DS: Nuestros pronósticos indican que en Venezuela hay una alta probabilidad de iniciarse un período fascista, ¿cuáles cree usted que pudieran ser los signos pre-fascistas en la población?
AE: Yo pienso que los sectores más reaccionarios en Venezuela suelen utilizar cualquier cosa que ocurra para poder dañar la imagen del gobierno y en especial la del Presidente Chávez.
Lo que nosotros vivimos aquí en Chile antes del golpe fueron etapas bien diferenciadas, después del triunfo en el cual hay una gran participación popular, tanto orgánica como espontánea, le dio a la gente un sentido de pertenencia, un sentido de decir: “ahora sí, esto es nuestro”, con la alegría subsiguiente, es decir, se sentían con derecho porque los cambios que se dieron -aunque no fueron profundos pero si suficientes- le daban protagonismo a las personas. Imaginémonos un hospital donde la estructura jerárquica era desde el director, médicos, enfermeras, auxiliares hasta llegar a los empleados de servicios; de pronto se tuvo que constituir un consejo donde el empleado de servicio está sentado al lado del médico y sus opiniones eran tan válidas como las del médico, eso da un sentido de pertenencia, de participación y de identificación que fueron muy importantes. Esto llegó hasta octubre del año 1972 cuando con un claro intento de forzar al máximo la situación y ver la posibilidad de quiebre del gobierno, se da inicio al paro patronal, el paro de los camioneros, de los colegios de profesionales, de los comerciantes, etc.
Hasta ese momento el estado ánimo de la gente en los campos, en las fábricas, en todos los sectores y tomando en cuenta el nivel de división en el país, sin embargo, los sectores de la pequeña burguesía todavía no estaban ganados por la derecha, ciertamente había insatisfacción, frustración, aún cuando habían tenido mejoras económicas importantes, pero lo que ellos no veían era la expectativa de futuro, de comprar, de consumir mercancías de todo tipo. Sobre esa insatisfacción trabajan los aparatos de inteligencia de los Estados Unidos y los equipos que asesoraban a la derecha insistiendo y creando un ambiente de inseguridad y de temor, temor al hambre, a la pérdida.
Una vez que se implanta el temor en esos sectores, entendiendo que estos sectores son proclives a adherirse a cualquier cosa que les de seguridad, porque los sectores de la pequeña burguesía son más que cobardes, son muy vulnerables, son muy frágiles en temas como la seguridad ciudadana, la seguridad con respecto a los recursos y eso hacía que las campañas de terror que la derecha impulsó, campañas que son psicológicas en gran medida aunque estén acompañadas de algunas acciones, como las acciones de patria libertad y algunos otros grupos de derecha como atentados, etc. Estas acciones tenían un objetivo claro: crear el terror en la población. Por ejemplo, el asesinato del Comandante Arturo Araya, Edecán Naval del Presidente Salvador Allende, el 27 de julio de 1973, tenía más allá del objetivo estratégico de eliminarlo, desde el punto de vista psicológico era para generar en la población chilena un ambiente de inseguridad y terror.
Después del paro patronal la respuesta del gobierno fue incorporar en varios ministerios a los militares, esta política desalienta a mucha gente, a lo que se le sumó el fuerte ataque de la derecha.
El período entre el año 1970 – 1972 fue de reagrupación de fuerzas de los sectores más reaccionarios con el apoyo y la asesoría de la CIA, en ese período logran armar y fortalecerse algunos sectores estratégicos como el sector camionero que, por la geografía de Chile, es un sector estratégico para el abastecimiento de alimentos desde y hasta las regiones; otro sector importante son los colegios de profesionales que son entrevistados, opinan, hablan y son escuchados por el pueblo porque hay cierto reconocimiento. Van armando todo ese andamiaje teniendo como eje el Mercurio y sus cadenas de radio que son los que articulan todo esto y transforman la información en una herramienta de construcción de fuerza ideológica y de fuerza social.
Esto se acompañaba por un debilitamiento de la conducción política del proceso producto de las inseguridades del Presidente Allende y de la alianza, así como, de las divergencias que había incluso en el seno de la Unidad Popular, de la incapacidad, la organización equivocada y la desvalorización de las fuerzas que tenían los sectores radicales dentro de las Fuerzas Armadas.
El trabajo que se había hecho al interior de las Fuerzas Armadas era muy incipiente, todavía no había las condiciones en las cuales las Fuerzas Armadas se fracturaran en dos partes que pudieran ser aliados en cada una de las fuerzas, sumado a esto, la desmovilización progresiva de los sectores populares, la ausencia de una conducción clara, la indefinición sobre si se estaba dispuesto a defender el proceso por la vía de las armas. Allende como presidente no podía llamar a la defensa del proceso por la vía armada por su condición de presidente constitucional y, por su parte, los partidos políticos de izquierda tuvieron una conducta muy ambivalente en el sentido de que el partido comunista y el partido socialista habían formado alguna pequeña fuerza militar, pero no tenían una política militarista. Con esa fuerza militar que tenían podían defender a algunos dirigentes de izquierda en algún enfrentamiento, pero no podían movilizar al pueblo, y al pueblo no se le podía decir de la noche a la mañana: ¡miren agarren los fusiles porque hay que defender este gobierno!
DS: Usted dice que el comportamiento del campo revolucionario era un comportamiento escéptico frente a las dudas, a las vacilaciones del gobierno, y el comportamiento de la derecha es que pueden aceptar todo en búsqueda de la seguridad.
AE: Yo diría más bien los sectores de la pequeña burguesía, que aquí son muy importantes como estamento social y que tienen opinión. Ahora, no toda la pequeña burguesía se plegó a los sectores golpistas y hubo sectores progresistas que se sumaron al movimiento popular y estuvieron presentes en muchas cosas. Me parece bien importante tratar de comprenderlo, los sectores de la pequeña burguesía, no porque ellos vayan a dirigir ideológicamente un proceso, sino porque son sectores que pueden ser en buena parte ganados también si tenemos una política adecuada, es decir, no es un sector que uno pueda gratuitamente entregárselo a la burguesía y a la derecha más reaccionaria aun cuando son débiles y que no son revolucionarios, eso es sumarle fuerza al enemigo y yo creo que hay que tratar de ver cuáles son las motivaciones en cada momento de estos sectores.