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«PIENSEN sobre esto. Nosotros les pedimos a estos hombres y mujeres que dejaran a sus familias, que interrumpieran sus carreras, que arriesgaran sus vidas por nuestra nación. La última cosa que ellos debieran tener que hacer es luchar por un trabajo cuando regresen a casa».

Suenan justas las palabras de Barack Obama, pero son parte de las mentiras de sus muchas guerras, porque ya le pertenecen al Nobilísimo desde el mismo instante que no concluyó las que prometió terminar, y por el contrario ha iniciado otras nuevas: la más reciente enviando un centenar de hombres de las fuerzas de operaciones especiales a «terminar» con una tropa guerrillera cristiana en Uganda… y hay quienes recuerdan que más o menos así comenzó Vietnam.

El asunto es que los hombres y mujeres enrolados como militares con promesas de que también saldrían bien preparados y entrenados para el mundo del trabajo, lo que les garantizaría de por siempre un buen empleo, aparecen en los numeritos del Buró de Estadísticas Laborales con índices mayores que el segmento civil, pero en la columna de los desempleados. Los nuevos veteranos sin trabajo están en el rango del 11,7 por ciento, mientras el nivel general estadounidense es del 9,1 por ciento.

Ni la promesa obamaniana de dar incentivos en las tasas de impuestos a los empleadores que lleven a sus nóminas a veteranos, ni los llamados patrioteros hacen que mejoren esas cifras, mucho menos cuando Estados Unidos «se encuentra en el periodo más largo de alto desempleo en toda una generación», como lo calificaba un periodista del Washington Post, quien abordaba el tema desde la perspectiva de que no se entienden las habilidades y aptitudes de los veteranos de guerra y su aplicación fuera del campo de batalla.

Las palabras y promesas se convierten en pura retórica cuando se enfrentan a la realidad del mundo de los negocios y las corporaciones, donde lo único que interesa son las ganancias y por tanto se arriba y se mantiene en él quien aporte más a los bolsillos del capital.

Esta prolongación de las vicisitudes de las guerras al terreno civil conducen a otras estadísticas: el alto número de efectivos que sufren las lesiones físicas de sus heridas en los conflictos bélicos, sino aquellos que tienen seriamente dañadas su psiquis.

Un estudio reciente de Veterans for Common Sense (Veteranos por un Sentido Común) ha demostrado que cerca del 20 por ciento de los soldados regresados de Iraq o de Afganistán sufren problemas de salud mental, y si se trata de aquellos que estuvieron en esas dos guerras solo en el acápite de Enfermedades de Stress Post Traumático (PSTD) el índice asciende al 30 por ciento.

En cifras casi exactas, el grupo de veteranos activistas calcula que para finales de 2013 habrá más de un millón de ex militares en esa condición, según informó Paul Sullivan, su director ejecutivo, y están hablando de dos guerras imperiales –iniciadas por W Bush, el hijo, y prolongadas por Obama cuando llegó a su décimo año de destrucción, muerte y mutilaciones-, en las cuales han servido hasta el momento dos millones de efectivos, y 941 743 de ellos han servido por lo menos dos veces en las zonas de combate.

Como estamos en el campo de los números, los altos costos para quienes son la carne de cañón incluyen 109 000 heridos desde comenzaron los combates, 6 200 muertos, entre ellos 298 suicidados en zona de guerra, mientras 2 293 se quietaron la vida estando en servicio activo desde 2001, año cuando invadieron Afganistán; se desconoce el número de los veteranos suicidados…

En un comentario a los numerosos artículos sobre estos temas, un lector preocupado y conocedor decía: «Aquellos que comenzaron estas guerras no tenían ni idea sobre los potenciales efectos a largo plazo de las condiciones impuestas sobre nuestras tropas, o tenían la esperanza de que todo podría acabar pronto, y no sería un problema. ¿No fue Benjamín Franklin quien dijo que los costos reales de una guerra no ocurrían durante el momento de la guerra sino años y años más tarde? El señor Franklin es un hombre sabio».

Pero quienes hacen las guerras, no… Y se ignoran los hechos o se miente cuando en una declaración por el año 10 de Afganistán, el presidente de EE.UU. dijo: «Gracias al extraordinario servicio de estos norteamericanos, nuestros ciudadanos están seguros y nuestra nación está más segura».