
Clase y nación
En nuestra América, liberarnos entonces de la dominación colonial, neocolonial e imperialista presupone al mismo tiempo construir la Patria Grande. No habrá liberación nacional sin emancipación social y jamás lograremos reorganizar la nueva sociedad sobre bases no capitalistas ni mercantiles si al mismo tiempo no logramos constituir ese proyecto inacabado de Patria Grande, rompiendo con toda sumisión y dependencia. No hay ni puede haber dos “etapas” separadas (como le gustaba repetir al señor Stalin) ni dos revoluciones diferentes: el proceso de la revolución latinoamericana es y deberá ser al mismo tiempo socialista de liberación nacional, es decir, de liberación continental. La dominación de clase y la cuestión nacional no conforman procesos escindidos en tiempo y espacio sino hilos de un mismo tejido social que se conformó de esa forma —subordinada al sistema capitalista mundial a través de sus socios locales, las burguesías lúmpenes y dependientes— desde nuestros inicios históricos.
Por eso Mariátegui —el primer marxista de Nuestra América— pudo escribir un siglo después de Bolívar que “La misma palabra Revolución, en esta América de las pequeñas revoluciones, se presta bastante al equívoco. Tenemos que reivindicarla rigurosa e intransigentemente. Tenemos que restituirle su sentido estricto y cabal. La revolución latinoamericana, será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente, la revolución socialista. A esta palabra, agregad, según los casos, todos los adjetivos que queráis: «antiimperialista», «agrarista», «nacionalista-revolucionaria». El socialismo los supone, los antecede, los abarca a todos”1.
Ese es precisamente el programa bolivariano y mariateguista que retoma y actualiza Ernesto Che Guevara en el último de sus mensajes al mundo, oportunidad en la que partiendo de su experiencia concreta al frente de la Revolución Cubana sintetiza su interpretación sociológica e historiográfica de la historia de Nuestra América, de donde deduce un proyecto estratégico y político a futuro: “Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo —si alguna vez la tuvieron— y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución.”2.
Hoy, en el siglo XXI, ya está completamente fuera de discusión que ese proyecto mariateguiano y guevarista de revolución socialista continental o, en otras palabras, ese proyecto de Patria Grande antiimperialista y socialista al mismo tiempo, está inspirado directamente en el ideario independentista bolivariano.
El «Bolívar» de Marx
Sin embargo no podemos ni debemos desconocer las agudas tensiones que marcaron la relación entre el universo cultural inspirado en los sueños libertarios de Simón Bolívar y la lectura política que se deriva de la concepción materialista de la historia y la filosofía de la praxis cuyo padre fundador ha sido Karl Marx.
Varios problemas pasaron a la herencia del movimiento revolucionario latinoamericano y mundial debidos al tan poco feliz artículo escrito por Marx a fines de 1857 y comienzos de 1858, mientras redactaba la primera versión de El Capital, hoy conocida como los Grundrisse (cuya redacción sólo interrumpe momentáneamente por necesidades económicas). En aquel trabajo periodístico-biográfico Marx se esfuerza por denostar a Bolívar hasta el límite que le permite su prosa, envolviéndolo en una suerte de bonapartismo reaccionario3.
En la gestación del artículo incidieron diversas variables. Para sobrevivir exiliado en Londres, Marx comienza a trabajar como periodista, colaborando a la distancia en el New York Daily Tribune —por entonces uno de los periódicos más leídos de EEUU— por invitación de Charles Anderson Dana [1819-1897]. En su correspondencia Marx reconoce que ese trabajo es realizado por necesidad: “El continuo estercolero periodístico me aburre. Me ocupa mucho tiempo, dispersa mis esfuerzos y, en último análisis, no es nada [...] Las obras puramente científicas son algo completamente diferente”. No obstante, esos artículos le permiten ampliar la mirada y desprenderse de muchos tics eurocéntricos que habían teñido su prosa en años anteriores4. Algunos escritos y artículos del período los incorpora, incluso, a El Capital. Engels lo ayuda (redactando textos que Marx firma para cobrarlos). En total, el Tribune publica 487 artículos de Marx: 350 escritos por él, 125 por Engels y 12 en colaboración. Marx mantiene ese vínculo periodístico desde 1851 hasta 1862.
En abril de 1857 Charles Dana invita a Marx a colaborar también sobre temas militares en la Nueva Enciclopedia Americana (comprende 16 volúmenes y más de 300 colaboradores). En total, la Enciclopedia publica 67 artículos de Marx y Engels, 51 de ellos escritos por Engels (con investigación de Marx en el Museo Británico). La colaboración de ambos no pasa de la letra “C”. Entre otros, Marx escribe el capítulo “Bolivar y Ponte” sobre el libertador americano (aproximadamente entre septiembre de 1857 y enero de 1858. 5).
Como ya señalamos, Marx realiza una evaluación sumamente negativa de Bolívar. No comprende su papel de primer orden en la emancipación continental del colonialismo español ni su proyecto de construir una gran nación latinoamericana («la Patria Grande» en el lenguaje de Bolívar).
Resulta más que probable que las fuentes historiográficas —férreamente opositoras al líder independentista— que Marx encuentra en el Museo Británico y en consecuencia utiliza tiñan su sesgado análisis. Para investigar, Marx recurría siempre a las bibliotecas públicas y en ellas sólo encontró esa bibliografía disponible.
Su pequeño ensayo biográfico se basa principalmente en los trabajos del general francés H.L.V. Ducoudray Holstein (que llevan por título Memorias de Simón Bolívar, presidente Libertador de la República de Colombia, y de sus principales generales; historia secreta de la revolución y de los hechos que la precedieron, de 1807 al tiempo presente. Boston, 1829); en las Memorias del general Miller al servicio de la República del Perú de los hermanos británicos William y John Miller (Londres, 1828 y 1829, dos volúmenes) y en los trabajos del coronel británico Gustavo Hippisley (tituladas Una narración de la expedición a las riberas del Orinoco y e Apure, en Suramérica; la cual salió en Inglaterra en noviembre de 1817, y se integró a las fuerzas patrióticas en Venezuela y Caracas.Londres, 1829). Todos ellos son soldados europeos que, por diversos motivos, mantuvieron conflictos personales con Bolívar6.
Analizando críticamente esas mismas fuentes pertenecientes a “tres autores conocidos y considerados como los mayores desertores de la Legión Británica” y tratando además de sistematizar ese injustificado ataque de Marx en toda la línea, Vicente Pérez Silva enumera las acusaciones contra el libertador que bosqueja la pluma de Marx: a) oportunismo, b) cobardía, c) traición, d) realismo, e) fanfarronería, f) deserción, g) imprevisión, h) irresponsabilidad, i), venganza, j) tendencia o gusto por la dictadura, k) incapacidad, l) indolencia y finalmente m) ambición7. De todas ellas no se deriva sino una opinión prejuiciosa, que realmente asombra pues ese estilo de escritura y de investigación se encuentra ausente en el 99% de la obra de Marx, paradigma universal si los hay de lo que debe ser un investigador científico y crítico.
Para justificar la superficialidad o lo erróneo de esos juicios históricos de Marx se ha subrayado que su autor escribió esas líneas sobre Bolívar con extrema rapidez y únicamente con el fin de ganarse el pan, robándole tiempo a lo que más le interesaba en ese momento que era comenzar a redactar nada menos que El Capital, lo cual no deja de ser cierto. Sin embargo, el objetivo alimenticio-salarial no resulta suficiente para legitimar esa incomprensión prejuiciosa pues el mismo Marx le confiesa a Engels que el editor Dana le ha reprochado el “estilo partisano” empleado en el mencionado artículo8. Es decir que Marx no escribe así respondiendo a una demanda de su empleador —como suele suceder en el periodismo comercial— sino por decisión propia, incluso contrariando la opinión de su editor, quien se queja y le reprocha dicho ataque9.
Esforzándose por indagar una razón más profunda de este desencuentro de Marx con Bolívar, Ana María Rivadeo sostiene: “La historia de América Latina se caracteriza, en efecto, en ese momento, por la ausencia de una voluntad nacional y popular de las elites criollas que habían encabezado la independencia. Esta debilidad de las elites, aunada a la ausencia de masas populares con un proyecto autónomo, configuran una situación histórica que no favorece la apertura, en el pensamiento de Marx, de un horizonte de búsqueda teórica análogo al que ya había considerado para otros procesos, o a los que consideraría en el futuro— Irlanda, Rusia”10.
De todos modos, justo es subrayar y destacar que en su discutible escrito sobre Simón Bolívar, aun lleno de dudosas e ilegítimas impugnaciones contra el libertador americano, Karl Marx no deja de reconocer que “La intención real de Bolívar era unificar a toda América del Sur en una república federal”11.
Notas:
1.Véase José Carlos Mariátegui “Aniversario y balance” [Editorial de la revista Amauta, N°17, año II, Lima, septiembre de 1928]. En el apéndice a nuestro libro Introducción al pensamiento marxista. Buenos Aires, La Rosa Blindada, 2003. p. 181.
2. Véase Ernesto Che Guevara: “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental” [16/4/1967]. En el apéndice a nuestro libro Introducción al pensamiento marxista. Obra citada. p.241 y en Obras. Casa de las Américas, 1970. En términos generales, la idea de León Trotsky para el futuro de Nuestra América no era muy distinta de esta lectura bolivariana del Che Guevara, donde la clave de la liberación reposaría en la unidad continental y en la revolución socialista, aunque Trotsky lo planteara en un estilo literario y con términos no siempre habituales en la cultura política de América latina. “Por los Estados Unidos Soviéticos de Sud y Centro América”. Véase León Trotsky. Escritos latinoamericanos. Buenos Aires, CEIP, 1999. “El futuro de América Latina” [1940]. pp. 156-157.
3. Véase Karl Marx: “Bolívar y Ponte”. Originalmente publicado en el Tomo II de The New American Cyclopedia y reproducido en Karl Marx y Friedrich Engels: Materiales para la historia de América Latina [preparación y notas del traductor Pedro Scaron]. México, Siglo XXI, 1975.
4. Sobre el eurocentrismo en la escritura juvenil de Marx y su posterior superación y cambio de paradigma en la madurez véase nuestro Marx en su (Tercer) Mundo. Buenos Aires, Biblos, 1998 (reedición cubana posterior La Habana, Juan Marinello, 2003). Particularmente el último capítulo.
5. El margen de imprecisión de cuatro meses para ubicar la redacción del ensayo deriva de las discordancias entre los biógrafos que han tenido acceso a los originales.
6. Véase la extensísima nota Nº25 de Pedro Scarón donde analiza en detalle cada una de las fuentes utilizadas por Marx, en Karl Marx y Friedrich Engels: Materiales para la historia de América Latina [preparación y notas del traductor Pedro Scaron]. Obra citada. Nota 25, pp.105-108, particularmente 106.
7. Véase Vicente Pérez Silva “Bolívar visto por Carlos Marx”. En Simón, Quijote de América. Antología de ensayos sobre Simón Bolívar. Presentación y compilación a cargo de Juvenal Herrera Torres. Caracas, Instituto Municipal de publicaciones de la Alcaldía Municipio Libertador, 2005. pp. 246-247.
8. Véase Carta de Marx a Engels del 14 de febrero de 1858, en Karl Marx y Friedrich Engels: Materiales para la historia de América Latina [preparación y notas del traductor Pedro Scaron]. Obra citada. p.94.
9. Véase José Aricó: Marx y América Latina. Buenos Aires, Catálogos, 1988. Véase Ernest Mandel: La formación del pensamiento económico de Karl Marx de 1843 hasta la redacción de «El Capital». Madrid, Siglo XXI, 1974. p. 135). Véase J. A. Ramos: “Bolivarismo y marxismo” [ 1968]. En su libro Marxismo de Indias. Barcelona, Planeta, 1973. pp. 207 y 216.
10. Véase Ana María Rivadeo: El marxismo y la cuestión nacional [tesis de doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México dirigida por Adolfo Sánchez Vázquez]. México, UNAM, 1994. p. 72. El planteo de Rivadeo no deja de ser útil, sugerente, riguroso y puntilloso en la reconstrucción de las fuentes de Marx, sin embargo por momentos su trabajo académico —desarrollado en plena euforia de lo que académicamente se dio en denominar “la crisis del marxismo”— permanece demasiado pegado al relato de Aricó, Portantiero y otros ensayistas del mismo grupo intelectual (ya por entonces ex marxistas o conversos a la socialdemocracia) que a su vez eran deudores del historiador Halperín Donghi y otros profesores de no pocas simpatías liberales. De allí que por momentos la autora termine subestimando esa supuesta “falta de voluntad nacional” en las masas populares latinoamericanas... ¿cómo explicar entonces la persistencia de las luchas de emancipación a nivel continental durante dos siglos a pesar de tantas represiones, genocidios, golpes de estado, intervenciones norteamericanas y dictaduras militares?
11 Véase Karl Marx: “Bolívar y Ponte”. Obra citada. pp.90-91.