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POR: MANUEL CABIESES DONOSO

Periodista chileno, director de la revista Punto Final y Director Honorario de Debate Socialista . Vivió en Venezuela entre 1959 y 1964. Trabajó en el diario El Nacional , donde fue premiado por su labor. Realizó con Miguel Otero Silva varias entrevistas conjuntas a personajes como Arturo Uslar Pietri y otros.

“Si usted, lector, no encuentra una noticia no es culpa nuestra”. (Mancheta de El Nacional , 11 de diciembre de 1962).

Miguel Otero Silva, en efecto, representa los mejores valores del periodismo latinoamericano que eligió ponerse al servicio de la verdad y de la lucha emancipadora de los pueblos. Con ese propósito logró hacer del diario que fundó su padre en 1943, el gran periódico de Venezuela. El Nacional se convirtió en la voz más democrática, pluralista y prestigiosa de la “gran prensa” del continente. Fue la voz disidente que destacaba en el coro de los grandes diarios financiados para defender los intereses que explotan a nuestros pueblos y que han prostituido al periodismo.

Miguel Otero forjó sus convicciones democráticas en las luchas estudiantiles de 1928, fue militante comunista en el exilio, senador independiente en su patria, defensor de la Revolución Cubana y Premio Lenin de la Paz ; un escritor y poeta que buceó en lo profundo del alma venezolana para componer libros bellísimos como Casas Muertas ; fue amigo de Pablo Neruda, Andrés Eloy Blanco, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Aquiles Nazoa y Gabriel García Márquez; hizo humorismo político junto a Kotepa Delgado en El Morrocoy Azul ; creó las manchetas –los agudos micro-editoriales de El Nacional -; pero, sobre todo, encabezó desde la dirección de su periódico una batalla por la libertad de expresión que merece el reconocimiento del periodismo democrático de América Latina. El pueblo venezolano, que hoy se abre camino hacia el Socialismo –batiéndose contra todo tipo de enemigos, abiertos y encubiertos- debe conocer esa historia e incorporarla al sentido profundo de sus luchas de hoy. El periodista Miguel Otero Silva encabezó una gran batalla en defensa de las libertades ciudadanas y de los derechos humanos que eran agredidos por el terrorismo de estado durante el gobierno de Rómulo Betancourt, cuando los organismos policiales del régimen aplicaban sin piedad la horrenda consigna de “disparar primero y averiguar después”.

El 8 de junio de 1961 El Nacional denunció “una infame maniobra” destinada a “obligarnos, por medio del chantaje y la coacción, a torcer la línea política y periodística de unidad democrática que ha caracterizado a este diario desde su fundación”. Se trataba de una campaña dirigida “a las empresas comerciales para que retiren sus anuncios de las páginas de nuestro diario. En su maquinación esgrimen una torpe impostura según la cual El Nacional no es un periódico al servicio de la cultura y de la democracia, vale decir al servicio de la nación, sino un órgano de Nikita Khruschev o de Fidel Castro”.

La campaña la dirigía un grupo de fachada que era digitado por la CIA a través de cubanos batistianos y que adoptó el nombre de Organización de Lucha Anticomunista (OLA). Publicaba remitidos a páginas completas en periódicos, anunciaba en las radios y enviaba cartas a los anunciantes en que afirmaba que El Nacional era un instrumento del “castrocomunismo”. La Asociación Nacional de Anunciantes (ANDA) –en su mayoría empresas norteamericanas o asociadas a capitales de ese origen- se sumó de inmediato al boicot publicitario. Los más grandes anunciantes de la prensa venezolana, Sears, Roebuck & Company, Ford Motors Co., etc., suspendieron de inmediato sus avisos en El Nacional . En poco tiempo las páginas del diario se habían reducido de 60 a 28 por falta de publicidad. Para evitar la asfixia total el periódico hizo algunas concesiones. Por ejemplo, pasó a ignorar las noticias favorables a la Revolución Cubana y prescindió de los servicios de la agencia noticiosa Prensa Latina. Sin embargo, como suele ocurrir en estos casos, la presión aumentó y El Nacional tuvo que hacer más concesiones. Esto fue el principio de su derrota. La batalla, no obstante, duró dos años y en ella participaron, aportando sacrificio en despidos y rebajas salariales, los trabajadores del diario. En marzo de 1963 se produjo la capitulación ante el boicot: Miguel Otero Silva tuvo que renunciar a la dirección de El Nacional y cambió la propiedad accionaria del diario en favor de Alejandro Otero, vinculado al empresariado; fueron despedidos varios redactores, empleados administrativos y obreros gráficos acusados de “comunistas”; fueron excluidos de la página editorial los colaboradores de izquierda; como jefe de avisos fue designado un norteamericano y otros cargos los asumieron “expertos” formados en las compañías petroleras extranjeras. El nuevo directorio quedó integrado por hombres de negocios, abogados de compañías norteamericanas y directores de empresas asociadas al capital extranjero.

Dos días después de hacerse públicos los cambios volvieron los anunciantes. Los primeros en hacerlo fueron Ford y Sears y luego los siguieron los demás.

El Nacional , el gran diario democrático de América Latina que hizo escuela de un periodismo de alta calidad profesional y ética, comprometido con la verdad y la soberanía de Venezuela, había dejado de existir. El futuro le deparaba el vergonzoso destino que la lucha liberadora de los pueblos ha reservado para la “gran prensa” latinoamericana.

CENSURA Y ATROPELLOS A LA PRENSA EN EL GOBIERNO DE BETANCOURT

 

El intento de asfixiar económicamente a El Nacional , no fue el único atropello a la libertad de expresión durante el gobierno de Betancourt. Una noche de noviembre de 1960 fui testigo –como periodista de El Nacional - del diálogo entre Miguel Otero Silva y un funcionario del Ministerio de Relaciones Interiores que le notificaba que iba a “revisar” el material que publicaría al día siguiente. La censura previa se hizo casi permanente. El jefe de redacción de El Nacional , José Moradell, declaró en la comisión de política interior de la Cámara de Diputados: “la práctica más generalizada en los días en que el censor hace acto de presencia en el periódico, es una anotación a lápiz negro, sobre originales o pruebas, diciendo sí o no simplemente. En algunos casos con el mismo tipo de lápiz ha hecho mutilaciones”.

De hecho, los dueños y directores de periódicos fueron citados varias veces durante 1959 y 1960 a Miraflores. Se les pidió que no difundieran noticias “peligrosas” para estabilidad del gobierno, o sea aquellas que provenían de la creciente oposición popular. Un periódico que desoyó las advertencias fue La Razón y su director y propietarios fueron obligados a salir del país. Las revistas cubanas fueron prohibidas. La agencia Prensa Latina fue clausurada el 24 de abril de 1961, seis días después de la fracasada invasión de Playa Girón. También fueron clausuradas las agencias Sinjua y Tass. En octubre de 1960 la policía política había allanado la imprenta de la Compañía Editora “El Independiente”, destrozando su maquinaria. Allí se editaban el diario Tribuna Popular del PCV, el semanario URD del partido Unión Republicana Democrática –que dos meses antes se había retirado de la coalición de gobierno-, y los semanarios humorísticos Fantoches , El Fósforo y Dominguito .

El 28 de noviembre de 1960 fueron clausurados los periódicos Tribuna Popular , Izquierda (órgano del MIR) y las revistas Dominguito y El Fósforo .

La Asociación Venezolana de Periodistas (AVP) denunció el 23 de mayo de 1962 a la Cámara de Diputados “una serie de nuevos atropellos a la libertad de prensa”, entre los que se contaban “atropello físico contra compañeros que ejercen labores de información, censura previa impuesta a los diarios de la capital, prisión arbitraria de periodistas, suspensión y clausura de órganos de prensa, asaltos y destrucción de empresas editoriales y periódicos”. La denuncia la firmaba la periodista Analuisa Llovera, presidenta de la AVP y militante de Acción Democrática. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa , por su parte, venía formulando esas denuncias en su periódico mimeografiado Papel y Tinta . Fue asaltada la Casa del Periodista en Caracas y clausurados varios programas radiales de oposición. En Trujillo la clausura afectó al periódico Tiempo . En Caracas el diario Clarín , vinculado a URD, cuyo director era José Vicente Rangel, sufrió una cadena de clausuras, asaltos policiales e incautaciones de su edición. En agosto de 1962 pretendió circular el matutino Hoy , pero la policía lo impidió la misma madrugada en que debía aparecer. Lo mismo ocurió al diario Crítica que en marzo de 1963 sólo pudo circular unos días. El vespertino La Hora de URD fue clausurado el 14 de diciembre de 1961. El mismo periódico volvió a ser clausurado en enero y octubre de 1962, y su director fue detenido. En febrero del mismo año fueron clausurados el semanario Izquierda y Gaceta Parlamentaria (que reproducía discursos censurados en el resto de la prensa). En noviembre fue suspendido en Coro el semanario Libertad . En mayo fue detenido Teófilo Núñez Arismendi, co-director de El Universal al publicar un artículo que eludió la censura. También fue detenido el subdirector de El Nacional , José Ganímez Obregón (Cuto Lamache), por publicar la fuga de un grupo de oficiales detenidos en el Hospital Militar. El 22 de marzo de 1963 fue clausurada en Coro la radio Ondas de los Médano, acusada de informar sobre actividades guerrilleras.

Los atropellos a la libertad de expresión fueron tan severas en la Venezuela gobernada por el Pacto de Punto Fijo que un honesto periodista norteamericano, John Gerassi, corresponsal de Time para América Latina, escribió: “En ninguna parte ha hecho más un presidente por desacreditar la democracia y hacer una farsa de reformas, como lo ha hecho el actual presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt”.