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  Por: Antonio Aponte

   

Estoy aquí, visitando el Memorial al Che en la ciudad de Villa Clara. No tuve valor para entrar, me conformo con sentarme en las gradas, saber que él está allí cerca de nosotros, como siempre, reforzando nuestro afán libertario.

A los lejos se escucha la voz de Fidel que proclama: “Ese modelo de hombre, sin una sola mancha en su conducta…” evoco .

En Venezuela, el 23 de Enero cayó el dictador, entramos en euforia, el poder del Pueblo y su vanguardia se hizo sentir, éramos invencibles, el cielo de la Patria se abrió y por allí penetró el mundo.

Tuvimos las primeras noticias del Che por Radio Rebelde, la escuchábamos, no se si directamente o por retrasmisión de Radio Rumbos o Radio Continente. Aquellas voces nos llenaron de Revolución, se ganaron nuestro corazón y nuestra acción. Todo para los hijos de la Sierra Maestra , barbudos admirados por nosotros, que todavía éramos imberbes.

Así, entramos a militar en la Juventud Comunista , aprendimos a querer a Fidel, al Che y a Camilo. Recogimos “Un Bolívar para la Sierra Maestra ”.

Después, Los Rebeldes triunfaron, y vinieron a Caracas, los vimos en la Plaza del Silencio, allí estuvimos frente a frente con Fidel y con el Che, al que creímos sentir en cada uniforme verde olivo.

Venezuela se llenó de barba rebelde, de verde olivo, y de pasión revolucionaria. Alguien dijo que el Che no vino pero mandó de regalo para el Presidente de la Junta de Gobierno la ametralladora que usó en la Sierra , era una Madsen nueve milímetros, la llamaban María Bonita. Nos gusta creer que esa historia es verdadera.

Fidel, el Che, nos insuflaron rebeldía, fuego revolucionario, hambre de acción, sueños. Por ellos supimos que volvía la época heroica de la independencia, que las batallas no habían concluido, que todavía quedaban razones altruistas por las cuales luchar. Dulcineas esperaban sus Quijotes, los cielos de la Patria volvían a ser surcados por aves libertarias.

Esa fue la primera luz que recibimos de la Revolución Cuna la luz que enciende el corazón de los revolucionarios.

En Venezuela la revolución fue traicionada, no supo avanzar y persistió en los gastados esquemas mecánicos de alianzas y de etapismo. Llegamos a la puerta del proceso revolucionario, y no la atravesamos, porque los manuales no pueden estar equivocados: “ la Revolución que caminaba por las calles no existía, porque no encajaba en los manuales”. Ser fiel a dogmas y manuales nos costó medio siglo de pacto de punto fijo. El reformismo tomó las riendas de la Revolución y construyó la ignominia.

Éramos demasiado soberbios para oír a Fidel, al Che, a la Revolución Cubana , ellos iluminaban nuestro corazón, pero no al cerebro. Estábamos demasiado entusiasmados, embriagados con el triunfo del 23 de enero, para pensar que algo nos pudiera salir mal.

Pero sucedió, algo salió mal, un día el gobierno “democrático” ametralló a los obreros en la misma plaza donde pocos años antes oímos a Fidel y sentimos al Che.

La fantasía había concluido: la oligarquía, que sí sabe lo que hace, había retomado al Estado y, lo usaba para lo que es: reprimía a las clases opositoras y las sometía a los designios del sistema oligarca.

Se acerca un guardia, mal encarado, y nos pregunta qué hacemos sentado en las gradas, si nos pasa algo, por qué lloramos. “Le respondemos que hablamos con el Che.” Y continua su camino sin convencerse mucho, pasa la novedad por radio.

La pasión y el sentimiento empujó a nuestro Pueblo traicionado a las montañas, allá fue su vanguardia, desesperada a retomar el camino que se perdió el 23 de enero, los jóvenes partieron a no dejar morir el sueño, con ellos iba Fabricio y Argimiro, y también el Che.

Volvimos la mirada al Che y lo leímos. Su Guerra de Guerrillas fue libro obligado de todo joven revolucionario, aprendimos que: “La velocidad de una columna guerrillera está determinada por la velocidad del mas lento”. Máxima guevariana cargada de humanismo, significaba la eliminación del individualismo. La columna era un organismo con problemas comunes, y con ventajas comunes, la suerte de cada uno dependía de la suerte del todo, aquella máxima restituía el pensamiento social. La columna guerrillera era práctica y teoría de la sociedad socialista: el individuo sólo puede realizarse en sociedad.

El Che que llevaban en el morral y el corazón les salvó la vida muchas veces, era su ángel guardián: “cada combatiente camina separado del siguiente para evitar las emboscadas”. “La vida del guerrillero depende de: la vigilancia permanente, movilidad permanente, desconfianza permanente”. Esos consejos , ahorraron vidas y sufrimientos.

Se luchó con desprendimiento, pero no se consiguió detener el desmoronamiento, la derrota que se desprendía del 23 de enero.

Vino el desencanto, el desasosiego. Fueron años duros, un desierto que duró muchos años. Oímos a Fidel reconocer que el Che había caído en combate, y lloramos en silencio, como se llora a los santos. Y supimos que era cierto, “que en una Revolución se triunfa o se muere si es verdadera”.

Fueron años duros, de desencanto, de desasosiego. Muchos se fueron al campo enemigo, otros se refugiaron en su vidita personal, algunos buscaron variadas formas de resistencias. Se renegó del Che, se dijo que nada tenía que decir a los Pueblos de la América , se pensó en la llegada al fin de la historia, más allá sólo el vacío, todo estaba consumando, muerto.

Eran días aciagos para la Revolución y los revolucionarios, nos refugiamos en la esperanza siempre patriótica. El Che nos siguió acompañando, ayudando a ser honestos, humanos. La luz de Cuba lejana, siempre hermana, alumbrara el horizonte abisal.

Así pasamos muchos años. Nos sobraban ganas de seguir luchando, nos faltaban ideas y explicaciones, necesitábamos muchas luces, algo estaba errado en nuestro mundo y no sabíamos explicarnos: ¿Por qué cayo la Unión Soviética ? ¿Por qué no cae Cuba? ¿Por qué el marxismo no nos ayudó? ¿Desde dónde empezar?

La dirigencia se avergonzaba de su papel de dirigentes, prosperaron las ideologías que negaban la necesidad de organizarse, de tener dirección, de tener líderes. Al Pueblo se le privó de sus mejores hombres, durante muchos años no pudo parir su necesaria vanguardia. Estaba inerme, a merced de los neoliberales.

No sabíamos que hacer, nos quedaba el recuerdo del Che, pero ya no era tiempo de guerrillas. Decidimos tatuarnos su nombre en la piel, así nos recordaría siempre de su ejemplo y su enseñanza: “luchar contra el imperialismo donde quiera que esté”.

Vuelve el guardia, ahora acompañado de dos más, un hombre y una mujer, visten de un azul desgastado, el que tiene el radio me increpa: “¿Ud. que hace aquí?”. Le respondo: “vine a entregar cuentas al Che, pero no he tenido valor para entrar, por eso estoy aquí sentado en las gradas, meditando”. No quedan muy convencidos y se retiran…

Una madrugada cualquiera, me levanto, hago café como todos los días, prendo el radio como todos los días, oigo sin atención las noticias, que presentía fastidiosas, como todos los días. Pero, algo no es normal, los locutores están asustados, relatan combates en Caracas: ¡un golpe! Sabemos que no es de derecha, alguna vez la caravana de ellos se cruzó con la caravana nuestra, en los caminos áridos del desierto.

Nos alegramos.

Durante algunas horas nuestro corazón estuvo en Caracas, hasta que todo terminó cuando pospusieron la victoria con un “Por Ahora”. Entonces, la luz se apagó nuevamente, y volvimos a esperar, a resistir.

Nos hicimos chavistas, no sabemos si por afinidad familiar, o por el desespero con que el naufrago se aferra a cualquier cosa que flote.

Y así, entramos en la tolvanera Bolivariana, una Revolución que como todas las revoluciones, es un milagro, no debía suceder, pero está allí, es realidad inexplicable. Camina en situaciones inéditas, sobre ellas llueven teóricos especialistas en cómo no hacer una Revolución, dicen que no es momento para avanzar, hay que convivir, debemos esperar que el mundo madure, que el imperio está fuerte.

En nuestro caso, una Revolución que sucede en un país que tiene cien años viviendo y muriendo de la renta petrolera. Una sociedad donde las taras del capitalismo alcanzan niveles pasmosos: una minoría consume como en la metrópolis y el país produce ridículamente. Una minoría despilfarra como un nuevo rico y el país todo adopta la cultura del oropel, del relumbrón. Todos padecemos una pobreza colonizada por el consumo suntuario, los contrastes son extravagantes.

Las palabras deambulan, desabrigadas de realidad en discursos vacíos que construyen mundos de fantasías sostenidos por la renta fácil.

En un país así, no debía ser, pero fue, fue allí en este país, que surgió la esperanza de una nueva revolución en la América.

La Revolución , todas las revoluciones tienen en su interior a su principal enemigo, es en la lucha ideológica donde se pierde o se gana una Revolución, y cada Revolución que se pierde condiciona el destino de las revoluciones futuras. La Revolución bolchevique perdida, condiciona el destino de la Revolución Bolivariana , la correcta interpretación de lo que allá pasó, determina lo que aquí pase, porque condiciona las ideas que se debaten, y ya sabemos que una Revolución no puede ir más lejos que las ideas que la sustentan.

Entonces, la batalla principal en la Revolución Bolivariana es en las ideas, pero, ¿cuáles son las ideas correctas para avanzar? ¿dónde está el hilo histórico que debemos tomar para desenrollar la madeja de extravíos y fraudes teóricos que bombardean la Revolución Bolivariana ? ¿dónde quedó la punta del hilo que nos permitirá adaptar el pensamiento universal a nuestras condiciones peculiares?

Nuevamente aparece el Che. Ayer el Pueblo lo llevó en su morral guerrillero. Hoy con sus análisis teóricos: Su gran debate, los diarios, con su crítica demoledora al Manual de Economía de la URSS , con su premonición y explicación del derrumbe del sueño de Lenin.

Hoy, el Che sostiene la punta del hilo, el Che es el principio de la nueva jornada revolucionaria, conducta y pensamiento revolucionarios sobre los cuales sustentarse para poder avanzar.

En este país, donde sucede la Revolución Bolivariana es indispensable seguir el ejemplo del Che, y seguir sus enseñanzas teóricas. El Che así como está tatuado en la piel de muchos, debe estar tatuado en el alma de esta Revolución, en él se sintetiza lo mejor de un revolucionario, simboliza la mayor elevación que ha alcanzado la humanidad en su camino hacia la redención.

Sin el pensamiento del Che, no sería posible construir una Revolución Bolivariana triunfante.

Llegan de nuevo los guardias, traen ahora al que parece un oficial, uniforme lustroso, viene decidido y mal encarado, me espeta: “no puede permanecer aquí, debe abandonar el Memorial.” No deja lugar a réplica, me voy.

Ahora camino por las calles de Villa Clara y llego al monumento en recuerdo a la acción de descarrilamiento del tren blindado, cargado con soldados de la dictadura. Aquí los guardias son mujeres, se muestran más tranquilas y me dejan estar cerca del Che y continuar rumiando pensamientos…

El Che está en combate en la construcción de la Revolución Bolivariana. Todos los días, una idea del Che sale al campo de batalla a enfrentarse al reformismo, al dogmatismo, y a la contrarrevolución.

Cuando los reformistas dentro de la Revolución argumentan que hay que hacer un híbrido entre capitalismo y Socialismo: el Che sale a la palestra y les responde.

Cuando los contrarrevolucionarios dicen que el Socialismo soviético fracasó por ser muy socialista: en el Che está el desmentido.

Cuando proclaman que el Pueblo no entiende sino estímulos materiales: el Che emerge y los refuta.

Cuando es necesario enfrentar la corrupción, la ineficacia, el despilfarro: el Che con su ejemplo combate esos vicios.

Cuando los reformistas pontifican que la Revolución no es posible: en el ímpetu del Che esta la respuesta.

Cuando los renegados postulan que el Che no tiene nada que decir a la América : entonces el Che toma en sus manos la espada de Bolívar y echa a andar encabezando Pueblos hacia su liberación.

Bolívar, Martí y el Che, aún tienen muchas Revoluciones que reforzar, muchas injusticias para temblar de indignación, muchos trenes, dogmatismos y reformismos que descarrilar en la América …

Ya estamos en Caracas. Pero regresaremos a Villa Clara, la ciudad del Che. Iremos a entregar cuentas.

Le diremos que junto al Comandante Chávez continuamos transitando el camino, que aún sentimos bajo nuestros talones el costillar de rocinante…

Gracias Comandante, siempre vivirás en nosotros.