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LA LLAMA DE LA VIDA

Jean Cabot

Los fervientes corceles de la esperanza,
condujeron al humano y su prodiga aurora.
Atrás dejaron los estertores de la derrota,
atrás quedaron las fantasmales lágrimas que envolvían la muerte de espíritu,

atrás los cadáveres de espíritus minúsculos que rindieron las armas de la esperanza.

Atrás quedo la pesadez de la noche,
que no pudo sepultar el fuego de la revolución.
Atrás quedo el sol fundido sobre sí mismo,
Que no pudo ocultar el brillo de esperanza.
Atrás quedaron los cantos funerales al pensamiento,
A Marx, a Lenin, al Che.

Mas
¿Quién decretó la muerte del fuego de la vida?
¿Quién nos condeno a honrar nuestra propia muerte espiritual?
¿Quién silencio el despertar del canto de las almas oprimidas?
¿Quién osó pisotear nuestra libertad de ser libres a través de lo colectivo?

Esta aquí frente a nosotros,
El cadáver deambularte que por el mundo va renegando la muerte.
Es la moribunda bestia imperial,
La que incineraremos con la llama de la vida.