Humanidad
Jean Cabot
I
Humanidad a dónde vas galopante, viajas de prisa
transportando amargura
para incinerarla en el basurero de la historia
II
Han querido arrancarte el corazón
despellejando el sentimiento
apuñalando el amor
con acerados haces de luz
para borrar la esperanza de tus ojos
III
Y tu, aun sigues aquí
atrapando el futuro con tus poderosas manos
para ofrecerla al siempre niño- hombre
para que no sucumba en la perenne pugna
entre ser hombre-muerte
o llegar a ser humano amoroso
IV
Árdua tarea te ha tocado
cuando estás lista para saltar
el pequeño abismo que separa
un milenio cristiano del otro
V
Humanidad has nacido con la vida misma
has presenciado con dolor
la carcelaria angustia
de la enajenada opresión de la conciencia
VI
Te han vestido con cadenas
pero también has navegado
con el hermoso viento de la libertad
has muerto en la cruz junto al hombre
has resucitado esculpiendo de amor a la humanidad
VII
Cuando atrapasteis el cielo con el amor
(y la humanidad infinitamente pronuncia el verbo amar
voz de amor que retumba entre los siglos)
el hombre-muerte decretó tu altísima peligrosidad
e intento derrotarte con: la esclavitud, la crucifixión,
la cicuta, la pólvora, la explosión atómica
más sólo pudo hacerlo con la sumisión de la conciencia
VIII
Y no obstante pervive el amor humano
pues nació con el hombre mismo
el amor acaricia la historia
clava sus dedos en cada hecho
zarandeándole las hojas de su alma
haciendo persistente su presencia
no hay historia despojada del amor
IX
En permanente pugna el hombre-muerte
la muerte de las ideologías decreta
encarcela el movimiento de la historia
encadena al hombre en el humanicida pensamiento del tener
crucifica su espíritu en el mercado
impone un pensamiento sumisamente único
le proporciona la cicuta de la oferta y la demanda
X
Dolorida humanidad que ve pasar contingentes
de despojos de espíritu, de almas deslumbradas
consumidores sudorosos
que suman éxitos mientras más consumen
y más consumen mientras más perecen
tropel que corre al acantilado del tener
deslumbrados, vacíos, sin sabor de amor humano
nadando en mar de espejos donde no pueden ver sus almas
porque allí no existen sentimientos
solo están las nauseabundas fauces del mercado
XI
Árdua tarea, mas el grito intemporal del amor humano
abrazará el nuevo milenio con potentes brazos de alegría
dibujará el rostro del porvenir
con la fresca caricia de la esperanza
decretará el amor entre los hombres,
expulsando al egoísta lobo que lo habita.