
TENEMOS QUE PONER LA HISTORIA EN SU SANTO LUGAR
Al fin podemos decir con certeza plena: ahí está Bolívar, es Bolívar vivo, luchador, el Bolívar que hoy se ha puesto al frente de esta revolución y de este pueblo, del renacimiento de nuestra América Latina y el Caribe, el proyecto bolivariano hoy está más vivo que nunca.
Hay temas pendientes que habrá que seguir investigando, por ejemplo ¿cómo fue que murió Bolívar? Aquí estoy revisando de nuevo con mucha pasión, el tercer tomo de estos libros que escribió Felipe Larrazabal “Simón Bolívar, vida y escritos del Libertador”.
Tenemos que poner la historia en su santo lugar, la burguesía venezolana y sobre todo sus historiadores siguen opinando, siguen diciendo que nosotros aquí estamos tratando de cambiar la historia, de alterar la historia, no, ellos la alteraron, la alteración de la historia comenzó temprano, incluso antes de morir Bolívar, de esta historia bolivariana que es nuestra, y luego de muerto Bolívar pero ni que decir, destrozaron, patearon, acuchillaron y falsificaron la historia verdadera de lo que ocurrió, y nació entonces la historiografía, o a través de la historiografía fueron creando unas grandes mentiras con las que llenaron la mente, el alma y el espíritu de millones de venezolanos y venezolanas desde el siglo XIX para acá, dos siglos de mentiras, de una gran farsa.
Fíjense, por ejemplo, lo que dice Larrazabal citando cartas, documentos donde no hay ninguna duda de su autenticidad, de todo el proceso que se vivía en la Gran Colombia en todo aquel año 1.830; amanecía 1.830 y Bolívar era todavía el Presidente de la Gran Colombia, estaba en Bogotá en plenas funciones, recibiendo embajadores, entre otros el de Brasil, estaba enfrentando una crisis terrible, una anarquía, enfrentando conspiraciones, querían asesinarlo, no fue sólo la conspiración del 28, no, las conspiraciones del 29 y las del 30 para matar a Bolívar, como mataron a Sucre.
BOLÍVAR SE ABRIÓ EN CAMPAÑA
Luego fíjense ustedes este detalle, quiero compartirlo con ustedes, vámonos mucho más allá de cuando Bolívar renuncia al gobierno. ¿Por qué Bolívar renunció y se fue? ¿En verdad se iba del país?, -como él mismo lo dice en algunas cartas- ¿o en verdad se abrió en campaña para tomar las armas de nuevo? Porque él escribía en códigos, sabía que lo estaban buscando para matarlo, sabía que tenía en contra una gran mayoría de generales y jefes militares y políticos del establishment que se estaba formando, era contrario a él. Sabía que los pueblos estaban manipulados en buena parte, sabía que el apoyo que tenía no era el mayoritario lamentablemente, y escribía cartas en código. Ahora habrá que analizar esto más a fondo.
Para mí, es una conclusión, muy personal, después de haber leído todos estos años y seguir leyendo: Bolívar se abrió en campaña.
Y aquí hay unas cartas, después de la explicación de lo que estaba pasando en Colombia, en Bogotá hubo una rebelión que depuso al gobierno de Caicedo y de Mosquera. Esa rebelión la comandó el General Justo Briceño, venezolano, Florencio Jiménez, venezolano, oficiales colombianos bolivarianos, y sectores políticos y populares, un movimiento militar depuso al gobierno de Mosquera, que fue el que sucedió a Bolívar cuando él renuncia y lo nombra el Congreso, y Caicedo. Ellos toman Bogotá y entonces nombran al General, el grande amigo de Bolívar, y gran líder militar y político marabino, Rafael Urdaneta, Presidente de aquel gobierno. Encargado provisional, aceptó Urdaneta ese título, organizó los ministerios y despachó –leo aquí- una comisión compuesta. Esto fue el cinco de septiembre.
Óiganme por favor: 5 de septiembre de 1830. Es decir, tres meses y medio antes de morir Bolívar. Se estaba muriendo Bolívar ya, estaba incapacitado, cuando hay un movimiento militar que depone un gobierno y de inmediato lo mandan a buscar, está en Cartagena para entonces. Y vean lo que ocurre, Urdaneta acepta el mando. Como Urdaneta, no había otro, con capacidad política, con prestigio político, capacidad militar y lealtad suprema a Simón Bolívar, y asume el mando, y le manda entonces una comisión a Cartagena, el coronel Vicente Piñeres, -leo- y el concejero municipal Julián Santamaría a Cartagena, al lugar donde estaba Bolívar. Urdaneta, presidente encargado, le daba cuenta de todo lo ocurrido y le rogaba encarecidamente que en favor de Colombia aceptara el gobierno, al que ya le llamaban cuatro provincias y muy probablemente le llamarían todas. Muchos amigos del Libertador –sigo leyendo- le escribieron en iguales términos diciéndole que su presencia en Bogotá al frente de la administración era necesaria para reestablecer el orden y conservar la tranquilidad pública. Y algunos, incluso plenipotenciarios, entre ellos el de Brasil le escribió, que él tenía que salvar a Colombia y sostener la paz amenazada por la anarquía y la división de ese gran país. ¡Que gran país era la Gran Colombia! ¡Un coloso que estaba naciendo! Lo picaron en pedazos.
Entonces, Bogotá está en manos de los bolivarianos -y podemos hablar ya de los bolivarianos y los antibolivarianos- los bolivarianos toman Bogotá y nombran al bolivariano Urdaneta Presidente, y él se encarga y organiza el gobierno y manda la comisión. Sigo leyendo: Ahí avanza en Cartagena, muchos militares de alta graduación, amigos entusiastas de Bolívar que trabajaban para que éste asumiese de nuevo el mando, se unieron a ellos el prefecto de Cartagena Martín y Juan García del Río, hombres que por sus talentos y otras cualidades distinguidas ejercían mucho influjo en aquella provincia, luego cuando llegaron las noticias de la insurrección de Jiménez, Florencio Jiménez al frente del batallón “Callao” y de los pronunciamientos del Socorro y otros pueblos de la llanura de Bogotá, Montilla reunión a todos los jefes militares de Cartagena, era el jefe militar de Cartagena, y se pronunciaron en favor del mando del Libertador protestando y diciendo que no obedecerían órdenes de ningún género que emanasen de ningún otro gobierno, contra el cual estaban rebelados, etc. Y se hizo por invitación del prefecto, se reunieron al día siguiente los vecinos más notables de Cartagena y acordaron adherirse a lo resuelto por los jefes militares, una asamblea de vecinos, una comisión escogida presentó al Libertador los votos de la asamblea.
YO CREO QUE A SIMÓN BOLÍVAR LO ASESINARON
Aquí quiero puntualizar en dos minutos: una comisión encargada, escogida presentó al Libertador los votos de la asamblea y le suplicó que aceptase la invitación que se le hacía de asumir al mando en jefe del ejército. Preguntémonos compañeros, compatriotas, si Bolívar hubiese estado grave de salud ¿le iba a pedir el pueblo y los jefes militares que asumiera el mando del ejército y de la patria? ¿Cómo se lo iban a pedir a un moribundo? Esa comisión habló con Bolívar el 17 de septiembre, es decir, tres meses, 90 días exactos antes de su muerte ¿cómo es eso? ¿Qué enfermedad en tres meses mató a Bolívar? Yo creo que lo mataron a Simón Bolívar, creo que lo asesinaron, lo digo y asumo mi humilde responsabilidad por lo que digo ante el pueblo y ante la historia, no tengo pruebas, no sé si las tendremos pero, son las circunstancias.
Luego, fíjate que Bolívar recibió los comisionados el 17 de septiembre, fueron 5 personas a presentarle a Bolívar en Cartagena las conclusiones, llegaron los comisionados de Bogotá, del presidente encargado Rafael Urdaneta llegaron a Cartagena el 17 de septiembre, ya Bolívar había recibido a la comisión regional, unas horas o unos días antes, entonces fíjense ustedes la respuesta que por escrito le da Bolívar a la comisión de Urdaneta, una comisión del Presidente, digo esto porque hay un enigma, hay otras cartas de Bolívar dirigidas a otras personas pero de menor autoridad que Urdaneta donde él dice que se va, que no acepta nada, que está desilusionado, que no tiene patria y que él se va pues, pero no es Urdaneta, ahí hay que comparar en el texto de la lógica y de la política a quién le responde, porque hay que recordar que había enemigos interceptando cartas Bolívar.
¿CUÁL CARTA CONTIENE LA VERDAD DE BOLÍVAR?, ¿LA DE URDANETA O LA DE VERGARA?
Aquí hay un enigma, yo no tengo duda de que Bolívar estaba en campaña, miren lo que le dice él a la comisión de Urdaneta, voy a leerles: “que serviré al país, en cuanto de mi dependa, como ciudadano y como soldado: esto mismo tengo el honor de repetir ahora. Pero decidid a vuestros comitentes, que por respetable que sea el pronunciamiento de los pueblos que han tenido a bien aclamarme jefe supremo del Estado, sus votos no constituyen aún aquella mayoría que sólo pudiera legitimar un acto semejante, en medio de la conflagración y la anarquía espantosa que por todas partes nos envuelve”.Habla de la legitimidad, en primer lugar, pero luego viene esta otra idea; “Decidles que si se obtiene esa mayoría, mi reposo, mi existencia, mi reputación misma, la inmolaré sin titubear en los altares de la patria adorada, a fin de salvarla de los horrores, de los disturbios intestinos, de los peligros de agresión extraña, y de volver a presentar a Colombia, ante el mundo y ante las generaciones futuras, tranquila, respetada, próspera y dichosa".
¿Es un moribundo hablando? ¿exigiéndole legitimidad política y además presentándose como soldado para inmolarse?, pero más adelante, hay una parte que le escribe, el 25 de septiembre a Vergara ministro del interior de Urdaneta, que era amigo de él, una carta contradictoria con la anterior, donde él dice a Vergara que no, que él no tiene patria, que él se va.
Las cartas son auténticas, pero una de ellas contiene una mentira estratégica, la otra la verdad histórica, yo tiendo a creerle al Bolívar que le escribe al Presidente Urdaneta, su amigo de toda la vida, venezolano, jefe al mando y que tiene el poder militar al mando.
Ahora fíjate la carta a Urdaneta, yo tengo una nota al pie de página que dice “el enigma de estas dos cartas merece un estudio integral. ¿Cuál carta contiene la verdad de Bolívar?, ¿La de Urdaneta o la de Vergara? Escrita con una semana de diferencia, pero él además se apresura a escribirle a Urdaneta con la misma comisión y le responde: “Ayer llegaron los comisionados, mi querido General, trayéndome el acta y dándome parte de las ocurrencias más notables de esa capital. Por más que he querido rendirme a los argumentos y exhortaciones de los mismos comisionados, de los amigos que hay en este país y aún de las cartas recibidas de Bogotá, no me ha sido posible decidirme a aceptar un mando que no tiene otros títulos que dos actas de dos concejos municipales —no me he decidido, dice—. Además el señor Mosquera no ha renunciado su título —estaba derrocado, un golpe de Estado, una rebelión— y mañana se hará reconocer en otra parte de Presidente legítimo. Este caso no está muy remoto pues al llegar a Popayán tiene lugar, Obando y López se empeñaran en esto y el señor Mosquera no ha tenido hasta ahora otras inspiraciones que las de estos dos sujetos. Entonces, él sería presidente legítimo y yo usurpador —ve por donde va Bolívar, haciendo un análisis. ¿Es un moribundo?, ¿esta muy enfermo que no puede montar a caballo ni nada?— Yo no puedo reducirme a esta situación por más que me esfuerce en dominar mi repugnancia. Santa María me dice —es uno de los comisionados— que si no acepto el mando habrá infaliblemente una espantosa anarquía. Pero ¿qué hacer yo contra una barrera de bronce que me separa de la presidencia? Esta barrera de bronce es el derecho, no lo tengo ni lo ha cedido el que lo posee...”.
Ahora viene lo siguiente: “Por consiguiente, esperaremos a las elecciones, llegado este caso la legitimidad me cubrirá con su sombra —¡que grandeza!— o habrá un nuevo Presidente. Se habrá despejado el horizonte político y sabremos en fin si habrá patria o no habrá patria. Entonces y solo entonces podré entrar en el Poder Ejecutivo, suponiendo siempre que las elecciones sean libres y se hagan conforme a la ley...”. Pero luego se despide de la siguiente manera: “Ninguno podrá culparme de haber abandonado mis conciudadanos a la anarquía, puesto que en ninguna parte he tenido en sus conmociones y que además usted está a la cabeza del gobierno y revestido de todas las cualidades necesarias para crisis semejante...”. Él está invitando a Urdaneta a que siga a la cabeza del Gobierno, prácticamente le está ordenando.
Y dice después: “Como ciudadano y como soldado ofrezco mis servicios a la República, ninguno será más celoso en servirla y sostendré al Gobierno —es decir a su Gobierno— con toda mi influencia y todas mis fuerzas...”. Fíjense lo que viene:
“Como ciudadano y como soldado todas mis fuerzas para apoyar el gobierno de Urdaneta, hay también una circunstancia que me hace inútil en esa administración (…) Debemos antes crear de nuevo esta patria que se ha disuelto y por consiguiente hasta que no esté reunida por las armas no se puede gobernar bien”.
Y termina, y esta fue de las últimas cartas a Urdaneta: “Yo me ofrezco para servir en la parte más difícil y peligrosa, así evitaré que me culpen de egoísmo, adiós mi querido General, Simón Bolívar”.
Lo digo sin duda desde mi corazón y mi espíritu hoy renacido, repotenciado, por este latigazo de la naturaleza, pero que venceremos en este retorno diría Zaratustra, que me ha invadido en esta fuerza volcánica que ha surgido del fondo de mis entrañas para seguir viviendo y luchando por el proyecto de Bolívar, todos estos años que vienen junto al pueblo de Bolívar.
Estamos obligados a hacer realidad esa Revolución Bolivariana que está en marcha, esa patria grande, enorme, la patria de Bolívar, hoy Socialista, Bolivariana y Socialista.
¡Hasta la victoria siempre, viviremos y venceremos!