
Señores delegados;
Invitados;
Compañeros y compañeras:
No resulta fácil esta tarea de clausurar la Primera conferencia Latinoamericana de Solidaridad. En primer lugar, ¿qué actitud adoptar? ¿Hablar aquí como miembro de una de las organizaciones representadas, o hablar con un poco más de libertad? Simplemente, como un invitado a hablar en este acto.
Y quiero decir que, en nuestro criterio, expresamos aquí la opinión de nuestro Partido y de nuestro pueblo, que es, a la vez, la misma opinión y los mismos puntos de vista defendidos por nuestra delegación en la OLAS.
Algunos voceros del imperialismo alegaban que hicimos esas presentaciones simplemente para demostrar que el imperialismo interviene en Cuba y con motivo de la próxima conferencia de cancilleres. Estas ideas podrían plantearse si acaso estuviésemos en presencia de un juego limpio; pero por parte del imperialismo no puede haber ningún juego limpio.
Alguien expresaba ayer sus dudas acerca de que si la CIA era tan ingenua —¡tan ingenua!—, que en vez de paqueticos de alimentos preparados para la guerra, hidrofilizados, deshidratados, fuese a cometer la tontería de incluir algunas latas comunes y corrientes de confituras. Nosotros no tenemos ningún propósito de utilizar esta tribuna para humillar a nadie en particular, menos tratándose de personas que han sido autorizadas para venir a este país. Y simplemente, con abstracción de las personas, quiero referirme a las dudas, a los conceptos, a las ideas. ¿No es acaso una enorme ingenuidad creer que la CIA es un organismo perfecto, maravilloso, inteligentísimo, incapaz de cometer la menor pifia? Es realmente extraordinario que haya personas en Estados Unidos que crean una de estas cosas: que la CIA es un ángel bueno, incapaz de cometer ninguna fechoría, ningún crimen, y que está por probar las cosas que la CIA hace contra Cuba. Y, además, que la CIA es incapaz de cometer imbecilidades.
La cortesía nos obliga a tratar con delicadeza a las personas, pero la cortesía no nos obliga a dejar de decir algunas verdades que son sobradamente conocidas.
¿Necesitamos acaso probar que los imperialistas son agresores contra Cuba?
¿Nos proponemos acaso convencer a la OEA? ¿Quién va a bromear con semejante cosa? No nos proponemos convencer a la OEA, no nos proponemos paralizar acuerdos de la OEA. ¡Nosotros tenemos otras cosas para paralizar los acuerdos de la OEA! Nos proponíamos en todo caso demostrar lo cínico que son esos señores de la OEA, nos proponíamos demostrar lo desvergonzados que son esos señores de la OEA, encabezados por el gobierno de Estados Unidos. Nos proponíamos desenmascararlos sencillamente, nos proponíamos desmoralizarlos.
Pero no pretendemos escudarnos en eso. La OEA no tiene ni un átomo de vergüenza, la OEA no tiene ni un átomo de moral. ¡Y ninguno de los gobiernos de este continente, que —con excepción de México — son cómplices confesos de los actos de bandidaje contra nuestro país, como lo fueron de la intervención en Santo Domingo y de todas las fechorías que comete el imperialismo…ellos han hecho trizas todas las normas, todos los derechos, todos los principios.
Pero si creen que vamos a aceptar ese orden imperialista, los que crean que vamos a aceptar ese orden imperialista, esa “ley del embudo” que los imperialistas tratan de imponerle al mundo, ese chantaje, están equivocados. Porque nuestro país no se someterá jamás a semejante orden.
Los imperialistas pretenden realizar impunemente todo tipo de fechorías en el mundo. Bombardean diariamente con cientos de aviones a Viet Nam del Norte: ese es el orden imperialista, esas son las leyes del imperialismo. Invaden con 40 000 soldados la República hermana de Santo Domingo, establecen un gobierno títere y lo protegen allí con sus tropas de ocupación impunemente: ese es el orden del imperialismo, esas son las leyes del imperialismo. Que un estado al servicio de las agresiones imperialistas como Israel se apodera de una gran parte del territorio de otros países, se instala allí en la mismísima orilla del canal de Suez y hasta reclama el derecho ya a participar en la manipulación de aquel canal, de tal modo que solo le falta exigir que le pongan una tubería desde la represa de Assuán para irrigar el Sinaí, y están allí sin que nadie sepa hasta cuándo, y cuanto más tiempo pase más se quedarán: ese es el orden que quiere establecer el imperialismo, esas son las leyes que quiere imponer al mundo el imperialismo.
¡Ese es el orden imperialista! ¡Esas son las leyes que el imperialismo quiere imponer al mundo! Y nosotros somos un país pequeño, ¡pero ese orden no lo aceptamos! ¡Esas leyes no las aceptamos!
Creemos sinceramente que no cumpliríamos nuestros deberes si no expresáramos aquí nuestro criterio de que la conferencia de la OLAS ha sido una victoria de las ideas revolucionarias; no una victoria sin lucha.
En la OLAS se ha reflejado una lucha ideológica latente. Y nosotros creemos que es necesario que las ideas revolucionarias prevalezcan. Si las ideas revolucionarias son derrotadas la revolución en América Latina estaría perdida o se dilataría indefinidamente. Las ideas pueden acelerar un proceso, como pueden retrasar considerablemente un proceso.
Esto no quiere decir que la acción deba esperar el triunfo de las ideas. Este es uno de los puntos esenciales de la cuestión: los que creen que es necesario primero que las ideas triunfen en las masas antes de iniciar la acción, y los que comprenden que precisamente la acción es uno de los más eficaces instrumentos de hacer triunfar las ideas en las masas.
Y nada más lejos del pensamiento y del estilo del fundador del marxismo que la palabrería hueca, que la camisa de fuerza obligada para expresar ideas. Porque Marx fue, sin duda, uno de los más grandes y brillantes prosistas de todos los tiempos. Pero peor que las frases son las ideas que encierran muchas veces las frases. Tan mala es la frase sin contenido, como el supuesto contenido de determinadas frases. Porque hay tesis que tienen 40 años de edad; la famosa tesis acerca del papel, por ejemplo —para citar una—, de las burguesías nacionales. Cuánto trabajo ha costado acabarse de convencer que ese es un esquema absurdo a las condiciones de este continente; cuánto papel, cuánta frase, cuánta palabrería, en espera de una burguesía liberal, progresista, antimperialista. Y de verdad que nos preguntamos si hay alguien que a estas horas pueda creer en el papel revolucionario de ninguna burguesía en este continente.
Pero nosotros nos consideramos un Partido marxista-leninista, nos consideramos un Partido Comunista. Y no es un problema de palabra, es un problema de hechos.
Y nos sentimos muy satisfechos de que nuestro Partido se vierta de corazón en el seno de un movimiento mucho más amplio, como es el movimiento que acaba de tener esta primera conferencia.
El movimiento revolucionario debe estar en condiciones de aprovechar, incluso de apoyar, toda manifestación de lucha que surja y que pueda evolucionar, o que pueda fortalecer las posiciones de los revolucionarios.
Y es necesario, era muy necesario que estas ideas se esclarecieran, porque hemos tenido experiencias muy amargas; frustraciones de tipo político, las consecuencias, a la larga funestas y desastrosas para el movimiento revolucionario, de una serie de concepciones equivocadas. El caso más doloroso fue el caso de Venezuela.
En Venezuela se desarrollaba el movimiento revolucionario, y el movimiento revolucionario ha tenido que pagar seriamente las consecuencias de la absurda concepción de querer dirigir desde la ciudad el movimiento guerrillero, de querer usar el movimiento guerrillero como instrumento de maniobra política, de querer usar el movimiento guerrillero como instrumento de la politiquería; las consecuencias que pueden derivarse de actitudes incorrectas, de actitudes equivocadas y, en muchas ocasiones, de actitudes inmorales.
El partido, o más que el partido la dirección derechista del partido de Venezuela, ha llegado a situarse en una posición prácticamente de enemigo de los revolucionarios, en un instrumento del imperialismo y de la oligarquía. Y no digo esto por decir cosas; no soy un calumniador, no soy un difamador.
Nosotros tenemos cuestiones pendientes con ese grupo de traidores. No hemos sido azuzadores de polémicas, no hemos sido nosotros provocadores de conflictos; lejos de eso, durante mucho tiempo calladamente soportamos toda una serie de documentos y toda una serie de ataques de esa dirección derechista, en la misma medida en que esa dirección abandonaba a los guerrilleros y marchaba al camino de la conciliación y del entreguismo.
Nosotros fuimos víctimas del engaño. Nos hablaron primero de una cosa rara, empezaron a hablar de paz democrática. Y nosotros decíamos: “¿Qué demonios significa eso de paz democrática? Pero nos decían: “No, esa es una consigna revolucionaria para ampliar el frente, para unir fuerzas, para enfrentar un frente amplio.” ¿Frente amplio? Bueno, un frente amplio teóricamente quién lo va a impugnar. “No, tengan fe en nosotros.”
Después, al cabo de algunos meses, empezaron a hablar de repliegues tácticos. ¿Repliegues tácticos? ¡Qué extraño está todo eso!
Un repliegue táctico: eso le decían a la militancia, eso le decían al pueblo.
Después del repliegue táctico, el intento de cesar la lucha, el intento de suprimir el movimiento guerrillero. Eso de repliegue táctico tiene que haber sido de uno de esos geniales inventores de grandilocuentes teorías revolucionarias.
Se iban quitando la careta poco a poco. Hasta que un día se la quitaron de una vez, y dijeron: “Vamos a las elecciones.” Y se declararon electoralistas.
Pero aun antes de que se declararan electoralistas, perpetraron uno de los hechos más infamantes que pueda cometer un partido revolucionario: comenzaron a actuar como delatores, como acusadores públicos de la guerrilla. Aprovecharon el caso de Iribarren Borges y aprovecharon ese episodio para empezar abierta y públicamente a acusar al movimiento guerrillero, prácticamente a echarlo en las fauces de las fieras represivas del régimen. El gobierno tenía los fusiles y tenía los soldados para perseguir a los guerrilleros que se negaban a replegarse; pero el llamado partido, o la dirección derechista de un partido que se había apoderado allí del mando, que lo tenía, se encargaba de armar moralmente y políticamente a las fuerzas represivas que perseguían a los guerrilleros.
Y nosotros honestamente tenemos que preguntarnos cómo podíamos nosotros, un partido revolucionario, apañar en nombre de ningún argumento, de ninguna razón de convento o de capilla, la actitud de un partido que trataba de armar moralmente a las fuerzas represivas que perseguían a los guerrilleros.
Entonces empezó la fraseología, empezaron las acusaciones, diciéndonos que estábamos creando fraccionalismos, ¡que estábamos creando fraccionalismos!
No se trataba de un grupo de charlatanes, se trataba de un grupo de guerrilleros que llevaban años en las montañas, de combatientes que habían ido allí y habían sufrido todo tipo de abandono, de olvido.
Y, naturalmente, nosotros expusimos públicamente nuestra condenación, ya después que se habían hecho una serie de pronunciamientos por parte de esa dirección derechista contra nuestro Partido, condenando la forma alevosa con que se valían del incidente del caso de Iribarren para calumniar y para atacar a los revolucionarios.
Lógicamente aquello provocó la airada e indignada protesta de esa dirección derechista, que nos hizo objeto de una serie de diatribas. No contestaron uno solo de los argumentos, no fueron capaces de contestar uno solo de los argumentos, y escribieron una respuesta de sensiblería barata.
Si ustedes me perdonan, aunque es de cierta extensión la voy a leer la llamada “respuesta del Partido Comunista de Venezuela a Fidel Castro”. Y que esto nos sirva de punto para rebatir algunas cosas que se han estado diciendo sobre Cuba y sobre la Revolución.
Y dice así: “Fidel Castro, Secretario General del Partido Comunista de Cuba en el poder y Primer Ministro del Gobierno Socialista de Cuba, aprovechando la cómoda ventaja de su posición, ha agredido al Partido Comunista de Venezuela, partido clandestino, con centenares de sus militantes en prisión, con decenas de ellos caídos en montañas y calles del país, y sujeto a una persecución implacable de todos los días que aun en los momentos en que Fidel Castro hablaba, cobra nuevas víctimas…
“2.- Fidel Castro ha emitido un juicio negativo sobre el asesinato de Iribarren Borges, reivindicando incluso su derecho a opinar en esa materia. Sin embargo, con desparpajo sorprendente, pretende negarle al PCV el mismo derecho…
“3.- El PCV reivindica su derecho a trazar su propia política sin interferencias de nadie. En el sentido de que Cuba ha cubierto con honor un duro camino revolucionario, constituye un ejemplo e inspiración para nosotros. Pero lo que sí no hemos sido, ni somos, ni seremos jamás, es agentes de Cuba en Venezuela, como no lo somos de ningún otro partido comunista del mundo. Somos comunistas venezolanos y no admitimos tutelas de nadie, por muy elevados que sean sus méritos revolucionarios.
“…Pero que quede muy claro para él y para todo el PCV: la soberanía del PCV ni siquiera la discutimos.
“4.- Fidel Castro ha calificado de 'cobarde' a la dirección del PCV, en una nueva demostración de esa irritante tendencia suya de creerse el monopolista de la valentía y del coraje. Los comunistas venezolanos no poseemos el exhibicionismo pueril de andar proclamando nuestras cualidades en este campo; pero todavía, para la época en que Fidel Castro era un niño, ya ese gran patriarca del comunismo venezolano que es Gustavo Machado estaba asaltando Curazao e invadiendo Venezuela armas en mano…
“Esta es una polémica desagradable y que hace saltar de gozo al enemigo; pero evidentemente es ya impostergable. Hemos llegado al límite que el propio Fidel Castro nos obliga a franquear con su discurso. Sea pues. Discutiremos. Y así como reivindicamos nuestra filiación en Simón Bolívar y los Padres de la Patria en nuestra lucha antimperialista, igualmente le decimos a Fidel Castro que los descendientes de Simón Bolívar y Ezequiel Zamora no le perdonarán absolutamente a nadie el lenguaje insolente y provocador que utilizó en su discurso del 13 de marzo…
“Y ya en esta oportunidad Fidel Castro estará comenzando a darse cuenta de que tropezó con algo distinto, de que chocó con los comunistas venezolanos.
“7.- No desconocemos que actos como el de Fidel Castro nos causan dificultades; pero no nos desesperamos. Tenemos la tranquila convicción de quien se sabe asistido por la razón, y poseemos la pasión revolucionaria para defenderla.”
15 de marzo de 1967
Buró Político del Comité Central
del Partido Comunista de Venezuela.
Pompeyo Márquez
Guillermo García Ponce
Alonso Ojeda Olaechea
Pedro Ortega Díaz
Eduardo Gallegos Mancera
Teodoro Petkoff
Germán Lairet.
En primer lugar, yo no voy a remitirme ahora a lo que dije aquella noche, porque sería muy extenso. Es mentira que nosotros hicimos insultos personales contra nadie. No calificamos de cobarde a nadie en el seno de ese partido; dijimos que la línea política era cobarde. No estaba insultando, ofendiendo a nadie, diciendo que fulano, mengano y zutano eran cobardes.
Entre otras cosas estos señores no vacilaron en acusarnos a nosotros, en acusar a nuestro Partido, de intervenir en los asuntos internos del Partido venezolano y de intervenir en los asuntos internos de Venezuela. Nos acusaron de tener agentes en Venezuela; insinuaron que el grupo de guerrilleros, de combatientes que se negaba a replegarse y a rendirse, era un grupo de agentes de Cuba. Es decir, exactamente las mismas calumniosas imputaciones que venía haciendo el Departamento de Estado norteamericano.
En este documento se acusaba a Cuba igualmente de pretender ser árbitro, de pretender dirigir el movimiento revolucionario de América Latina. Exactamente las mismas acusaciones que el imperialismo hace contra nosotros. En este documento se llega incluso a la mentira, al extremo de sacar a relucir unas armas que llegaron de Venezuela, no cuando estábamos en la Sierra Maestra, sino 150 armas que llegaron cuando nuestras tropas avanzaban ya en el mes de diciembre sobre la ciudad de Santiago de Cuba, y cuando ya las columnas de Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara se habían posesionado de una parte importante de Santa Clara. Prácticamente nos echa en cara, y se atribuye, el envío de un avión con armas —con las cuales casi da a entender que se ganó la guerra—, cuando ellos no fueron los que enviaron esas armas. Y están tan faltos de argumentos, tan faltos de argumentos que tienen que acudir incluso a mentiras semejantes.
Algún día tal vez el pueblo venezolano les exija cuentas de los millones que recogieron por el mundo en nombre de un movimiento guerrillero, al que dejaron abandonado, al que lo mantenían privado de ropa, zapatos, de comida, de las cosas más elementales, y al que por último han acusado y atacado sin escrúpulos de ninguna clase; algún día —repito— tal vez el pueblo de Venezuela les exija cuentas a estos estafadores de lo que recogieron por el mundo: cifras, números, datos.
Nosotros no somos provocadores de conflictos, nosotros no buscamos innecesariamente, gratuitamente, crear conflictos de esa naturaleza. Nadie puede concebirnos a nosotros en el plan de actuar de una manera irresponsable y crear problemas que puedan ser evitables. Pero entre esa posición y esa actitud de Cuba, y la idea de que a este país se le pueda chantajear con provocaciones de esa índole, hay un profundo abismo.
Yo creo que lo que es intolerable es esto, lo que es verdaderamente doloroso es esto. Preferible es mil veces la injuria, la diatriba y la calumnia del imperialismo que el elogio del imperialismo. ¡Dime quién te defiende y te diré quién eres, dime quién te ataca y te diré quién eres!
¿Herederos de Bolívar? ¡Qué ofensa a la memoria de Bolívar! A Bolívar sí que lo habrían acusado de intervencionista. ¿Qué acusaciones no habrían hecho contra él?
¿Llamarse hijos de Bolívar, seguidores de Bolívar? ¿Hablar de los cientos de muertos? ¡¿Qué derecho tienen a hablar en nombre de los muertos los que traicionan a los muertos?! ¡¿Qué derecho tienen a invocar el martirologio quienes piensan postularse ahora para representantes, senadores y alcaldes, y a pedir votos con el retrato de los héroes caídos y traicionados?!
A estos señores no hay que destruirlos; hay que dejarlos solos, porque ellos se autodestruyen.
Sabemos el medio en que vivimos; las reacciones, el temperamento, el carácter de nuestros pueblos. Y sabemos que lo más bochornoso, lo más abominable, es mandar los hombres a la muerte para después presentarse a pedir votos en nombre de los muertos traicionados.
Nosotros les hemos hablado con plena y absoluta franqueza, nosotros sabemos que los verdaderos revolucionarios siempre serán solidarios con Cuba; nosotros sabemos que ningún verdadero revolucionario, que ningún verdadero comunista en el continente, como en el seno de nuestro pueblo, jamás se dejará arrastrar hacia esas posiciones que lo condujesen a la alianza con el imperialismo, que lo llevase a andar de la mano de los amos imperialistas contra la Revolución Cubana y contra la revolución latinoamericana. Nosotros no condenamos a nadie “a priori”, nosotros no le cerramos las puertas a nadie, nosotros no atacamos a nadie en masa, en bloque; nosotros expresamos nuestras ideas, defendemos nuestras ideas, debatimos estas ideas. Y tenemos absoluta confianza en los revolucionarios, en los verdaderos revolucionarios, en los verdaderos comunistas. Esos no le fallarán a la Revolución, igual que nuestra Revolución jamás le fallará al movimiento revolucionario de América Latina.
No sabemos qué días nos esperan, qué vicisitudes, qué peligros, qué luchas. Simplemente estamos preparados, y cada día tratamos de prepararnos más, y cada día nos prepararemos más.
Pero una cosa podemos decirles: que nos sentimos tranquilos, que nos sentimos seguros, y que esta pequeña isla será siempre como un peñón revolucionario de granito contra cuyas rocas se estrellarán todas las conjuras, todas las intrigas, todas las agresiones. Y que sobre ese peñón revolucionario siempre ondeará una bandera que diga:
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!