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SALVAR LA PATRIA, LA REVOLUCIÓN Y EL SOCIALISMO ES NUESTRA MAYOR RESPONSABILIDAD CON LOS PUEBLOS DE NUESTRA AMÉRICA

Las afirmaciones de Fidel Castro acerca de que Cuba estaba “dispuesta a vencer en su lucha por la supervivencia, la paz, la libertad y la justicia” adquirieron todo su significado a partir de los últimos años de la década de 1980. En efecto, como él había anticipado en su discurso del 26 de julio de 1989, a fines de ese año se aceleró el proceso que, en diciembre de 1991, concluyó con el total derrumbe del llamado “socialismo real europeo” y con la implosión de la Unión Soviética.
La evolución de todos esos acontecimientos y sus implicaciones para América Latina y el Caribe, así como para la Revolución Cubana, las analizó Fidel Castro en diversas intervenciones públicas en Cuba y en el exterior. Sin embargo, por su im­portancia para los objetivos de este volumen, solo se han seleccionado los fragmentos más relevantes del discurso pronunciado, en su condición de Primer Secretario del Comité Central, en la inauguración del Cuarto Congreso del Partido Comunista de Cuba, el 10 de octubre de 1991 en Santiago de Cuba, que coincidió con el 123 aniversario del inicio de la lucha armada del pueblo cubano contra el colonialismo español. A continuación aparecen algunas de las ideas allí desarrolladas por el líder de la Revolución cubana.

POR: FIDEL CASTRO
(Fragmentos)

Creo, compañeras y compañeros, que nuestro más importante deber, el primero de todos, es que analicemos con mucho realismo la situación actual de nuestro país, que comprendamos con mucha claridad que estamos viviendo un período excepcional.

Conversando con (Esteban) Lazo y con otros compañeros ayer por la tarde, les decía: "¿Qué haría Martí si estuviera presente aquí en este congreso en este momento? ¿Qué harían los Maceo si estuviesen presentes aquí en este momento? ¿Qué harían los combatientes de Baraguá en este momento? ¿Qué harían nuestros héroes y mártires de este siglo, qué haría Mella, qué haría Frank País, qué harían nuestros héroes internacionalistas si estuvieran aquí?"

Pienso que en realidad tenemos muchos Maceo y tenemos muchos Martí, tenemos muchos héroes, tenemos muchos internacionalistas y muchos combatientes que hoy se llaman socialistas, que hoy se llaman comunistas.

Yo los veo, y digo: Estos hombres y estas mujeres no pueden ser distintos que aquellos. Yo los veo y en su temple veo el temple de aquellos. Digo: ¿Tanto temple? Sí, tanto temple como el de aquellos. ¿Tanto espíritu, tanta valentía? Sí, tanto espíritu y tanta valentía como el de aquellos. ¿Es una tarea tan difícil por delante? No, una tarea más difícil por delante. ¿Una responsabilidad histórica como la de aquellos? No, una responsabilidad histórica mayor que la de aquellos. No es que aquellos fuesen incapaces de afrontar estas tareas, estoy seguro de que las habrían afrontado tanto o más que nosotros, pero es que la historia le asignó a cada cual su tarea, a cada generación y a cada época, y a nosotros nos asignó una más difícil, una de mayor responsabilidad.

Antes eran las luchas por los destinos de nuestro pueblo, aunque ya eran en parte también las luchas por los destinos de América, sobre todo cuando Martí escribió en su última carta que todo lo que había hecho y haría era para impedir a tiempo con la independencia de Cuba que los Estados Unidos se extendieran como una fuerza más sobre los pueblos de América. Ya la prédica y el pensamiento martiano tenían un alto contenido universal, un alto contenido internacionalista y se proclamaba la lucha por la independencia de Cuba y de Puerto Rico --que todavía está allí en manos de los yanquis--, un país que no tiene ni derecho a invitar a un visitante. Ya Martí se preocupaba por toda la América, ya Martí continuaba los sueños de Bolívar, ya Martí pensaba en la unidad latinoamericana y en la independencia de América Latina frente al coloso del Norte, el monstruo en cuyas entrañas vivió.

Hoy nos corresponde a nosotros una responsabilidad universal. Somos el único país socialista en medio del occidente, de todo el occidente y de una parte del oriente, el único. Y qué odio nos tienen algunos por la capacidad de nuestro pueblo, de nuestra patria de aceptar ese desafío y de mantener en alto sus banderas y su disposición a defender esas banderas; como hemos dicho otras veces, las más justas y las más humanas que han existido en la historia de la humanidad.

Hoy luchamos no solo por nosotros mismos, no solo luchamos por nuestras ideas, sino luchamos por las ideas de todos los pueblos explotados, subyugados, saqueados, hambrientos de este mundo; luego, nuestra responsabilidad es mucho mayor.

Se trata precisamente de saber, de analizar y decidir cómo vamos a defender esas ideas y hasta qué límites estamos dispuestos a defender esas ideas, que no son simplemente ideas, es nuestro destino, es nuestra independencia, es nuestra Revolución.

Por eso, me parece muy importante no solo que comprendamos estas cosas en abstracto, sino que comprendamos estas cosas en concreto, cuáles son los problemas del período especial y qué debemos hacer para superarlos.

Ahora, es necesario que nosotros conozcamos esto, que --como se dice corrientemente-- cada uno de nosotros interiorice esto, que cada uno de los ciudadanos interiorice esto --y qué trabajo cuesta la famosísima frase "interiorizar los problemas"--, y no que lo interioricemos solo los cuadros, aunque los cuadros mismos tenemos que interiorizarlo. Es necesario que todos los ciudadanos lo interioricen, o el máximo de ciudadanos posible, porque sabemos que, desgraciadamente, hay ciudadanos que ni ven la televisión, ni oyen las noticias, ni leen el periódico, ni se enteran de nada. Esos los hay por ahí, ustedes se los encuentran, yo me los encuentro.

Si no empezamos por esto, no estaremos enfocando bien los problemas, no estaremos elaborando bien nuestra estrategia, no estaremos enfocando bien la situación para enfrentarla, para superarla.

Es duro tener que hablar de estos temas, es mucho más agradable pintar cosas en el aire, hacernos ilusiones, endulzarle la vida a cada cual trayendo informaciones, noticias superoptimistas, agradables. Creo que nuestro primer deber como revolucionarios y como comunistas en este congreso, es analizar esas realidades.

El país cuenta hoy con un potencial de inteligencia tremendo, ese es uno de los grandes recursos que tenemos a mano. Todo eso hay que unirlo, todo eso hay que dirigirlo, todo eso hay que encauzarlo para cumplir nuestros objetivos, ya que la vida nos ha dado una tarea tan difícil, un destino tan difícil a los revolucionarios cubanos. Tenemos que saber estar a la altura de ese desafío. Hay posibilidades, eso es lo importante, hay posibilidades, pero las posibilidades son para los pueblos que luchan, los pueblos firmes, los pueblos tenaces, los pueblos que pelean; las posibilidades existen para un pueblo como el nuestro.

A aquellos que digan que nuestra lucha no tendría perspectiva en la actual situación y frente a la catástrofe ocurrida, hay que responderles de una manera categórica: Lo único que no tendría jamás perspectiva es si se pierde la Patria, la Revolución y el Socialismo. Es como si a nosotros nos hubieran dicho que no teníamos perspectivas después del ataque al Moncada y cuando andábamos por allá con unas escopeticas que hubieran servido para el ataque al Moncada pero no para combate abierto con soldados armados de Springfield y armas automáticas, y allí en el Moncada, en lucha casi cuerpo a cuerpo, nuestros fusiles 22 y nuestras escopetas podían ser temibles, pero ya a 100 ó 200 metros resulta diferente, es como si alguien nos hubiera dicho que no teníamos perspectivas.

Es como si alguien nos hubiera dicho a nosotros, cuando nos juzgaban aquí en la Audiencia de Santiago de Cuba, o en la sala del hospital, que no teníamos perspectivas.

Es como si alguien nos hubiera dicho al desembarcar del "Granma" en aquellos pantanos, que no teníamos perspectivas. Cuántas veces nos dijeron eso: "¡Ustedes contra un ejército de ochenta mil hombres, están locos!"

Es como si nos dijeran que no teníamos perspectivas después de Alegría de Pío, que nos quedamos unos pocos hombres aislados y volvimos a reunirnos unos pocos al cabo de varias semanas, seis o siete. "¿Ustedes qué son, seis o siete, y lo que tienen son seis o siete fusiles, qué perspectivas tienen ustedes?"

Hay una cosa muy real, que he meditado bastante, que quiero que ustedes mediten, y que pienso que todos debemos meditar: La Revolución no tiene alternativa, no hay alternativa para la Revolución. Los hay que se pueden imaginar que los sacrificios que tengamos que pasar se deben a querer salvar la Revolución y que si no quisiéramos salvar la Revolución no habría problemas, no habría sacrificios. Esta idea hay que arrancarla de raíz a cualquier loco que la tenga enraizada, aunque sea en el cabello, no ya en el cerebro.7939157

Los problemas de nuestro país, como lo fue siempre a lo largo de la historia, sólo los puede resolver nuestro país; los problemas de nuestro país solo los puede resolver la Revolución, por difíciles que sean. Los que sueñan allá con ilusiones de cualquier tipo olvidan que de ese vecino, de ese norte revuelto y brutal nunca jamás se podrá esperar nada.

La única que puede resolver los problemas de este país, definitivamente, a mediano o a largo plazo, es la Revolución, y eso no tiene alternativa; somos nosotros y eso no tiene alternativa, y somos nosotros con nuestro trabajo, con nuestra lucha, con nuestro esfuerzo, combatiendo todo lo que haya que combatir. Solo nosotros podemos hallarles solución a los problemas, encontrarles solución a los problemas a los 123 años de aquel 10 de Octubre en que empezaron las luchas por la independencia; solo nosotros podemos y tenemos que ser capaces de resolverlos, manteniendo la unidad de nuestro pueblo, el orden y el espíritu de lucha. Cualquier otro camino, como la claudicación o la rendición, además de indigno, implicaría sacrificios materiales mil veces superiores.

Estamos aquí por nuestro valor, por nuestra decisión de luchar hasta la muerte, por la decisión de cobrarle un precio impagable a cualquier agresor.

El imperialismo tratará de dividirnos para buscar cualquier pretexto con qué justificar sus acciones intervencionistas en nuestro país, y esa estrecha y sólida unidad les impedirá a ellos siempre el pretexto para eso. Pero en cualquier circunstancia estaremos siempre preparados para la guerra de todo el pueblo y para defender hasta el último rincón de nuestro país mientras haya un revolucionario y haya un arma con qué defenderla. Porque cada hombre, cada revolucionario debe decir: Yo soy el Ejército, yo soy la Patria, yo soy la Revolución.

La Revolución nacida hace 123 años alcanzó el Socialismo hace más de 30. ¡Qué avance histórico, qué avance por encima de todos los demás países de América Latina! ¡Qué avance por encima de todos los demás países del Tercer Mundo! Y eso es lo que estamos defendiendo.

Si el imperialismo pudiera poner de rodillas a Cuba, si pudiera de nuevo implantar el capitalismo en nuestro país, ¿qué quedaría de todo lo que hemos hecho a lo largo de 123 años? ¿Convertirnos en un Puerto Rico, que todavía no ha podido, ni siquiera, izar aquella bandera tan parecida a la nuestra, que Martí quiso que nos acompañara en nuestra gesta heroica por la libertad? ¿Convertirnos en un Miami, con toda la repugnante podredumbre de esa sociedad? ¿Qué quedaría de todo lo que ha hecho nuestro pueblo en estos 123 años? ¿Qué quedaría de la dignidad y el decoro de cada hombre de este país?

Siempre recuerdo que Martí de lo primero que hablaba era del decoro del hombre, y decía, incluso, que si había muchos hombres sin decoro, había hombres que tenían el decoro de todo el mundo. Hoy no somos un grupo, sino un pueblo con decoro, una inmensa mayoría del pueblo con decoro, una nación con independencia, una nación con soberanía, una nación con libertad, que rechazará hasta las últimas consecuencias esas trasnochadas teorías de que la independencia debe ser limitada. ¿Qué puede quedar para la soberanía de los pueblos, qué les espera en ese nuevo y cacareado orden mundial de que se habla, si se hace trizas la idea de la independencia y la soberanía de los pueblos?

¿Qué quedaría de nuestra hermosa historia? ¿Qué quedaría del recuerdo de nuestros mártires? ¿Qué quedaría de los nombres que llevan muchas de nuestras escuelas y fábricas? ¿Qué quedaría de nuestra literatura?

¿Qué quedaría de todo lo que hemos construido con nuestro sudor y nuestra sangre? ¿Qué quedaría de nuestra bandera, qué quedaría de nuestra dignidad?
Por eso nosotros, y solo nosotros, podemos y debemos resolver nuestros problemas, enfrentar y resolver este desafío porque, ciertamente, si el imperialismo pudiera poner de rodillas a nuestra patria e instaurar de nuevo aquí el capitalismo, no quedaría ni el polvo de los huesos de nuestros héroes, de nuestros mártires, de nuestros combatientes internacionalistas, de aquellos que nos precedieron en esta lucha, de aquellos ante los cuales nos inclinamos respetuosos para rendir tributo cada día de nuestras vidas.

¡Esto es lo que significa nuestra lucha, esto es lo que significa salvar la patria, la Revolución y el Socialismo!

Para repetir como Maceo en Baraguá: "¡Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la contienda!"


¡Socialismo o Muerte!
¡Venceremos!