
“En el mundo hay una crisis profunda, pero la crisis no es económica, no es ecológica, no es alimentaria, no es política o social; ésos son los impactos de una crisis que es mucho más profunda, es la crisis moral, es la crisis ética, es la crisis del espíritu”.
Comandante Hugo Chávez Acto de lanzamiento
del Plan Revolucionario de Lectura
Nueva sede de la Galería de Arte Nacional, Bellas Artes. Caracas
Sábado, 25 de abril de 2009
EL VERDADERO PROBLEMA DEL CAMBIO HISTÓRICO:
EL CAMBIO DE ESPÍRITU
Es muy importante esta actividad, el lanzamiento del Plan Revolucionario de Lectura, las bibliotecas comunales, son 2 millones y medio de libros. Colecciones. Éstos son totalmente gratis. Y además dentro de un plan de motivación, de inducción, todo este tema de los promotores, los facilitadores, los activadores.
Es un tema de mucha importancia, que requiere una revisión crítica permanente de lo que estamos haciendo, de lo que no estamos haciendo, reconocer lo que hemos hecho, bueno para motivarnos aún más, de que sí estamos haciendo cosas positivas; pero como decía Simón Bolívar fue aquel que dijo: “Cuando nos falta algo por hacer, nos falta todo”.
Si algo falta, falta todo, así que nos falta todo. Pudiéramos decir que estamos comenzando. Además ustedes saben, un proceso como el nuestro que viene decantándose, viene aclarando el panorama, viene fortaleciéndose, ahora con el Proyecto Nacional Simón Bolívar.
José Martí, dice algo así como: “El verdadero problema de la independencia era el cambio de espíritu, no el cambio de forma”. Y eso, perfectamente y necesariamente, inevitablemente, tenemos que traerlo del pasado al presente que hoy vivimos, el verdadero problema de nuestra independencia es y será, no los cambios de forma sino el cambio de espíritu.
La verdadera lucha es por cambiar el espíritu, los valores, el espíritu deformado por el capitalismo, el individualismo, el egoísmo, la explotación de unos por otros, todo eso hay que transformarlo y crear un nuevo espíritu, el del Socialismo, el espíritu de la solidaridad, de la fraternidad, de la cooperación, de la igualdad verdadera, del amor. Ahí está la médula, el verdadero problema de una sociedad en transformación; es el verdadero reto que tenemos nosotros hoy.
Ahora, hay que meterle tanta fuerza, para que esa posibilidad de cambio histórico, sea verdadero —como decía Martí—; para que solucionemos el verdadero problema del cambio histórico, el cambio de espíritu. Para que eso ocurra hay que inyectar mucha fuerza espiritual, no es dinero, ni cambio de forma.
LA HISTORIA CONTINÚA
Obama dijo por allá en la Cumbre de las Américas que él no venía a hablar del pasado, sino del futuro. Esa frase a mí me impactó mucho, porque sabemos que eso es imposible, que se pretenda hablar del futuro sin hablar, sin jurungar profundamente el pasado.
Bueno, es un poco la tesis aquella del fin de la historia, se acabó la historia. ¡Nunca se acabará!, de ahí me surgió la idea de responderle a Obama, pero como yo no tenía mucho chance de responderle a Obama, por cuanto —los oradores ya todo eso está planificado— no me tocaba a mí pues dar ningún discurso, sólo intervenir en la plenaria que no iba a ser transmitida, sólo que el canal 8 logró grabar una parte y transmitirla.
Entonces dije: “Nada mejor que un libro para responderle a Obama”. Y tenía dos libros, porque yo cargo siempre muchos libros y los tenía ahí en la noche; después que pasó todo el alboroto fui a descansar y me pongo a revisar los libros que cargo, a buscar algunas cosas y consigo éste, Las venas abiertas de América Latina; pero tenía otro ahí.
El otro es un libro de Juan Bosch, aquel ilustre dominicano, poeta, escritor, presidente derrocado. Hoy por cierto es aniversario, uno más, de la revolución o la rebelión que encabezó el coronel Caamaño Deñó. Esa historia no la conoce casi nadie, la invasión a Dominicana para derrocar a Juan Bosch, eso fue el año 65. Y un día como hoy, 25 de abril, el coronel Francisco Caamaño..., que hace poco, por cierto, Raúl Castro me invitó a un lugar ahí en las afueras de La Habana, una casa como de descanso y una granja, y me dijo: “Aquí en esta casa vivió Caamaño”. Después de la rebelión del 65 él se va a Cuba y allí vive varios meses, planificando el retorno que luego él liderizó con un frente de combatientes, y allá murió, como sabemos, combatiendo por la dignidad de nuestros pueblos.
Cómo vamos a pretender que alguien nos diga, o vamos a aceptar que alguien nos diga que no vamos a hablar del pasado, como si nosotros no tuviéramos un pasado que, además, por más doloroso que sea lo levantamos con dignidad, porque es un pasado de luchas, de resistencia.
Ahí está ella, Hilda [señala a una aborigen presente en el acto], es el pasado hoy, son 500 años sentados en esa silla frente a nosotros, reclamando.
Entonces le regalé al caballero Obama, Las venas abiertas de América Latina, me pareció más abarcador y más sencillo para leer, porque el otro es un libro mucho más profundo, más denso, más profundo, ese libro que escribió Juan Bosch, que se llama De Cristóbal Colón a Fidel Castro: El Caribe, frontera imperial.
El primer sueño que yo tuve fue el de ser pintor y yo estudié algo de pintura; pero luego me agarró el otro sueño, el del béisbol. Yo he venido como de sueño en sueño y eso ha sido para mí una bendición, porque me dio rumbo la vida desde niño. De niño, yo quería ser pintor pues, y me recuerdo haciendo un caballete con caña brava y pintando la casa de mi abuela, de mi “mamá vieja”, la casa de palma, y estudiando pintura pero a través de unas enciclopedias Quillet —son francesas— que mi padre llevó a la casa un día. Allí había un curso de pintura, de cómo dibujar, cómo hacer las líneas, que si con el lápiz y tal, entonces uno dibujaba. Después en Barinas, cuando estaba en primer año de bachillerato, segundo año, estudié pintura en la Escuela Cristóbal Rojas, que quedaba ahí cerca del Liceo O’Leary, en la vieja Barinas, lo que se salvó de la Barinas colonial. Ahí está la cárcel, la vieja cárcel, que hoy es Casa de la Cultura, por ahí quedaba la Escuela Cristóbal Rojas. Pero luego empecé a jugar béisbol y me apasioné por el béisbol y dije, “no, yo voy a ser pelotero de grandes ligas”, y empecé a... Y detrás de eso vino el sueño definitivo, ser soldado, después dejé todo aquello para ser soldado. Pero ustedes saben que uno es como un cúmulo de esos que ustedes buscan, los arqueólogos. Uno es como un cúmulo, si lo van hurgando ahí, entonces van a conseguir aquí dentro el niño pintor y el jovencito pelotero y el soldado, uno es así como un cúmulo de cosas. A mí me apasiona todo esto, el arte.
“LA IMPRENTA ES LA ARTILLERÍA DEL PENSAMIENTO”
Me voy agradecido, comprometido, pero yo quiero, pido que el compromiso no sea sólo de espíritu, no sea sólo de ganas y de palabras, sino que lo concretemos, compañeros ministros, en un conjunto de nuevos programas, revisando lo que estamos haciendo, revisando lo que hemos logrado, cómo darle un nuevo nivel. Y a mí se me ocurre que aprovechemos el año bicentenario para el lanzamiento de ese conjunto de programas de elaboración de instrumentos, porque yo creo que esto es una guerra. Fidel habla de la “batalla de las ideas”, y para esa batalla, así como Bolívar decía: “La imprenta es la artillería del pensamiento”, pero también es el cine y también es la plástica, todo eso es artillería para la guerra de las ideas. Bueno, vamos a dedicarnos, ustedes son tremendos artilleros, vamos a construir cañones y misiles, pero para la vida, para el cambio, para el gran reto que tenemos; es un gran desafío el cambio del espíritu, que nunca se ha logrado salvo excepciones.
O TRANSFORMAMOS EL ESPÍRITU, O ESTAMOS PERDIDOS
En el mundo hay una crisis profunda, pero la crisis no es económica, no es ecológica, no es alimentaria, no es política o social; ésos son los impactos de una crisis que es mucho más profunda, es la crisis moral, es la crisis ética, es la crisis del espíritu. O nosotros transformamos el espíritu de verdad verdad, como decía Martí, o estamos perdidos. Esta crisis y la próxima pudieran acabar hasta con la vida en el planeta, porque como decía Carlos Marx, el capitalismo condena al hombre a una existencia subhumana, no hace falta que el mundo, que la tierra explote físicamente para que se acabe, ¡no!, se acaba la vida aun cuando vivamos, aun cuando caminemos, aun cuando respiremos; si se acaba el sueño, si se acaba la esperanza, estamos muertos, estaríamos muertos en vida, “cadáveres insepultos”, como alguien dijo una vez.
Pero nosotros no vinimos aquí para ser cadáveres, nosotros —yo así lo digo y lo creo— vinimos aquí, ¿para qué? Como recordábamos con una de las niñas allí, con las niñas y los niños leyendo, hablando de la muerte, porque salió un cuento de la muerte; a mí se me ocurrió terminar más bien con la vida, porque el cuento es de la muerte. “Una señora que se quita el sombrero y que el abuelo se murió”, y yo le vi la cara a los niños y estaban como poniéndose tristes. “El abuelo se murió y entonces tenía los ojos cerrados para no ver a todos que lloraban...”. Entonces a mí se me ocurrió hablar de Lázaro, “un día se murió Lázaro y entonces vino Cristo y lo resucitó”. Bueno, un poco es el reto nuestro, ser un Lázaro colectivo, y yo creo que es posible hoy más que nunca antes que en muchísimo tiempo, es posible, y a Venezuela le tocó, le ha tocado siempre ser vanguardia del esfuerzo por la vida.
Muchas gracias, que Dios los bendiga a todos y a todas.