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DISCURSO PRONUNCIADO POR FIDEL CASTRO RUZ, EN EL ACTO DE SOLIDARIDAD CON EL HEROICO PUEBLO DE CHILE, Y DE HOMENAJE PÓSTUMO AL DOCTOR SALVADOR ALLENDE, EFECTUADO EN LA PLAZA DE DE LA REVOLUCION "JOSE MARTI", LA HABANA, 28 DE SEPTIEMBRE DE 1973.

(Fragmentos)

 

Señora Hortensia Bussi, viuda de Allende;

Señora Beatriz Allende;

Compañeros dirigentes del Partido y del Gobierno;

Compañeros y compañeras:

Este aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución se ha dedicado al recuerdo del Presidente Allende y a la solidaridad con el pueblo de Chile. Y nuestro pueblo, expresando su profundo afecto al Presidente Allende y su profundo espíritu revolucionario, ha respondido colmando esta Plaza en número superior a ninguna otra concentración anterior.

Hace apenas diez meses, el 13 de diciembre de 1972, en esta misma Plaza nuestro pueblo tuvo el último encuentro con el Presidente Allende. Cientos de miles de cubanos se reunieron con él en esta Plaza para escuchar sus magníficas palabras y para expresar nuestra confianza, nuestras simpatías y nuestro apoyo al Presidente Allende y al proceso revolucionario de Chile; para expresar nuestra decisión de apoyarlo en la medida de nuestras fuerzas, demostrada en aquella ocasión con un gesto que nosotros sabemos que caló profundamente en el corazón del Presidente Allende, que fue aquella decisión de quitarnos un poco de nuestro propio alimento para enviárselo al pueblo chileno.

Esa es la imagen que nosotros recordamos de aquel hombre humano, de aquel hombre decente, de aquel hombre honrado, de aquel hombre firme, de aquel amigo leal que fue el Presidente Salvador Allende.

Y en esta misma Plaza nos dio la convicción de que él sabría comportarse revolucionariamente en las horas críticas, y en esta misma Plaza nos dijo que a la violencia contrarrevolucionaria, el pueblo chileno respondería con la violencia revolucionaria.

En Chile se desarrollaba por primera vez en la historia una experiencia nueva: el intento de llevar a cabo la Revolución por las vías pacíficas, por los caminos legales . Y en ese esfuerzo encontró la comprensión y el apoyo de todo el mundo, no solo del movimiento comunista internacional, sino de muy diferentes tendencias políticas. Digamos que encontró el reconocimiento incluso de aquellos que no eran marxista-leninistas.

Y nuestro Partido, nuestro pueblo —a pesar de que nosotros habíamos hecho la Revolución por caminos diferentes—, y todos los pueblos revolucionarios del mundo le dieron el apoyo, nosotros no vacilamos en un solo instante, porque comprendíamos que en Chile se daba la posibilidad de obtener un triunfo electoral, a pesar de todos los recursos del imperialismo y de las clases dominantes, a pesar de todas las circunstancias adversas. Y no vacilamos en el año 1970 en exponer públicamente nuestra comprensión y nuestro apoyo al esfuerzo que la izquierda chilena realizaba para triunfar en las elecciones de aquel año.

Y se produjo efectivamente una victoria electoral…Claro que aquello no significaba el triunfo de una Revolución; significaba el acceso a importantísimas posiciones de poder por las vías legales y pacíficas.

No era, sin embargo, una tarea fácil la que tenía delante el Presidente Allende. Desde el primer instante se iniciaron las conspiraciones. Se trató de evitar su ascenso a la presidencia después de las elecciones. El imperialismo y sus agencias — la CIA y las compañías multinacionales— conspiraron para evitar que Salvador Allende fuera Presidente de la República. Incluso asesinaron al Jefe del Ejército de Chile para impedirlo.

El propio presidente Frei, hombre soberbio y profundamente reaccionario, no se resignaba a que Salvador Allende ocupara la Presidencia de la República , como lo había determinado el voto popular. Pero a pesar de todas esas conspiraciones, a pesar de los esfuerzos del imperialismo, Salvador Allende, en nombre de la Unidad Popular , tomó posesión de la Presidencia de la República.

Pero, ¿con qué problemas se encontró? Se encontró, en primer lugar, con que el aparato estatal burgués estaba intacto; se encontró con unas fuerzas armadas que se llamaban apolíticas, institucionales, es decir, aparentemente neutras en el proceso revolucionario; se encontró con aquel Parlamento burgués, donde una mayoría de sus miembros respondía a las clases dominantes; se encontró con un sistema judicial que respondía por entero a los reaccionarios. Y dentro de aquellas circunstancias se veía obligado a realizar sus tareas de gobierno. Pero se encontró también con que la economía del país estaba totalmente en quiebra, con que el Estado chileno debía 4 000 millones de dólares.

El Presidente Allende se encontró con un país terriblemente endeudado; un país donde el imperialismo había introducido sus costumbres, sus hábitos de consumo; un país donde los medios de divulgación masivos —la prensa, la televisión y la radio— estaban en manos de la oligarquía y de la reacción. Y además, coincidiendo con un instante en que el precio del cobre bajaba de 75 centavos a 48 centavos la libra.

Cuando comenzaron a aplicar la reforma agraria, los latifundistas y los burgueses agrarios se dieron de inmediato a la tarea de sabotear la producción agrícola. Los burgueses, propietarios de los centros de distribución, propietarios de los almacenes, y propietarios de las tiendas, se dieron a la tarea de acaparar las mercancías y sabotear al Gobierno de la Unidad Popular.

El imperialismo, tan pronto se aprobó la nacionalización de las empresas de cobre —empresas que eran propiedades yankis: empresas que habían extraído miles y miles de millones del trabajo y del sudor del pueblo chileno— inmediatamente congeló todos los créditos de todos los organismos internacionales al Gobierno chileno, y se dio a la tarea de asfixiar la economía de Chile.

Los partidos políticos burgueses, esencialmente el Partido Nacional y el Partido Demócrata Cristiano, orientado por una dirigencia reaccionaria, se dieron a la tarea, en complicidad con el imperialismo y con las clases reaccionarias y con la prensa reaccionaria, de obstaculizar por todos los medios la gestión del Presidente Allende. Y virtualmente no lo dejaban gobernar; virtualmente mantenían al gobierno con las manos atadas, para impedir su gestión.

Esos tres años de Gobierno de la Unidad Popular fueron realmente tres años de lucha, de dificultades, de agonía, para poder llevar adelante el programa. Y junto a eso, unas Fuerzas Armadas —repito— que se llamaban apolíticas e institucionales.

Las clases dominantes reaccionaron como era de esperarse, ellas y sus partidos. Los gremios de propietarios, de comerciantes, e incluso gremios de profesionales, integrados por ese tipo de profesional que nosotros conocimos aquí, en su mayoría al servicio de las clases dominantes, sabotearon las tareas del gobierno: decretaban paros y huelgas con carácter indefinido, y más de una vez paralizaron el país.

Y no solo eso, sino que hacían constantes llamados a las Fuerzas Armadas para derrocar al Gobierno de la Unidad Popular.

Y en medio de esas enormes dificultades se realizaba la gestión del Presidente Allende. Y en medio de esas dificultades trató de hacer e hizo muchas cosas por el pueblo chileno. Y al menos en estos tres años el pueblo chileno, en especial sus obreros y sus campesinos, comprendieron que allí, en la Presidencia de la República , no estaba un representante de los oligarcas, de los terratenientes y de los burgueses, sino un representante de los humildes, de los trabajadores: ¡un verdadero representante del pueblo, que luchaba por él, a pesar de las enormes dificultades que tenía delante!

El Presidente Allende comprendía las dificultades y vislumbraba los peligros; veía nacer el fascismo, veía sucederse las conspiraciones unas tras otras. Y frente a aquel conjunto de fuerzas creadas y alentadas por el imperialismo, solo le quedaba aquella disposición de ánimo, aquella decisión de defender el proceso al precio de su propia vida.

Recordamos aquella tarde en un estadio de la ciudad de Santiago, donde se efectuaba un acto de despedida a la delegación cubana, y las palabras que en esa ocasión, de manera terminante y categórica, expresó el Presidente. Fue el 4 de diciembre de 1971:

Se los digo con calma, con absoluta tranquilidad: yo no tengo pasta de apóstol ni tengo pasta de Mesías. No tengo condiciones de mártir. Soy un luchador social que cumple una tarea, la tarea que el pueblo me ha dado. Pero que lo entiendan aquellos que quieren retrotraer la historia y desconocer a la voluntad mayoritaria de Chile: sin tener carne de mártir, no daré un paso atrás. Que lo sepan: dejaré la Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera.

Que lo sepan, que lo oigan, que se les grabe profundamente: defenderé esta Revolución Chilena y defenderé el Gobierno Popular, porque es el mandato que el pueblo me ha entregado. No tengo otra alternativa. Solo acribillándome a balazos podrán impedir la voluntad que es hacer cumplir el programa del pueblo.

Pero aquellas palabras no eran simple retórica. Aquellas palabras demostraban la voluntad y la decisión de un hombre de honor.

¡Y Salvador Allende cumplió su palabra en forma dramática e impresionante!...

El Presidente no solo fue valiente y firme en cumplir su palabra de morir defendiendo la causa del pueblo, sino que se creció en la hora decisiva hasta límites increíbles. La presencia de ánimo, la serenidad, el dinamismo, la capacidad de mando y el heroísmo que demostró, fueron admirables. Nunca en este continente ningún Presidente protagonizó tan dramática hazaña. Muchas veces el pensamiento inerme quedó abatido por la fuerza bruta. Pero ahora puede decirse que nunca la fuerza bruta conoció semejante resistencia, realizada en el terreno militar por un hombre de ideas, cuyas armas fueron siempre la palabra y la pluma.

Salvador Allende demostró más dignidad, más honor, más valor y más heroísmo que todos los militares fascistas juntos. Su gesto de grandeza incomparable, hundió para siempre en la ignominia a Pinochet y sus cómplices.

¡Así se es revolucionario!

¡Así se es hombre!

¡Así muere un combatiente verdadero!

¡Así muere un defensor de su pueblo!

¡Así muere un luchador por el Socialismo!

Los fascistas han tratado de ocultar al pueblo de Chile y al mundo este comportamiento extraordinariamente heroico del Presidente Allende. Para ello han tratado de enfatizar la versión del suicidio.

¿Qué pretenden negarle al Presidente Allende? ¿Qué puede negársele en esa hora suprema de sacrificio y de heroísmo?

¡Nunca un fusil defendió mejor la causa de los humildes, la causa de los trabajadores y los campesinos chilenos! ¡Y si cada trabajador y cada campesino hubiesen tenido un fusil como ese en sus manos, no habría habido golpe fascista!

La conducta ejemplar del Presidente Allende destruyó moralmente al fascismo en Chile, porque ellos subestimaron al Presidente Allende, ellos creyeron que el Presidente Allende tomaría el avión, ellos creyeron que el Presidente Allende se sometería a la fuerza. Estaban absolutamente seguros de eso. Y lo que los anonadó, lo que los sacó de quicio, fue la actitud del Presidente Allende, su valor, su honor, su heroísmo, su dignidad, su disposición a combatir allí contra todos los tanques y todos los cañones y todos los aviones del mundo, sabiendo que en aquel momento estaba defendiendo una bandera, una causa, aunque esa bandera y esa causa en ese momento luchasen en condiciones muy desfavorables y muy difíciles. Pero él sabía que había que defenderla hasta el precio de la vida.

El Presidente Allende ha entregado a su pueblo el más alto ejemplo de heroísmo que se pueda ofrecer. Y es imposible que cada chileno honesto, cada chileno digno, no sienta hervir su sangre, no sienta arder la más profunda indignación ante los hechos que han ocurrido en su país y ante el ejemplo del Presidente Allende, ante el ejemplo de los combatientes que cayeron junto a él.

¡El Presidente Allende ha sintetizado lo mejor del patriotismo, del valor, del honor y del espíritu combativo del pueblo chileno!

Los fascistas dicen que hay paz en Chile después del 11 de septiembre. Pero si hubo un 11 de septiembre, como en Cuba hubo un 10 de marzo, ¡en Chile habrá también un 26 de Julio y en Chile habrá también un Primero de Enero!

Nosotros vimos declinar el imperialismo en este continente, nosotros iniciamos el declinar del imperialismo en este continente ¡Y nuestros pueblos verán el fin del imperialismo en este continente!

¡Gloria eterna a Salvador Allende junto al Che, junto a Martí, Bolívar, Sucre, San Martín, O'Higgins, Morelos, Hidalgo, Juárez y todos los grandes hombres que consagraron sus vidas a la libertad de este continente!

¡El pueblo chileno aplastará al fascismo!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!