DISCURSO DEL PRIMER MINISTRO DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO DE CUBA, COMANDANTE FIDEL CASTRO, EN EL ACTO DE DESPEDIDA QUE LE BRINDÓ EL PUEBLO DE CHILE EN EL ESTADIO NACIONAL, SANTIAGO DE CHILE
2 DE DICIEMBRE DE 1971
(FRAGMENTOS)
.Pero quienes pretendan que alguna sociedad o algún sistema social y la superestructura que tal sistema social representa sean eternos, se equivocan, porque eso está desmentido absolutamente por la historia. Y a una forma social sucedió otra; y a esa, otra; y a esa, otra. Y cada vez por una forma social superior.
La burguesía, incluso en su época, cuando no existía el pro letariado, fue revolucionaria, fue una clase revolucionaria, y diri gió al pueblo en la lucha por una forma social nueva y dirigió a los campesinos, que eran siervos de los feudales. Y dirigió a los arte sanos. No existía el proletariado. Y la sociedad humana continuó su marcha.
Pretender que esa forma que surgió hace dos siglos, pretender que esa forma es eterna, pretender que es la máxima expresión del avance humano, pretender que con ello culminó el progreso de la humanidad, no constituye desde el punto de vista histórico y científico sino una completa ridiculez.
Pero, además, todas las sociedades, todos los sistemas sociales caducos, cuando estaban próximos a ser abolidos se defendieron. Y se defendieron con tremenda violencia a lo largo de la historia.
Ningún sistema social se resignó a desaparecer de motu proprio. Ningún sistema social se resignó a las revoluciones. Y, desde lue go, por eso nosotros decíamos que alguna vez fueron buenos. Sólo que hoy están condenados por la historia, están sencillamente caducos, son sencillamente anacrónicos. Y los anacronismos exis ten mientras pueden existir. Los anacronismos subsisten mientras los pueblos no tienen fuerza suficiente para cambiarlos. Los anacro nismos subsisten simplemente mientras no puedan ser cambiados. Pero el que no puedan ser cambiados en un momento dado de un proceso no significa históricamente que serán eternos.
. no existe en la historia ningún caso en que los reaccionarios, los explotadores, los privilegiados de un sistema social, se resignen pacíficamente al cambio .
. hemos aprendido la comprobación más de otra ley de la historia: hemos visto el fascismo en acción. Y hemos podido comprobar un principio contempo ráneo: que la desesperación de los reaccionarios, la desesperación de los explotadores en el mundo de hoy - como ya se ha conocido nítidamente por la experiencia histórica- tiende hacia las formas más brutales, más bárbaras de violencia y de reacción.
Todos conocen la historia del fascismo en diversos países, en los países que fueron la cuna de ese movimiento, cómo surgieron, y cómo los privilegiados, los explotadores, cuando aun sus propias instituciones inventadas y creadas por ellos para mantener el dominio de clase no les sirven, las destruyen ellos mismos. Inventan una legalidad, inventan una constitución, inventan un parlamento. Cuando digo inventan una constitución, digo: inventan una constitución burguesa, porque las revoluciones socialistas establecen sus propias constituciones y sus propias formas de de mocracia.
Pero, ¿qué hacen los explotadores cuando sus propias instituciones ya no les garantizan el dominio? ¿Cuál es su reacción cuando los mecanismos con que han contado históricamente para mantener su dominio les fracasan, les fallan? Sencillamente, los destr uyen. No hay nadie más anticonstitucional, más antilegal, más a ntiparlamentario y más represivo y más violento y más criminal que el fascismo.
A nuestro juicio el problema de la violencia en estos procesos -incluido el de Cuba-, una vez que se ha instaurado el régimen revolucionario, no depende de los revolucionarios. Sería absurdo, sería incomprensible, sería ilógico que los revolucionarios cuando tienen la posibilidad de avanzar, de crear, de trabajar, de marchar adelante, vayan a promover la violencia. Pero no son los revolucionarios los que en esas circunstancias crean la violencia. Y si ustedes no lo saben, seguramente que la propia vida se encargará de demostrárselo.
Hemos escuchado con asombro lo que explicaba el Presidente de que por allá por Washington o Nueva York un periódico de mucha circulación publicó una declaración de un alto funcionario, que decía "que las horas del gobierno popular en Chile estaban contadas".
Pues bien: quiero señalar que hace muchos años que a ningún loco funcionario en ese país se le ocurre decir que las horas de la Revolución Cubana están contadas.
Habrá que no solo indignarse. Habrá que no solo enfadarse. Habrá que no solo proclamar la dignidad herida, protestar de la ofensa, sino que habrá que preguntarse por qué creen eso, y por qué se sienten tan seguros . ¿Qué cálculos han hecho? ¿Qué computadoras han introducido en la cuestión?
. hay que preguntarse por qué ese optimismo, por qué esa seguridad, en qué bases se apoyan, qué los alienta.serán ustedes los únicos que podrán dar la respuesta.
¿Pero acaso les interesa la opinión de un visitante no turista? ¿Me autorizan? (exclamaciones de: "¡Sí!")
Que levanten la mano los que están de acuerdo. Bueno, ante esa autorización, ante esa autorización plebiscitaria, les digo que por debilidades en el propio proceso revolucionario, por debilidades en la batalla ideológica, por debilidades en la lucha de masas, por debilidades frente al adversario . Y el adversario exterior, apoyando al adversario interior, trata de aprovechar todo resquicio, toda debilidad.
Podíamos decir: por debilidades en la consolidación de fuerzas, en la unión y la ampliación de fuerzas.
Ustedes viven un proceso muy especial, pero que no es nuevo en lo que se refiere a procesos de lucha de clases. La historia tiene incontables ejemplos. Están viviendo el momento del proceso en que los fascistas están tratando de ganarles la calle, están tratando de ganarles las capas medias de la población. En determinado momento de todo proceso revolucionario los fascistas y los revolucionarios luchan por ganar el apoyo de las capas medias de la población.
Y en estos instantes, desde nuestro punto de vista, de observadores de este proceso, vemos que el fascismo trata de avanzar y ganar terreno en las capas medias y tomar la calle. Algo más: trata de desmoralizar a los revolucionarios. En algunos lugares nosotros hemos visto a los revolucionarios algo así como golpeados; en algunos lugares los hemos visto incluso desalentados.
Si nosotros no fuésemos un hombre franco, si no fuésemos hombres que creyésemos en la verdad, no nos atreveríamos a decir esto. Pudiera parecer incluso que se dice algo que el adversario utiliza y gana terreno. ¡No! El adversario gana terreno en el engaño, en la confusión, en la ignorancia, en la falta de conciencia de los problemas.
. el éxito o el fracaso de este insólito proceso dependerá de la batalla ideológica y de la lucha de masas; y dependerá de la habilidad, del arte y de la ciencia de los revolucionarios para sumar, para crecer y para ganarse las capas medias de la población. Porque en nuestros países de relativo desarrollo esas capas medias son numerosas, y muchas veces son susceptibles de la mentira y del engaño. Ahora, en la lucha ideológica no se conquista a nadie sino con la verdad, con los argumentos, con la razón.
Hay algo que nos impresionó hoy profundamente, y fueron las palabras del Presidente, en especial cuando reafirmó esa voluntad de defender la causa del pueblo y la voluntad del pueblo. En especial cuando pronunció esa épica frase: que era Presidente por voluntad del pueblo y que su deber lo cumpliría hasta el día en que cumpliera su mandato o lo sacaran muerto del Palacio Presidencial.
.Y cuando se cuenta con ese sentido de la dignidad, cuando el pueblo sabe que puede confiar en el hombre que hoy lo representa y que de tal manera pronuncia en esa lacónica frase su decisión de resistir los intentos del enemigo exterior, en complicidad con los reaccionarios interiores: cuando el pueblo puede contar con eso y cuando los enemigos saben eso, ya eso constituye una seguridad, una confianza, una bandera.
Y nosotros como latinoamericanos felicitamos de corazón al Presidente por esa valerosa y digna afirmación. Pudimos ver cómo reaccionó el pueblo, pudimos ver cómo reaccionó el pueblo ante esas palabras.
¡Cuando los jefes, cuando los dirigentes están dispuestos a morir, junto a ellos están dispuestos a morir también los hombres y mujeres del pueblo!